¡Aguas! Cuidado con la depresión, el tema es real. (Primera parte)

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La depresión se caracteriza por una combinación de tristeza, desinterés por las actividades y una brutal perdida de la energía. Adicionalmente también podemos hacer referencia a la perdida de confianza y la autoestima, sentimiento injustificado de culpabilidad, ideas de muerte y suicidio, menor capacidad de concentración, así como la aparición de trastornos del sueño y la alimentación. También pueden conjuntarse síntomas somáticos. Es importante hacer una distinción en tanto que aun cuando los sentimientos depresivos son frecuentes, sólo se realiza un diagnóstico de trastorno depresivo cuando la sintomatología rebasa un umbral clínico por un período de por lo menos dos semanas. Entonces la depresión tiene diferentes niveles que pueden oscilar desde muy leves hasta muy graves. Lo normal es que sea de naturaleza episódica, de reincidencia y crónica.

Ahora bien, es fundamental estar claros en que el trastorno depresivo es una enfermedad que afecta al cerebro, el ánimo, e inclusive la manera de pensar e interpretar la realidad. Así es, se trata de un desorden del temperamento, del carácter y quizás de la personalidad. Podría ser la forma más común de sufrimiento mental, millones de personas en todo el mundo, sin importar razas, perfil socioeconómico, orientación sexual, nacionalidades o culturas vivencian esta enfermedad. Es importante también distinguir que, si bien el sufrimiento es un proceso de elección personal, el trastorno depresivo es real, es una enfermedad que requiere de la ciencia y de especialistas para abordarlo. Aquí no se trata de consejos o buenas intenciones de las personas que mantienen una relación interpersonal cercana con el paciente. Además se trata de una enfermedad que ha cobrado gran importancia y al mismo tiempo ha planteado grandes retos a la investigación científica y a las políticas de salud publica de las naciones.

A pesar de todos los esfuerzos mundiales por abordar esta condición, la fisiopatología de esta enfermedad aún permanece desconocida. Sin embargo, se han realizado estudios en pacientes con depresión a largo plazo, encontrando que existen dos formas básicas de depresión: la exógena y la endógena. También se ha descubierto que sus causas incluyen factores que van desde los genéticos, químicos, hasta los psicosociales y psíquicos. A pesar de que por más de dos milenios los desórdenes afectivos han sido descritos como enfermedades muy comunes del hombre, no podemos aún hablar de que sean consideradas de esa manera a un nivel de culturas y como parte de una cotidianeidad que forme parte del que hacer diario de los pueblos. Sin embargo, recientemente han despertado interés como un problema mayor de salud pública.

Por otra parte, es conveniente conocer varios aspectos que tienen que ver con el conocimiento que se tiene del cerebro en tanto generador de un proceso saludenfermedad. El papel de la ciencia se ha incrementado desde el siglo XIX, sin embargo comparado con los avances de otras áreas, como las enfermedades cardiovasculares, respiratorias o gástricas, el progreso ha sido pequeño para entender la fisiopatología de la depresión. Se trata entonces de una condición que ya fue reconocida clínicamente por los antiguos griegos, aunque fue hasta mediados del siglo pasado que se iniciaron estudios sobre los neurotransmisores involucrados, estudios que aportaron conocimientos esenciales para lograr el éxito en el tratamiento. Así es que no hay tenerle miedo pero si mucho respeto ya que se trata de una de las formas más comunes de enfermedad mental en la población en general. En general la prevalencia es del 15%, la asociación que mantiene con morbilidad y mortalidad es sustancial, y domina con gran potencia tanto en países en vías de desarrollo como en los desarrollados. Al respecto, con datos de hace un año, la Organización Mundial de la Salud alertaba lo siguiente: La depresión es un trastorno mental frecuente. Se calcula que afecta a más de 300 millones de personas en el mundo. Es la principal causa mundial de discapacidad y contribuye de forma importante a la carga mundial general de morbilidad. Afecta más a la mujer que al hombre. En el peor de los casos puede llevar al suicidio. Hay tratamientos eficaces.

Vale la pena también, aunque de manera somera, pero con la intención de ilustrar la complejidad y gravedad de esta enfermedad que en múltiples ocasiones es minimizada por las personas como si se tratara simplemente de un licuado de emociones que van y vienen a placer de la persona y como si fuera suficiente con porras y fanfarrias para regresar a la normalidad. Así es que de acuerdo con un conjunto de investigaciones por medio de estudios de imagen en pacientes con trastorno depresivo mayor, se ha observado la implicación de alteraciones estructurales en varias áreas cerebrales, entre ellas el hipocampo, la amígdala y la corteza prefrontal dorso lateral y ventral, con resultados variables. Por ejemplo, en uno de ellos se encontró disminución de la sustancia blanca del hipocampo y una asimetría hemisférica derecha-izquierda. Otra situación es que en el caso de los varones se encontró menos volumen total y de la sustancia gris en el hipocampo izquierdo, lo que no se observó en las mujeres.

También podemos citar sobre el estudio de metaanálisis de Campbell donde se encontró que los pacientes con depresión tuvieron menor volumen en ambos hipocampos; la diferencia fue mayor en el hipocampo izquierdo que en el derecho. Por otra parte hay que señalar que dada la variabilidad de los resultados mostrados en la bibliografía del volumen de la amígdala en la depresión, en un metaanálisis de Hamilton se pudo mostrar que si bien no hubo diferencias en el volumen de la amígdala entre los pacientes con trastorno depresivo mayor y el grupo control, hubo una gran variabilidad en las características entre estos estudios. Este análisis demostró que la medicación por sí sola explica una cantidad significativa de la variación en el volumen de la amígdala entre los diferentes estudios.

Específicamente, mientras mayor es la proporción de personas medicadas dentro de los estudios, mayor es el volumen de la amígdala en personas deprimidas en comparación con el grupo control. En un metaanálisis de seguimiento se observó que el volumen de la amígdala es menor en pacientes con trastorno depresivo mayor sin medicación comparado con los controles y mayor en pacientes con trastorno depresivo mayor medicados, en comparación con los no medicados. Estos resultados apoyan la idea de que hay una asociación de esta enfermedad con la disminución en el volumen de la amígdala, y proporcionan evidencia adicional de que el tratamiento farmacológico antidepresivo puede facilitar la neuro o gliogénesis en la amígdala. En referencia a otra estructura podemos decir que a partir de un estudio del volumen de la corteza orbitofrontal y otras subregiones prefrontales efectuado con resonancia magnética nuclear,  se demostró que los pacientes con depresión en tratamiento tenían un volumen 32% menor de la corteza orbitofrontal en comparación con el grupo control, sin encontrar otras diferencias significativas en los tamaños de otras subregiones. Así mismo, en un estudio propuesto para caracterizar la densidad neuronal y celular glial y el tamaño neuronal en la corteza del cíngulo anterior, se encontró reducción de la densidad glial y del tamaño neuronal en la capa seis de la corteza del cíngulo anterior en personas con trastorno depresivo mayor.

Así es que dado que la glía tiene una importante influencia metabólica en las neuronas y contribuye a la función sináptica y a la neurotransmisión, los resultados implican que las anormalidades de la función glial pudieran minar la función neuronal y predisponer al trastorno depresivo mayor. Como podemos observar hay una gran complejidad en este tema de la depresión, considerando que en estas breves líneas solo se han abordado de manera muy general algunos aspectos estructurales que tienen que ver con este trastorno que es multifactorial.