When I was a kid
Tenía mucho trabajo, me dolía la espalda y esa oficina es muy fría todo el año, no sólo en estas épocas. Salí a comprar algo para comer y a estirar las piernas, ya tenía los dedos de los pies entumidos. Había tomado mucho café y me ponía algo nervioso, necesitaba tener algo en la panza, avisé que saldría. Alexis me pidió unos dulces y Saúl unos cigarros. Camine lento para que me calentara el sol. Del otro lado de la banqueta, entre alguna que otra persona, vi venir a un niño, al aproximarnos me fije bien, y más bien era un adolecente, tal vez tendría once años, o algo así. Tenía la cara sucia, llevaba puesto un chaleco de colores y sus pantalones de mezclilla, también estaban algo sucios y viejos, su cabello cenizo, alborotado, cruzamos miradas y algo en su caminar y en sus ojos me recordó a mí.
Era el más alto del salón cuando entré a la secundaria, mi cuerpo era ancho, no estaba gordo, porque cuando era niño no había mucho que comer, más bien porque lo había heredado de mi padre, bueno, eso me decía mi mamá porque nunca lo conocí. Al que si conocí, y conocí bien, fue a mi padrastro y a sus hijos. Ya sé que a veces sólo tienes que dejar atrás los malos recuerdos, pero hay algunos en particular que no he podido olvidar, los he tenido presentes, tampoco he permitido que me mantengan mal, al contrario, para mí son los que me hacen levantarme cada día y trabajar más para vivir de otra manera.
Mi padrastro le había dicho a mi mamá que me pusiera a trabajar, que me sacara de la escuela, que ya tenía edad para ganar dinero, para hacerme cargo de la familia. Y así fue, casi a punto de terminar tercero, mi mamá me fue a dar de baja. Recuerdo a la directora casi rogándole que me dejara terminar el año porque llevaba buenas calificaciones, pero si mi mamá no me sacaba, su marido le pagaría, y yo no quería que le pegara, así que no dije nada, nada más apreté mis puños y baje la cabeza. Mi padrastro trabajaba para darles a sus hijos, a mi mamá no le daba nada y mucho menos a mí, hasta me pedía. Una vez me dieron un bono porque trabaje en un rancho, algo me quedé y lo demás se lo di a mi mamá, la siguiente noche llegaron bien borrachos y con mochilas y ropa nueva para mis hermanastros. Recuerdo que se me acercó y me dijo que era un pendejo por no haberme guardado el dinero para mí. Mi mamá no dijo nada, nunca dijo nada.
Me metí a trabajar a una construcción en la Ciudad de México, fueron como seis meses de vivir en unos cuartos todos amontonados, y sin bañarnos, pero cada día de paga, le mandaba algo a mi mamá, le llamaba por teléfono –nada nuevo mijo–, me decía. Después, cuando nos dieron las gracias en la construcción, regrese al pueblo y ya no vivían ahí, ya no había nadie en esa casa, los vecinos me dijeron que se habían ido hace tiempo. Tenía 18 años. No recuerdo muy bien cuanto tiempo pasó, cuando recibí una llamada de mi mamá, me reclamó diciéndome que en dónde estaba su dinero, se oía muy mal; ¿drogas o alcohol?, cualquiera de las dos, o las dos juntas, me quedé mudo y colgué. Ese día rompí cosas y lloré como un niño.
Compré los cigarros que me habían pedido Saúl y los dulces de Alexis. Me comí cuatro tacos de tripa y me tomé un jugo de naranja. Me llamó Celeste para preguntarme si quería pan para cenar y si pasaba por ella a su trabajo. Celeste y yo nos conocimos en un trabajo que tuve instalando tele por cable, ella era la recepcionista de las oficinas centrales, y un día que fui, me echo el ojo, y a mí también me gustó mucho. Anduvimos de novios y ella fue la que me convenció de terminar la secundaria y la preparatoria, así fue que obtuve este trabajo en la oficina. Ella quiere casarse y todo, yo también, pero tengo un poco de miedo porque no quiero lastimarla, tengo días difíciles y a veces actitudes que no puedo controlar, es inevitable, y a veces la rechazo, no porque no la ame, sino porque no sé cómo expresarle algunos sentimientos, no tuve quien me lo enseñara o un ejemplo bueno. Ella me dijo una vez que así como yo, o ella, existen otras personas con heridas, algunas más profundas que otras, pero no por eso tienes que pasar tu vida solo o con miedos. Ese niño que vi y que me hizo recordar lo que viví en mi infancia, me permite estar ahora aquí, con esto que soy y con lo que hago. Dudé de seguir viviendo, claro que lo hice, cuando al verme sin techo, con el corazón roto por mi madre, con frio y hambre, ahí, realmente solo, en esa escena de mi pasado, tomé mi decisión, misma que tomo todos los días al despertar.
Para todos aquellos que ven en la dificultad un impulso para seguir adelante
Feliz año queridos lectores.

