+ Murió Arturo Moreno, hermano del alcalde; deficiente distribución del Gansito con Snoopy; Renovarse No Siempre es Empezar de Nuevo Sino Transformarse
La frase:
En los años 50, en las misceláneas, te decían. No niño, no te puedo vender un kilo de frijoles, nada más un cuarto, porque si no qué les vendo a los demás clientes. Así está Bimbo con el…
GANSITO SNOOPY
DECESO: Lamentable el deceso de Arturo Moreno Bastida, uno de los hermanos del alcalde de Toluca, Ricardo de los mismos apellidos, quien vivía en la colonia Sánchez de esta ciudad. El alcalde tiene un hermano más quien es actuario y labora en importante firma y dos hermanas. Le damos el pésame al presidente municipal, aunque nunca ha sido cercano a su familia, sal vo en las palabras de despedida que le dedicó.

EL DETALLE: Gansito Marinela uno de los múltiples productos que fabrica la empresa Bimbo, emitió una edición especial con figuras sorpresas de Snoopy y sus amigos, lo cual ha despertado el interés de sus consumidores y el especial de los coleccionistas. Entre las figuras aparecen Snoopy, Charlie Brown, Lucía y Woodstock. Se supone que la distribución es a nivel nacional, aunque hay escasa disponibilidad de los productos.
Consulté con muchos de los personajes de pre venta de dicha empresa y resulta que no se dan abasto, aunque ellos mismos no se explican por qué, ya que de un pedido de 100 Gansitos con premio para cada tiendita, apenas y les decirte surten cinco, lo cual habla de una deficiente planeación en dicha campaña.
Se deduce que la compañía que maneja las figuritas no tiene suficiente cantidad o es una simple especulación de la empresa Bimbo para lograr mayores ventas, aunque en el inter está causando que haya mercado negro y sobreprecio en dichos productos. Lamentable campaña comercial.

Renovarse No Siempre es Empezar de Nuevo Sino Transformarse
Renovarse no siempre es empezar de nuevo, asegura Adalid Peralta, pues sostiene que la renovación suele presentarse como un cambio radical, pero en la práctica es un proceso más complejo: implica transformación, adaptación y continuidad. Adalid Peralta se dedica desde hace 20 años al desarrollo de proyectos de investigación, explica:
La palabra renovación tiene algo seductor. Sugiere limpieza, reinicio, la posibilidad de dejar atrás lo que pesa. En el discurso público —y particularmente en el mexicano— se usa como una promesa: renovar instituciones, renovar la vida pública, renovar la confianza. Como si bastara nombrarlo para que algo, efectivamente, volviera a empezar.
Pero pocas veces nos detenemos a preguntar qué implica realmente renovarse. ¿Es un corte con el pasado? ¿Una evolución? ¿Una adaptación? ¿O simplemente una reconfiguración de lo que ya existe?
Para entenderlo, conviene salir del terreno de la retórica y mirar otros espacios donde la renovación no se anuncia: ocurre. En la ciencia, por ejemplo, la renovación rara vez tiene que ver con empezar de cero. Se parece más a un proceso de sustitución constante. El cuerpo humano es un buen ejemplo: muchas de nuestras células se regeneran de manera continua. La piel se renueva, la sangre se reemplaza, incluso el tejido óseo se reorganiza con el tiempo. Pero esa renovación no borra lo anterior; lo integra.
No despertamos siendo alguien distinto cada día, aunque partes de nosotros ya no sean las mismas. Algo similar ocurre con el conocimiento científico. Las teorías no desaparecen de un día para otro: se ajustan, se corrigen, se amplían. La física de Newton no fue eliminada por la de Einstein; fue reinterpretada dentro de un marco más amplio. La renovación, en este sentido, no es ruptura absoluta, sino acumulación crítica.
En la naturaleza, la renovación es aún más evidente, pero no por ello más simple. Pensemos en los bosques después de un incendio. Desde una mirada inmediata, el fuego representa destrucción: pérdida, arrasamiento, vacío. Sin embargo, en muchos ecosistemas, ese mismo proceso permite que germinen nuevas especies, que se liberen nutrientes y que el ciclo continúe.
