POESÍAS
Igual que con Sor Juana Inés de la Cruz, en Toluca a finales del siglo XX se tiene idea de que José María Heredia sólo es poeta. Igual en México que en Cuba: lo vemos al revisar a ganadores de la Convocatoria Internacional por el Bicentenario del Nacimiento del personaje en el año 2003. Primer y tercer lugar son triunfo cubanos: un hombre y dos mujeres, cuyos currículos —sobre todo— en el primer lugar, son impresionantes en estudio y academia: Roberto Méndez, ganador del primer lugar —nació en Camagüey— es poeta, ensayista y narrador, su texto: Eros y paisaje en la poesía de José María Heredia; el tercer lugar se titula: Ecología y Poesía / Apuntes en torno al poema El Niágara de José María Heredia, Graciela Durán Rodríguez y Virginia Bárbara Suárez Piña, triunfadoras en fecha a dos siglos del nacimiento del escritor santiaguino —31 de diciembre de 1803—, licenciadas en Letras y profesoras de la Universidad de Oriente en Santiago de Cuba. Resulta sintomático que en el propio país donde nace Heredia, se le vea como poeta, y se deje a un lado, la importancia que tiene como exiliado político, jurista, educador, periodista, editor, narrador, dramaturgo y ensayista. Tan grande son los pasos del nacido en Cuba por la vida, pues cubre complejos momentos de la cultura humana: atender su obra poética es importante para conocerlo, pero como un clásico es más que eso.
Sus poemas son parte relevante de la personalidad del humanista, que para variar, en Toluca, deja huella en la reedición de dos libros titulados: Poesía, a los que refiere con verdadero ternura de joven enamorado por sus versos; ve en ellos la realización de su sensibilidad que toca todo: amor, patrimonio cultural y patrimonio natural, ideas políticas y su eterno y amoroso sentimiento por Cuba. De esta manera al leer sus poemas se entiende cómo era aquél joven, que se enorgullece de ser llamado ¡Poeta!, por vecinos que le ven pasar en calles de esa taza de plata que es la ciudad de Toluca, misma que conoció el cubano con fraternal afecto en ese tiempo. Interesante es leer, en reedición que hace Mario Colín Sánchez cuyas palabras como director de Patrimonio Cultural y Artístico del Estado de México en el año de 1979 dicen mucho. Colín Sánchez —en reedición facsimilar de dos libros que fueran publicados en 1832—, reconoce, la obligatoriedad que se tiene para con el poeta cubano-mexicano en el siglo XX. Con ello se aporta a las letras mexicanas en reimpresión de dos tomos parecidos a los originales: formato igual en hechura a la legendaria revista Miscelánea (compilación editada en el año de 1993), también en edición facsimilar. Difusión que merece el poeta y exiliado político que es José María, en aquellos años de vida en la capital. Logro al paso de los años de quien laboró para ser ejemplo del nuevo ciudadano que merece América Latina ante los que sólo miran sus intereses particulares y oscuros.
Escribe Colín Sánchez: José María Heredia pertenece a la generación de cultores de América, que tenía por patria el continente y por estirpe a todos los habitantes de lengua castellana, según el decir de José Vasconcelos. El cubano-mexicano José María Heredia prestó servicios relevantes a la cultura en su provincia de adopción: el Estado de México. En efecto, su obra periodística como creador y redactor de los primeros órganos informativos de carácter literario del México independiente, sus tareas educativas como profesor y director del Instituto Científico y Literario de Toluca (dicho nombre le será impuesto en la segunda mitad del siglo XIX, nota del que esto escribe), sus libros didácticos y de creación poética, como las Lecciones de historia universal y sus Poesías, editadas en las prensas toluqueñas, son muestra de ello. Animador de todo movimiento cultural que inicia en San Agustín de las Cuevas (posteriormente cambió su nombre por el de Tlalpan), que continúa en Toluca por más de una década, marca el inicio de un movimiento precursor de la cultura en el Estado de México. Todo, gira en torno a un personaje que en esta ciudad aporta su mejor talento libertario, su pasión de creador de letras y poesía; y mucho, en deseo de aportar su granito de arena a que el nuevo México sea nación democrática: al preguntarse ¿por qué los Estados Unidos de América, sí ha logrado esto en cincuenta años de vida independiente? y, por qué, el nuevo país que es México, sólo tiene crisis tras crisis que además son expresiones de violencia y sangre de por medio.
