Un político comunista

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El libro Las grandes entrevistas de la historia, en edición de Christopher Silvester, publicado por Editorial Aguilar en el año 2013, es toda una escuela de asuntos sobre política, temas que se tratan por aquellos que han participado en la vida del Estado y en general de la política con presencia incuestionable. Entre las entrevistas destaca la presencia del líder chino, Mao Zedong, en charla con Edgar Snow, para The New Republic, hecha el 27 de febrero de 1965. Sólo 55 años han transcurrido y del revolucionario no ha de quedar mucho en el manejo del Estado chino, pues a sus ideas sobre el comunismo le han impuesto una visión de la economía que ha llevado al éxito, sin duda, pero que en nada se parece a la idea de Mao Zedong en la vía hacia el comunismo que deseaban llevar a cabo los revolucionarios de mitad de siglo en ese país.

En las referencias cita el autor del libro: Mao Zedong (1893-1976), presidente y fundador de la República Popular China, nació en la provincia de Hunan. Era hijo de un campesino y estudió en la Universidad de Pekín, donde descubrió a Marx. Fue uno de los primeros miembros del Partido Comunista Chino. Adaptó las enseñanzas del marxismo a las condiciones del campesinado y, durante los primeros años de la década de 1930, creó un soviet rural en Jiangxi, en el sureste de China. Para escapar a la persecución de la que era objeto por parte de las fuerzas nacionalistas de Chiang Kai-Chec emprendió, al frente de sus seguidores, la Larga Marcha (1936-1946) a Yan’an, en el noroeste de China. Durante la misma fue elegido secretario General del Partido Comunista. Desde 1937 a 1945 la guerrilla de Mao mantuvo a raya a los japoneses y en 1949 el Ejército Rojo arrebató a Chiang Kai-Chec la mayor parte del territorio continental chino. Sobre el autor de la entrevista, dice Christopher Silvester, lo siguiente: Edgar Parks Snow (1905-1972 nació en Kansas City, Misuri. Estudió en la Universidad de Misuri y se incorporó al Kansas City Star como reportero. En 1928, a los veintidós años, viajó por primera vez a China y empezó a trabajar como adjunto al director de la China Weekly Review. Aprendió el idioma, estudió el país y sus costumbres y dio clases en la Universidad de Yenching. Trabajó como enviado en Extremo Oriente del Chicago Tribune, el New York Sun, el New York Herald-Tribune y el Daily Herald. Esto es lo que destaca en la vida de los reporteros, su larga trayectoria a Edgar Parks Snow lo convirtió en un especialista en temas del Oriente Extremo, y en particular sobre la figura de Mao Zedong, al cual entrevistó la primera vez a mediados de la década de los treinta. Todo un hecho de la historia, pues pudo ver su larga batalla en contra del capitalismo y cómo fue que llegó al poder el Partido Comunista de China en 1949.