En el mundo animal, la renovación también suele tomar la forma de adaptación. Las serpientes que mudan de piel, por ejemplo, eliminan una capa externa que ya no les sirve para dar paso a otra. Es un proceso necesario para su crecimiento, pero también una etapa de vulnerabilidad que debe atravesarse.
Cuando llevamos la idea de renovación al terreno humano, el concepto se vuelve más complejo y, sobre todo, más incómodo. Porque, a diferencia de los procesos naturales, aquí el cambio no siempre es orgánico ni inevitable: muchas veces irrumpe.
Nos gusta pensar en la renovación personal como una oportunidad de reinvención: cambiar de rumbo, dejar atrás errores, construir una nueva versión de nosotros mismos. Es una narrativa poderosa, pero también parcial. En la práctica, buena parte de nuestras transformaciones más profundas no nacen del deseo, sino de la incomodidad.
De esos momentos que descolocan: una pérdida, una ruptura, un fracaso o una crisis que obliga a detenerse. Situaciones que, en lugar de ofrecer claridad inmediata, generan incertidumbre, resistencia e incluso negación. Y, sin embargo, es ahí —en ese terreno poco estable— donde las piezas empiezan a moverse.
Porque hay cambios que no se eligen, pero que terminan reconfigurando la manera en que habitamos el mundo. Nos obligan a salir de lugares conocidos, a cuestionar certezas y a reorganizar prioridades. No hay en ello una épica evidente; hay, más bien, un proceso lento de ajuste.
La renovación, en ese sentido, no siempre es luminosa. A veces es incómoda, fragmentaria y contradictoria. Pero también es, en muchos casos, la condición para que emerja una versión distinta: no necesariamente mejor en términos ideales, pero sí más consciente de sus límites y de su contexto.
En el mundo de las marcas, la renovación es casi una obligación. Empresas e instituciones hablan de reinventarse para mantenerse vigentes. Cambian de imagen, de discurso y de narrativa. Se presentan como versiones actualizadas de sí mismas para no perder relevancia frente a sus públicos.
En LEXIA hemos tenido la oportunidad de acompañar a distintas marcas en procesos que implican renovarse en varios niveles: a veces de manera parcial, en algunas líneas de negocio o en ciertos mensajes estructurales; otras, de forma más profunda, en su identidad completa.
Lo que esos procesos dejan ver, es que ningún cambio relevante ocurre en el vacío. Por el contrario, exige mirar hacia atrás con atención: entender la historia, el ADN y las tensiones de una organización. Porque, como ya se ha dicho, renovarse no es un borrón y cuenta nueva. Es, más bien, un ejercicio de conciencia sobre lo que se ha sido, para decidir qué vale la pena transformar y hacia dónde.
En ese trayecto, lo importante no es solo el resultado, sino la claridad del proceso: qué se conserva, qué se redefine y qué, definitivamente, se deja atrás.
Y entonces volvemos al punto de partida. Si renovarse no es empezar de cero, si no implica borrar el pasado sino reorganizarlo, si muchas veces nace de la incomodidad más que del deseo… ¿qué estamos nombrando realmente cuando hablamos de renovación?
¿Estamos cambiando estructuras o solo narrativas? ¿Estamos dispuestos a asumir el costo de transformarnos o buscamos apenas una versión más cómoda de lo mismo? ¿Renovarnos implica avanzar o solo adaptarnos para seguir en pie?
Hay un dicho que se repite con frecuencia: renovarse o morir. Pero quizás la pregunta no sea tan extrema.
Tal vez habría que pensarlo de otra manera. No como una amenaza, sino como una posibilidad. No como un mandato, sino como una conciencia.
Porque, en el fondo, y más allá de cualquier discurso, renovarse no es desaparecer para volver a empezar. Es aprender a habitar lo que somos —y lo que hemos sido— de una forma distinta.
Renovarse, quizá, no es otra cosa que eso: renovarse para vivir, ¿no le parece a usted, estimado lector?


