No solo del aplauso vive el escritor
Mientras sigo deslizando la pantalla de mi teléfono, lo que los más jóvenes llaman scrollear, aparecen noticias y más noticias, de todo tipo, chismes, actualizaciones de fotos de conocidos, sí, conocidos, porque, aunque Facebook use el término amigos, sabemos bien que ese término no es tan literal, puesto que se trata en su mayoría de simples conocidos. De pronto me encuentro con la siguiente pregunta: ¿De qué vive el escritor? Una pregunta que no deja de rumiar en mi mente. Podríamos complicar aún más la pregunta: ¿Cuáles son los principales oficios o empleos que tiene un escritor? Parece que la respuesta debería ser obvia: el escritor vive de sus libros, de sus escritos, de sus investigaciones; sin embargo, estas afirmaciones están bastante alejadas de la realidad.
En nuestra sociedad existe una total distorsión de lo que implica ser un escritor; se tiene la idea de que el escritor es una persona sometida a una silla, con una computadora en frente, con muchos libros regados por todos lados, donde su único trabajo es escribir. No tiene la necesidad de cumplir con horarios, tiene quien lo alimente, le provea de insumos, le compre calzado y ropa; es decir, toda su vida está comprometida con la escritura. Esta misma noción de lo que implica ser escritor es la idea que prevalece entre los estudiantes que quieren ser escritores. Como si el ser esto fuera un hobby, o una profesión de la cual se pagan los recibos de casa y sobra dinero para viajar, para vivir sin preocupaciones.
A máscara quitada, el trabajo del escritor es un trabajo sin horarios, ni honorarios, eso sí, con disciplina porque el escritor escribe y mucho, perfecciona su técnica, investiga, tiene siempre curiosidad, es creador; sin embargo, nada de lo que haga es garantía de que podrá vivir de lo que escribe, porque escribir requiere de factores como: ser conocido entre los demás escritores, conocer alguna editorial que quiera publicar la obra, el trabajo que presenta el escritor debe ser bien recibido por quienes están en el gremio, y lo más importante, que el público lo acepte, es decir soñar con que se venden muy bien los libros.
En la literatura tenemos varios ejemplos de escritores que tenían trabajos que les permitían ganar poco y que no les gustaban del todo, pero les servían para pagar su obra, tal es el caso de Julio Cortazar, quien buscaba empleos de 4 horas, con poca paga pero que le dejaran tiempo para escribir, otro caso fue Juan Rulfo, el mismo que nos dejó tres hermosas obras, se dedicó a fotografiar México como montañista, otro más fue Gabriel García Márquez quien en entrevista declaró las precariedades en las que se encontraba viviendo antes de publicar su novela más emblemática –Cien años de soledad– vendió aparatos electrodomésticos de su propia casa para pagar la impresión y envió de dicha obra a Argentina. Incluso en su novela El coronel no tiene quien le escriba, cuenta que la escribe en un momento en que también se encontraba con dificultades económicas. En los últimos renglones de esta obra, la esposa del coronel le pregunta: Dime, ¿qué vamos comemos? y el coronel responde: mierda.
Escribir no es un trabajo que se sostenga por sí mismo; depende de un empleo alterno que sostenga los gastos que demanda. En Toluca, Querétaro y Ciudad de México, existen muchos escritores que han publicado de forma independiente, puesto que hasta ahora no hay alguna editorial que esté interesado en publicarles, publicar de forma independiente también implica inversión económica que es producto del trabajo del escritor, muchos de ellos tienen empleos como oficinistas, algunos son maestros jubilados, otros más ejercen su profesión como actores de teatro, músicos, tienen algún negocio familiar y refiero aquí que el escritor no solo vive del aplauso porque al presentar su obra en cafeterías o museos, el único pago que se tiene son los aplausos del público, fuera de ello no existe más para el escritor. Incluso que inviten a un escritor a leer su obra en otros espacios también es pagado con un gracias por venir, no dejes de escribir; el corazón del escritor está lleno de gratitud para quien lo escucha, aunque esto implica que su bolsillo no lo vea reflejado.

