Anecdotario

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En la librería del Fondo de Cultura Económica encontré el libro de Alfonso Sánchez García, titulado Anecdotario, publicado por el Ayuntamiento de Toluca, dentro de su editorial Tolo, en el mes de agosto de 2022. Este libro, por cierto se presentó en la Feria Internacional del Libro del Estado de México. En dicha FILEM participa el gobierno estatal a través de la Secretaría de Cultura y Turismo, la UAEMéx y el Ayuntamiento, como principales promotores, cada año para mejor su organización y promoción de la misma. El texto de don Poncho, es una joya, y por ello es que cuento en mi biblioteca personal una buena cantidad de los títulos que son de sobra conocidos en el mundo de la historia, crónica y periodismo de la capital mexiquense. En su Introducción, don Poncho, que seguramente desde donde esté ha de darse cuenta que sigue siendo un escritor contemporáneo, pues a pesar de haber fallecido el 25 de mayo de 1997, su presencia literaria y ejemplo de vida sigue vigente entre nosotros. Leerlo, por lo tanto es un gozo, en ese gozo borgeano que llama a ser felices leyendo otros mundos, otros personajes, otras lenguas y otros hechos de la vida que pasa muchas veces sin que nos demos cuenta. Para eso se inventó por sí mismo el cronista oral. Con el paso de la civilización se tuvo que convertir en el fedatario de las cosas que pasaban y pasan en la comunidad, en la vida personal de quien escribe, en las distintas estancias que son el mundo de mundos que es la crónica cotidiana. De esos mundos estaba rodeado nuestro cronista, el más certero de los últimos 50 años en Toluca. 

Sus palabras abren el texto Anecdotario, escribe: Lo que vamos a presentar a ustedes no es una colección de fábulas, pues las fábulas las concebían con su portentosa imaginación y genial fantasía gentes como Esopo, el griego; la Fontaine, en francés o Disney, el gringo. Y no llegamos a tanto. Cuántas veces don Poncho se rasgó la camisa, haciendo sentir que su trabajo no alcanzaba altos niveles de literatura, en su propuesta, en su imaginación, en la sencillez con que escribía las cosas fáciles o difíciles, en su investigación que iba a lo profundo de los hechos. Por algo, siempre parecía un reportero al acecho de los que sucedía en la sociedad en que vivía. Sí, sólo le faltaba su sombrerito, los lentes ya los tenía, la figura menudita, pero enhiesta, el traje bien puesto, la corbata igual, y sobre todo su rostro: de hombre inteligente y talentoso. 

Mucho de esto reflejaba en el espejo de la vida don Poncho, y los que le rodeábamos, muchos de ellos de sus contemporáneos, tenían que bajar la cabeza, sin que él lo pidiera, en muestra de respeto y admiración. Periodista que sustenta la carrera completa de todos los cargos que corresponden a las empresas periodísticas, que no son cosa de juego, sino tarea de los siete días de la semana, por 24 horas de estar siguiendo la nota periodística, fotográfica, reporteril y administrativa. Nada le fue ajeno en este campo a don Poncho y no es extraño que los mejores cronistas de la AMECROM hayan sido periodistas de los buenos en el Estado de México, fuera el periódico o la revista semanal o mensual.

Bien, sigamos con las palabras del cronista municipal de Toluca, en su sencillez y humildad. Dice sobre su libro: No es un tratado de Ciencias Naturales, porque eso entra en el delicioso terreno de la especialidad y la sabiduría y tampoco somos capaces de alcanzar meta tan elevada. Se trata sólo de algunas anécdotas, o como presumen en la televisión, historias de la vida real, que hemos ido pepenando en nuestra ya larga vida como reporteros. Lo escribí, don Poncho tuvo entre sus acciones de vida más queridas la de trabajar en el periódico como reportero, tarea de quien hace la sabia del periódico de cada día. Recuerdo bien en mis charlas con hombres y mujeres que laboran en periódicos de Toluca, cómo se esforzaban porque tenía que llevar de 5 a 7 notas diarias. Parece sencillo y no lo es. De las tareas que se hacen en el periódico, la existencia del reportero, son las que pueden llevar a la nota de las ocho columnas o la de la plana mayor. Don Poncho dio lecciones de cómo hacer el trabajo del reportero, aprendiéndolo, no creo decir algo no cierto, en su labor que tuvo en la Ciudad de México, por una sola razón, la mitad de los cincuenta del siglo pasado fue una de las escuelas más brillantes que el país haya tenido en el trabajo del reportaje. 

