LA NUEVA INFLACIÓN… TODO CUESTA $199 AL MES
“La pobreza no consiste solamente en tener pocos ingresos, sino en carecer de la capacidad real para vivir la vida que valoramos.”
Amartya Sen
AUMENTA EL INGRESO, PERO NO ALCANZA: Además de la defectuosa medición oficial de la inflación, todo mundo sabe que los precios no han aumentado 3.5% en un año, la realidad económica trata de explicar por qué no es suficiente un ingreso incrementado para cubrir las nuevas necesidades creadas, especialmente las “digitales”.
Y sí, algo que pareciera tan trivial como el fútbol, lidera esta situación de insuficiencia de ingresos. Los estratosféricos y groseros precios alcanzados por los boletos de entrada a los juegos del reciente Mundial FIFA 2026, que ya permearon a la ya no tan modesta liga local, son la base para explicar este fenómeno.
Veamos, una familia integrada por padre, madre y dos hijos decide ir al fútbol. Entre cuatro boletos, estacionamiento, transporte, alimentos y algún gasto adicional, la tarde puede rondar fácilmente los 5 mil pesos. Si compran la playera de moda, el gasto se duplica.
Si quisiera asistir a dos partidos al mes, hablaríamos de un mínimo 10 mil pesos. Tomemos, sólo para ilustrar el problema, un ingreso familiar mensual de 20 mil pesos. Una visita al estadio absorbería 25% del ingreso mensual. Dos partidos, la mitad.
Elo fútbol se ha elitizado, la familia no dejó de amar el fútbol, el fútbol dejó de caber en el presupuesto familiar. Entonces ocurre lo económicamente racional: busca un bien sustituto. Y pese a tener que soportar a loritos y merolicos disfrazados de comentaristas, se queda en casa y enciende la televisión.
DEL ESTADIO A LA SALA, Y A OTRA SUSCRIPCIÓN: Durante décadas, seguir a un equipo consistía básicamente en comprar un boleto o encender la televisión, hoy llamada “gratuita”. Ahora, una competición puede estar en una plataforma; otra, en una segunda; determinados partidos, en una tercera, y otro torneo en una cuarta o quinta.
El consumidor que fue expulsado del estadio por el precio, encuentra ahora una segunda barrera de acceso dentro de su propia casa. Aunque cada plataforma parece barata, máximo 199 pesos mensuales o pago por evento, resulta que incluso una plataforma que ya se pagaba, ahora se segmenta y la familia requiere 5, 6 o más “plataformas” para seguir su deporte (o sus películas o series) favorita.
Ninguna mensualidad individual parece capaz de destruir el presupuesto familiar, pero qué tal cuando se necesitan seis o diez. Hay que dejar otros satisfactores, primarios diría Maslow, que incluyen salud, alimentación o educación. Bienvenidos a la economía de la suscripción.
Liran Einav, junto con Ben Klopack y Neale Mahoney, publicó en 2025 en la American Economic Review el trabajo “Selling Subscriptions”. Los autores estudian precisamente una característica del modelo descrito, las empresas obtienen parte de su ventaja de que el consumidor continúa pagando suscripciones que ya no valora suficientemente, debido a inatención o costos de cancelación. Su estimación es llamativa: esas fricciones aproximadamente duplican los ingresos de los vendedores, manteniendo fijo el número inicial de suscriptores.
LA NUEVA CANASTA FAMILIAR: Durante décadas entendimos la inflación observando cuánto aumentaban tortilla, gasolina, renta, electricidad, transporte o zapatos, precios que continúan siendo fundamentales, pero el presupuesto no alcanza, hay que incorporar internet, telefonía móvil, películas, música, almacenamiento digital, software, videojuegos, noticias y deporte.
Pasamos parcialmente de una economía de propiedad a una economía de acceso. Antes comprábamos y ahora nos suscribimos.
Incluso algunos índices de precios incluyen servicios recreativos y espectáculos deportivos, solo que, al generalizar, no nos dicen que la inflación mide el comportamiento promedio ponderado de una canasta representativa e ignoran que cada familia paga su propia canasta.
Si checamos el presupuesto familiar, cosa que únicamente hacen tres de cada 10 familias, vemos que no sólo cambian los precios de los bienes que consumimos; también aumenta el número de pagos necesarios para acceder a actividades que consideramos normales en la vida moderna.
No solo de pan vive el hombre, el futbol, y otros deportes, fanatizan aun más que la política, que los utiliza como convenientes distractores. El deporte también cambió, un club no vende solamente entradas, endosa derechos audiovisuales, publicidad, patrocinios, camisetas, licencias, videojuegos, experiencias, datos y audiencias internacionales.
Pero lo que más vende es nuestra atención, por eso pagar cien o doscientos millones de dólares por un jugador puede tener racionalidad empresarial, los paga el consumidor-fanático-espectador o televidente.
El aficionado es monetizado varias veces. Paga por entrar al estadio; paga por verlo desde casa; compra la camiseta; consume publicidad; genera datos y compra palomitas, papas, cervezas y refrescos a precio de la última coca cola del desierto.
Esta inflación detonante y casi invisible crece mucho más rápidamente que la capacidad adquisitiva del aficionado que hizo posible ese negocio. Un entretenimiento históricamente popular comienza a convertirse en producto premium.
DE FONDO
En la economía de verdad, una familia decide entre fútbol o dentista, fútbol o ropa, fútbol o restaurante, fútbol o educación o fútbol o ahorro. Cada peso utilizado para consumir una cosa deja de estar disponible para otra. Esto se llama costo de oportunidad.
La economía digital no crea dinero nuevo dentro de nuestra cartera, solo cambia la manera de gastarlo y, para la mayoría de los consumidores, simplemente no alcanza.
El consumidor comienza entonces a sustituir y la economía se deforma, pues aparece también la piratería. Transmisiones ilegales, páginas clandestinas, cuentas irregulares y contenidos provenientes de la economía subterránea. De ninguna manera es legítima, pero ayuda la explica económicamente.
Cuando el precio acumulado del acceso formal supera persistentemente la capacidad o disposición de pago de una parte importante de los consumidores, surge ese mercado alternativo.
DE FORMA
La economía de la suscripción es un fenómeno que merece estudiarse, pues no refleja pobreza en el sentido convencional, es la economía de la privación de acceso al no disponer de recursos suficientes para acceder a buena parte del contenido que circula por esa infraestructura.
En un ejemplo casero, diríamos que la familia promedio tiene carretera, tiene automóvil y tiene gasolina, pero a cada kilómetro tiene caseta y no poder pagarla no convierte automáticamente a una persona en pobre, pero e genera frustración, sensación de exclusión y pérdida de espacios de convivencia y bienestar.
La tecnología redujo extraordinariamente el costo de distribuir información y entretenimiento, todos podemos entrar a la tienda digital; no todos podemos comprar en todos sus pasillos.
DEFORME
Antes, para gastar había que tomar una decisión. Ahora, para dejar de gastar hay que tomarla… ¿nos apuntamos?

