Un milagro que no se realizó. (Capítulo II)
Sin un destino, sin una historia que echarme a la pluma, con la que maullar por los oscuros tejados, salvo las de editoriales fantasmas. (fantasma: dícese de aquel que presume, de lo que no es). Así estoy, desahuciado, sin un remedio para mi desencanto desde el día en que, luego de cinco años de estar anclado en la utopía, vi ¡cómo ardía!, en Las llamas del espíritu la gran obra de mi vida.
Ahora, en este instante tan extraño como misterioso, maullando a oscura por los tejados, sin una media luna que echarme a los ojos, estoy sin saber a dónde voy. Pero, aun así, con la fuerza del obstinado y los sueños del que se agarra a un clavo ardiendo, sin cejar en el empeño, por altas que sean las llamas del infierno, (editoriales fantasmas), me propongo dar forma a mi siguiente novela, a la que ya he titulado: ¿Qué parte de la humareda no corresponderá a mi novela?
De momento, solo tengo el título; ya veremos luego qué pasa. Hay un refrán que dice: El gato escaldado del agua fría huye. Así que, como soy un gato que anda de noche por los tejados soñando con estar cerca de la luna, si es que sale, (cosa que hace de muy tarde en tarde), seguiré maullando mis sueños, desconsuelo y esperanzas, a ver sí, de esa manera, se apiadan de mí las estrellas y me dan la inspiración que me falta.
Y todo por las llamas y humareda de Las llamas del espíritu, donde se evaporaron mis ilusiones y me dejaron vagando de noche por los tejados y maullándole a la luna mis penas… ¡Ay, de mi gran novela!, ¡qué dolor tan grande! Tantos sueños y empeño para nada. No digo el título porque me da vergüenza, que es lo mismo que decir sofoco, el mismo que sentí cuando fui a salvarla y el humo me echó para atrás diciendo: Sal corriendo, amigo, es lo mejor que te podía pasar. Una novela solo dejará de ser humo cuando su contenido es mucho más que un sueño. (más que un sueño: beneficio para los mangantes, perdón, para los magnates) y la tuya, al parecer, eran cenizas antes de que llegaran las llamas.
Antes de seguir quiero decir que, de mi novela, convertida en cenizas, conservo una copia, pero dudo que intente sacarla a la luz. Lo que ha pasado me suena a premonición y soy bastante aprensivo. De todas formas, no lo descarto, quién sabe, cosas más incompresibles se han publicado a lo largo de la historia y mucha gente se las ha creído como si fueran ciertas. Así que, de momento, de religión, no quiero, ni debo, hablar; en el fondo y verdad, lo mío es más de andar por los tejados de los desconfiados. (por aquello de estar escaldado)
Antes, mucho tiempo atrás, cuando el cerebro del ser humano se valía de las manos para pensar, (la curiosidad era un arma de doble filo), seguramente, al tocar algo, allí estaban las reacciones sensoriales para decirle. (Ahí, ya intervenía el cerebro para advertirle): te has pinchado, ¡recuérdalo! Te has quemado, ¡no lo olvides!, de ahí mis recelos, que seguramente me vienen en el ADN. Y de los daños, consecuencia de no saber, serán fallos de la memoria. Quizás sea mi destino tropezar dos veces con la misma piedra.
Ni se es feliz todo el tiempo, ni todo el tiempo sufriendo. En la percepción que tengo de que la vida es una ilusión, (pasajera, o no), creo que se puede, si hay voluntad, el cambiar aquello que forma parte de la rutina y nos hace daño, o nos incordia. Así que, aun con mi espíritu receloso de gato escaldado, me he puesto manos a la obra, que es la mejor forma de transitar los caminos (no sin cierto escepticismo), y ya tengo, (algo es algo), el título de mi próxima gran obra. ¿Qué parte de la humareda no corresponderá a mi novela?
Esa pregunta es complicada de responder; ser un gato que maúlla por los tejados esperando que la luna le ilumine los sueños y que huye de las aguas procelosas de la inspiración por temor a otro fracaso, me impide siquiera dar los primeros pasos y todo, por culpa de aquella editorial en la que ardieron mis delirios. Pero bueno, no me rindo fácilmente, ya está mi cabeza de nuevo rumiando el gran proyecto de mi vida, al que ya tengo en el punto de salida.
