EL MINUTO MÁS LARGO DEL DÍA
Alicia: ¿Cuánto es para siempre?
El conejo blanco: a veces, sólo un segundo
Lewis Carroll
No tengo tiempo. Esta es una de las frases falsas que más repetimos. Falsa porque si estamos vivos, tenemos tiempo para usar. Es posible que hayamos invertido el enfoque y estemos dando a nuestro tiempo libre, menor importancia y valor, que al hecho de hacer y conseguir cosas, cuando la verdad es que hacer y conseguir cosas, requiere precisamente, tiempo libre. De hecho, mucha gente sueña con acumular el suficiente dinero para poder comprar un tiempo libre largo y lleno de experiencias memorables, en el futuro. ¿Estaremos satisfechos con ello cuando llegue ese futuro? Tal vez, cambiar esta simple visión y considerar al tiempo como la verdadera riqueza, valorar que tenemos ya una cuenta bancaria millonaria en segundos de vida -porque la vida es eso, tiempo y energía- podría ser el parteaguas que necesitamos para analizar qué tan sensato resulta sacrificar tiempo de calidad para obtenerlo en el futuro, y estirar nuestro tiempo.
¿Has escuchado sobre el Dolce Far Niente? (el dulce arte de no hacer nada). Es una filosofía italiana de vida que consiste en dejar a un lado el ritmo cotidiano y dedicar un tiempo a disfrutar del momento. Esta conciencia de estar vivo sin tener que correr con alguna actividad determinada por obligación, nos ayuda a conocernos a nosotros mismos y a experimentar (y valorar) muchos instantes de placer y felicidad. Y no, no pretendo proponer desde aquí que pasemos del frenesí de la diaria actividad al simplemente no hacer nada, desde este minuto y en forma permanente. Pero ¿cómo te suena regresar a ti y a lo que es importante para ti, rescatar tu vida, de vez en cuando, a través de vivencias significativas, únicas, inolvidables? A mí, me ilusiona. ¿Será que podemos desagendar algunos minutos y regalarnos experiencias diferentes, que nos hagan percibir que la vida transcurre más lenta y memorable en esta vorágine?
¿Has notado cómo a medida que nos hacemos mayores, el tiempo parece esfumarse más rápido? Esto tiene diversas explicaciones. Una es que el Tiempo se ha enfadado con nosotros como lo hizo con el Sombrerero, en Las Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll. ¿Conoces la historia? En el concierto de la Reina de Corazones, el Sombrerero canta: Brilla, luce, ratita alada para agradar a la soberana, pero al terminar la primera estrofa, la reina lo acusó de usar una forma estúpida de matar el tiempo y lo condenó a muerte. El cantante salvó su vida, pero su amigo, el Tiempo, se sintió traicionado y se detuvo para él. Desde entonces, para el Sombrerero, la Liebre de Marzo y el Lirón, son las seis de la tarde, eternamente, y claro, a esa hora toman el té, por eso nunca hay tazas limpias en su mesa y… el Tiempo podría haberse enojado por nuestros intentos de matarlo ¡tantas veces! con esas actividades sin mayor significado con que ocupamos nuestras vidas, al pretender que el reloj corra más rápido.
Comoquiera, los investigadores neurocientíficos tienen explicaciones menos reñidas con la lógica. Peter Tse del Darmouth College, afirma: “… los eventos parecen durar más tiempo cuando les prestamos mucha atención. Esto es porque el cerebro no tiene un reloj para medir las horas y juzga por la información que ha procesado. Al prestar atención procesamos más información por unidad de tiempo”. ¿Has tenido alguna experiencia impresionante sobre la cual recuerdas cada detalle? Eso es porque tenías la atención puesta en lo que ocurría y procesaste más información que cuando te distraen otros estímulos. Misma razón por la que olvidamos la rutina y recordamos lo discordante, lo novedoso. Otro hecho científico es que, a mayor edad, las estructuras neuronales tienden a degradarse, los procesos para fijar la atención y la memoria se hacen más complejos y nos permiten retener menos cantidad de imágenes. La impresión que recibimos de ello es que vivimos menos experiencias, y que el tiempo vuela cada vez más veloz.
Albert Einstein tenía problemas (una afección genética) para peinar su cabello, para mantener relaciones amorosas estables, y también los tenía para usar calcetines porque se le rompían con facilidad, pero lo que se le daba muy bien era la física y en sus brillantes teorías sobre la relatividad nos dejó su convicción de que el Tiempo es una interpretación. No es real porque no puede medirse en forma absoluta; no es una ilusión (como sí lo son pasado, presente y futuro) porque somos conscientes de que existe, pero su existencia y paso son relativos al sistema de referencia elegido para la medición, dependen de la interpretación del observador que lo usa de parámetro. En sus palabras: (el tiempo y el espacio) son creaciones libres de la inteligencia humana, herramientas del pensamiento que deben servir para relacionar vivencias y comprenderlas así mejor.1 En mi simple interpretación, el Tiempo son las cosas que nos pasan cuando estamos atentos a que nos pasen cosas.
En una entrevista para la BBC, Aza Raskin, el creador del scroll infinito, confesó abochornado que su invento era “una dinámica muy adictiva que no permitía al usuario procesar la información que leía. Es como si rociaran cocaína conductual por toda la interfaz”. Escrolear la vida, y no atenderla con todos los sentidos alerta, nos lleva a olvidar de qué está compuesta, a apurarla. Manuel Vicent, en un sabio texto, titulado El Tiempo (2009), lo dice muy bonito: No existe otro remedio conocido para que el tiempo discurra muy despacio sin resbalar sobre la memoria que vivir a cualquier edad pasiones nuevas, experiencias excitantes, cambios imprevistos en la rutina diaria. ¡Qué maravilla descubrir que podemos estirar el tiempo y que ésta es una experiencia personal! ¿No es acaso el minuto en que estamos atentos a que suceda algo que deseamos mucho, el más largo y memorable de nuestro día? No permitamos que este sea -como leí por ahí- el último minuto antes de que la lavadora se detenga.
Bibliografía: 1Albert Einstein, Sobre la teoría de la relatividad especial y general (Madrid: Alianza, 1998), 75. Cf. John Weehler, «Information, physics, quantum: The search for links», 315.