Las preguntas del periodista tienen que ver con la segunda etapa, en los años de que se alejan del fin de la Segunda Guerra Mundial, y que pertenecen a la etapa de la Guerra fría, revisando lo que eran los ejércitos de lucha por la independencia en el sureste asiático y en China en lo particular. Dice Snow: —Algunos comentaristas americanos destacados en Saigón han comparado la fortaleza del Vietcong con la del Ejército de Liberación del Pueblo en China en 1947, cuando comenzó la aniquilación a gran escala de las fuerzas nacionalistas. ¿Son comparables ambas situaciones? —Mao opinaba que no. En 1947, el Ejército de Liberación del Pueblo contaba con más de un millón de hombres, frente a varios millones que integraban las tropas de Chiang Kai-Chec. El ELP había combatido a los nacionalistas a nivel de divisiones y brigadas, mientras que las fuerzas de liberación vietnamitas operaban a nivel de batallón o, como mucho, de regimiento. Las fuerzas americanas presentes en Vietnam eran todavía escasas, Un incremento en la presencia de las mismas contribuiría, por supuesto, a una escalada del levantamiento armado en su contra. Sabemos cómo anduvieron las cosas, pues dicha guerra en el sureste de Asia se convirtió en un huracán en contra de los estadounidenses, que en muchos países del mundo se convirtieron en los vecinos incómodos, pues nadie quería verlos por las calles de París, Roma, Berlín, Londres o México, lo mismo en Buenos Aires, Sao Paulo que en los continentes de Asia y África. La guerra en que fue derrotado el poderoso país que había salido de la Segunda Guerra Mundial como el gran vencedor a través de su Plan Marshall y sus intervenciones en todas partes del mundo. Por eso relata el entrevistador que Mao pensaba: Pero aun en el caso de que intentase explicárselo a los líderes de Estados Unidos, no le escucharían. ¿Acaso habían escuchado a Diem? Mao, pensaba, como Ho Chi Minh, que Ngo Dinh Diem no era tan malo. Ambos habían esperado que el gobierno de Estados Unidos le mantuviese en el poder varios años más, pero los impacientes generales americanos se habían hartado de Diem y habían prescindido de él. Al fin y a la postre, ¿podía decirse que estaban las cosas más tranquilas en el cielo y en la tierra tras su asesinato? La década de los sesenta en cuanto a guerras tuvo la de Viet Nam como prueba de fuego que incendió hasta el Mayo 68’ francés y en muchas otras partes del planeta, junto a pedimentos por más democracia, igualdad, respeto a la generación de los jóvenes y tantos otros puntos, que hablaban de la sociedad civil, sociedad que tenía en el filósofo Herbert Marcuse a su principal defensor, por encima de los comunistas ortodoxos, que señalaban a obreros y campesinos como los únicos herederos de toda revolución social.

Es un lenguaje que pertenece lo mismo a la Guerra Fría venida después del final de la Segunda Guerra Mundial, y a la vez la lucha en el sureste de Asia contra toda clase de imperios. Dice el entrevistador: Mao replicó que la combinación de sentimientos antifeudales y anticapitalistas, junto con la oposición al imperialismo y el neocolonialismo, nacían de la opresión y las injusticias del pasado. Que allá donde se diera estos factores podían producirse revoluciones, aunque en la mayoría de los países a los que ya había hecho referencia, el pueblo aspiraba simplemente a la independencia nacional, no al socialismo, lo que era algo muy diferente. Es vital este lenguaje en la década de los sesenta, donde las ideas sobre el marxismo y el socialismo se ampliaron más allá de la visión estalinista de socialismo en un solo país para volver complejo toda revolución o revuelta social de los diferentes países. Desde el movimiento en 1956 de la llamada revolución de Hungría que fue sofocada por los soviéticos, que no permitían salirse de la norma de una dictadura burocrática y totalitaria. Es decir, impidiendo que el ciudadano pensara por sí mismo, o por movimientos que no entendieran que el poder político sólo pertenecía al partido popular democrático del pueblo. Las entrevistas al paso de la vida son grandes lecciones al leerlas con detenimiento, en este caso el texto de Edgar Snow es material de primera importancia, pues el autor termina siendo uno de los especiales estudiosos de la China de aquellos tiempos, en que se realiza la llamada revolución de las flores que terminó siendo una purga de aquellos que eran enemigos o adversarios del maoísmo. La visión de Mao nos habla de ese lenguaje que duró hasta mitad de la década de los setenta, misma época que confluyó en los gorilatos de Sudamérica, donde los militares hicieron las peores masacres, comenzando con Augusto Pinochet, el malhadado personaje que representa la negra historia de Chile en sus procesos por la democracia y la libertad. Larga entrevista donde: Según Mao, las condiciones para la victoria revolucionaria de China habían sido las siguientes: en primer lugar, el grupo en el poder era débil e incompetente; en segundo lugar, el Ejército de Liberación del Pueblo era poderoso y capaz, y el pueblo creía en su causa. Los americanos podían intervenir allá donde no prevaleciesen esas dos condiciones. Un pensador imaginativo y audaz lo fue Mao Zedong, hoy el recuerdo de sus postulados, no parecen ser los que manden en la China del año 2020.