De momento, voy a dejar que mis pensamientos anden por los tejados de los deseos, esos que tengo encerrados en mi corazón, y no pierden la ilusión de ver algún día que en verdad existen las estrellas a las que le pueda contar mis locas aventuras con mis mejores maullidos. Que serán susurrados, no sea que alguien me oiga, me eche un cubo de agua y tenga que salir corriendo, como aquella otra vez que quise salvar de las cenizas mi novela y que, por lo visto, no era más que humareda y por poco salgo chamuscado.
En verdad, lo que viví aquel aciago día no fue el resultado de un mal sueño. Mis ojos, empañados de lágrimas, no me mentían, aunque todavía tenga mis dudas de si fueron por el humo o por mis anhelos esfumados. A veces me ocurre que la realidad es algo tan subliminal que, cuando despierto, presiento que vivo en un sueño, uno en el que me veo parado delante del escaparate donde mi novela luce como una estrella en el firmamento de los libros que han llegado a la meta.
El osado optimista que llevo dentro, compitiendo con el gato que me saca a pasear de noche por las azoteas, me dice que con esta nueva no pasará. De entrada, el título que le he puesto, me encanta. ¿Qué parte de la humareda no corresponderá a mi novela? Y también, por un tiempo, vagar y maullar de noche. Contemplar las estrellas y, de vez en cuando, rogarles que sigan cercanas y hermosas como aquella novela, que se quemó entre las llamas de una fantasía (editoriales especuladoras con alma de usureras), fulgor que me hicieron llorar por el humo y algo más.
Sigue, me decía mi gato con el dudoso empeño del que no lo tiene claro. ¡No te pares! Que, si aún te falta, lo principal: encontrar el final y sin él te será tan complicado terminar, como complejo, por no decir casi imposible, el encontrar una editorial que la quiera publicar. ¡Si antes no la pagas! ¡Sigue, no te pares! Por situaciones más absurdas has pasado, ¿o es que acaso no recuerdas aquella mirada cuando preguntaste qué pasaba y tenías delante las llamas?
Sigue, me pide mi gato, (pobre infeliz), sin saber que, aun pagando, no tendré la seguridad de verla en un escaparate, a no ser que yo se la regale. Por eso no me fío ni de mi sombra, (espectro que vaga a tientas); ¡dónde andarás, lunita clara! No, no son infundados mis temores. ¿Quién me asegura que no haya un nuevo incendio, salga corriendo a salvarla y al final me vea chamuscado, lo que sería igual a quedar desahuciado?
Pero bueno, si es que mi nuevo proyecto, al final ve la luz, (de momento no le hago caso a las dudas que ya empiezan con sus amenazas), te prometo regalarte un ejemplar, sin que tengas que buscarme en los escaparates (por aquello de que no la vas a encontrar). Ejemplar, que te haré llegar con una dedicatoria muy especial. Te la adelanto (soy muy supersticioso y creo que si me comprometo ahora podría ser un buen comienzo para que se cumplan mis sueños).
Mi dedicatoria para ti es la siguiente: (por si acaso me abandona mi gato, ya sabes, sin gato no hay maullidos y sin ellos, todo es humo de una hoguera apagada).
Bueno, como ahora no me atrevo a cansarte alargando más mi historia, no sea que al final me dejes abandonado, a medio camino y sin una mirada que echarme al corazón, dejaré para la semana que viene la dedicatoria. También te diré algo de mi nueva novela y sobre la que ya es humo.
Ya sabes, los jueves. Por favor, no faltes, que, sin ti, seguro que mi gato se pone triste y luego no para de reprocharme que todo es por culpa de andar “Persiguiendo un sueño”
“Amantes en la distancia”, así se llama la novela que se consumió en las llamas.
Gracias, por seguir mis humildes historias. Un fuerte abrazo.
Que Dios guíe tus pasos, proteja tu corazón de dolores y penas, y colme de bendiciones tu alma.
Aquí tienes el enlace de la primera parte (por si no la viste, o no la recuerdas)
https://poderedomex.com/un-milagro-que-no-se-realizo-y-mi-gato-en-el-tejado/