Los estudiosos de Heredia a lo largo de 200 años tienen siempre palabras de alabanza. Dice Colín Sánchez: La obra poética de José María Heredia es ampliamente conocida por los estudiosos de la literatura. El autor de este poemario es conocido como el Cantor del Niágara, para distinguirlo del homónimo, el poeta cubano-francés, autor de Los Trofeos. Los más eminentes críticos literarios de la lengua española, desde Alberto Lista hasta don Marcelino Meléndez y Pelayo, han opinado sobre las dimensiones y el valor literario de la poesía de Heredia, a quienes hemos considerado siempre en Toluca con gran devoción y en cierto grado como el más eminente de los educadores de la juventud. Es un Joven de 30 años cuando llega a director del Instituto Literario de Toluca. Prueba de que los genios en su juventud están maduros para realizar grandes proezas en su vida: siguiendo huella de la espada en el ejemplo de Alejandro Magno; o los que, lo hacen con la pluma, como sucede con José María Heredia que no quedan atrás en prueba de su genio creador en bien de la humanidad, o la comunidad que les alberga. Bien dice Colín Sánchez en la reedición de 1979: La Dirección de Patrimonio Cultural y Artístico del Estado de México se sentía en la obligación de reproducir la edición de las poesías de José María Heredia, que en dos tomos vieron la luz pública en Toluca, en el año de 1832, en la imprenta a cargo de Juan Matute y González. La edición de Toluca de las poesías de Heredia era como se afirma, la segunda, pues la primera se había hecho en Nueva York, en la Librería de Behr y Kahl, 129 Brodway. Imprenta Gray y Brunce. 1825. Tanto la primera edición como la que reproducimos ahora contienen poesías de este ilustre cubano-toluqueño que fueron escritas a muy temprana edad. Palabras que dejan en claro el cariño que tenemos los toluqueños y, que vienen de lejos. Vienen y se consolidan no por palabras que se lleva el viento, sino por sus obras que en tantos campos le es reconocido por propios y extraños. En Toluca se hace la reedición y se enriquece el contenido de los versos heredianos, así lo señala Colín Sánchez: Como han reconocido todos los numerosos biógrafos de Heredia, esta edición de Toluca, que siempre fue rara y de la que se conservan muy pocos ejemplares, contiene no sólo las poesías de la primera edición de Nueva York, sino otras muchas, algunas de las cuales habían sido publicadas en los periódicos de México como El Noticioso General, El Semanario Político y Literario, El Águila, El Argos y otros que se editaban entre los años de 1819 y 1921, así como en los años posteriores a la adopción del régimen republicano federalista en nuestro país, al que Heredia, por invitación del Presidente Guadalupe Victoria, vino desde Nueva York para vivir los años más fecundos de su existencia, de los cuales correspondieron 13 al Estado de México, si contamos el tiempo que permaneció en Cuernavaca que en 1826 formaba parte todavía de su jurisdicción.
La ciudad de Toluca le da su talento e inteligencia, pasión creadora en las letras, entusiasmo por crear el nuevo país. No es individuo que sólo mira por su bien personal o de su familia. Sabe del momento que vive México y quiso ser primer actor y, lo fue, de una obra de drama y tragedia en la que pereció porque el destino, la suerte, o los hechos de la vida, cuando son conflagración barren con todo lo que encuentra en el camino. Sí, murió triste y quizá solo, pero su obra en diversos campos de la existencia humana, está ahí, para hablarnos del genio que lleva por nombre José María Heredia y Heredia: poeta santiaguino y toluqueño, cubano y mexicano a mucha honra para nuestro orgullo. La Oda al Niágara y, el recuerdo al visitar las lagunas del Volcán de Toluca, son prueba de su amor a este terruño.

