Un vergel entre tus manos

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Déjame sentir tus manos, y conducirme en feliz procesión por las líneas fértiles que trazó tu vida. Tu vida esa, la de tus manos sosteniendo el paraguas y la rutina; acariciando las solitarias noches y tus anhelos que no han muerto en tu sonrisa. Déjame sentir en tus manos el recuerdo aquel de cuando empuñaste una débil arma para defenderte de tu pasado más doloroso. Déjame sentir tus manos que para mí son fruto y gozo.

¡Porque tus manos que engendran dolores, sueños, deseos y días son hermosas y nutritivas, tan parecidas a las mías!

(Xalapa, 2016)