De la mitad en adelante nacieron los suplementos culturales con Fernando Benitez, Raúl Noriega, José Pagés Llergo y muchos más que pusieron sus ojos en el tema de las artes y lo que se llama cultura en general. Tal aportación a periódicos y revistas fue un paso adelante en el México que se deseaba fuera capaz de tener el rostro amable ante extranjeros y mexicanos por igual. De esa escuela aprendió seguramente, pero a través del trabajo de campo, al ir directamente a los distintos estratos sociales de que se formó su sociedad de vida en aquellos años de juventud y madurez.

Con toda su experiencia, no perdió el piso y fue siempre un hombre humilde y de buen trato para gente de altos mandos, como para quienes le conocimos en el trabajo o le visitaban para pedirle, en este caso estudiantes, información sobre la Ciudad y Municipio de Toluca, o por información sobre el Estado de México. Dice: Si los personajes son plantas y animales, a nadie debe extrañar, porque en el concierto más bien desafinado de este pícaro mundo, sucesos y contingencias se reparten por igual entre todos los seres vivos, y lo mismo estamos expuestos a un dolor de callos que a una torcedura de raíces, según aseguran que reza aquel magno sermón llamado Eclesiastés. De todo sabía el cronista municipal de Toluca dando así prueba, de que ser cronista debe estar sustentado en pergeñar todo en lecturas e investigaciones. En mirar con cuidado los detalles que corresponden a lo que se investiga, sin dejar ni paja ni piedra que parezcan algo intrascendente.

Dice con el estilo que le fue propio y admirado: Animales y plantas respiran el mismo aire que nosotros y, desde luego, más puro; se alimentan con semejantes manjares como los que ingerimos nosotros, aunque menos dañinos. De modo que, como el ser humano, están expuestos a los azares de la geografía, a las veleidades de la historia, a las inquietudes del amor y a los gruñidos de las tripas. El hombre que reflexiona sobre su entorno, sin dejar nada a un lado o ignorarlo queriéndolo hacer de mala fe. Para don Poncho la vida fue un cuestionarse ¿Por qué?… si revisamos sus acciones paso a paso, encontramos al intelectual que desde niño fue un preguntón, que no dejaba en paz a sus padres, hermanos y vecinos. Me cuestiono cuál fue la relación —en ese preguntar y preguntar como infante— con su hermano mayor, Rodolfo Sánchez García, de gran admiración de sus contemporáneos. 

Escribo del admirado profesor Rodolfo Sánchez García, nacido en el año de 1915, doce años antes, que don Poncho, quien como sabemos nació en 1927. Don Rodolfo nació un año después de esos tres genios que son: Octavio Paz, Efraín Huerta y José Revueltas; y que se acercó en edad a los sabios del occidente de México, los cuales vinieron entre 1915 y 1918, como es el caso de: Juan Rulfo, Alí Chumacero, José Luis Martínez o Juan José Arreola. Todo le fue dado a don Poncho, en esa extensa generación de mexicanos, que les tocó en parte la educación prosocialista del cardenismo y, por tanto, el deseo de cambiar a México para mejor, y no para peor como sucede en el siglo XXI. Leer lo que escribe es consejo y gozo: Lo único que no es igual, y por lo tanto injusto, es el reparto de dones por la naturaleza. De ahí la euforia del triunfo y el dolor de la tragedia. En estos verídicos relatos hay tanto de drama como de comedia y se permite a usted reír, llorar o recurrir al cesto de la basura. Pasar a la página siguiente es entrar al mundo mágico de don Poncho