EL ARTE DE CREAR RELACIONES AUTÉNTICAS

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La confianza es un concepto que utilizamos frecuentemente la mayoría de nosotros. Ésta nos hace sentir seguros y empoderamos, con mucha fe sobre nosotros mismos, pero cuando dudamos de quiénes somos nos sentimos pequeños y vulnerables. Como planteaban los estoicos, es mucho más profundo que la simple apariencia y se relaciona con la fuerza interior. Nuestras reacciones son las que nos definen. Cómo reaccionamos a lo que nos sucede. Ahí está la esencia de nuestra confianza.

La confianza, ese vínculo invisible, pero poderoso que establecemos con nosotros mismos y con los demás. Es una emoción que se construye lentamente, a base de experiencias, interacciones y expectativas. Nos permite sentirnos seguros, apoyados y capaces de enfrentar los desafíos que la vida nos presenta.

Pero, ¿qué es realmente la confianza y cómo se cultiva? Es una creencia en la integridad, la competencia y la buena voluntad de alguien, ya sea uno mismo o los demás. Es la certeza de que podemos confiar en que actuarán de manera coherente con lo que esperamos o necesitamos.

Sin embargo, la confianza no es un regalo automático, sino que se gana y se construye a través de acciones y palabras que transmiten honestidad, lealtad y compromiso.


La confianza en uno mismo es fundamental para el crecimiento personal y la realización de metas. Es la convicción de que tenemos las habilidades, la valentía y la determinación para enfrentar los desafíos que se nos presentan. Pero, al igual que cualquier otro sentimiento, la confianza en uno mismo puede verse afectada por las dudas, los fracasos y las críticas.

Por eso, es importante trabajar en el fortalecimiento de nuestra autoconfianza, reconociendo nuestros logros y capacidades, desafiándonos a nosotros mismos y aprendiendo de nuestros errores.

Ésta cualidad intrínseca de nuestro ser es la parte nuestra que no tiene máscaras y que nos permite hacer una especie de escaneo de la situación o personas que tenemos enfrente.

Ahora, qué pasa cuando hablamos de confianza en otro. ¿Cómo actúa esta emoción?

Cuando conoces a alguien se produce una conexión con el otro que te da como ciertas señales, que tu ordenador mental decodifica como confiable. Pero cuando pierdes esa confianza que habías brindado es como que algo se quiebra. Más allá que perdones queda en ti cómo se cayó el velo que cubría esa persona o en realidad se trataba de tus expectativas,

Qué sería que hicieras las cosas como tú crees o la sociedad cree que debería hacer y ésta no lo hizo. O quizás ¿tú no te permitirías esa libertad? Y ahí todo se te derrumba y te resultaría más fácil abrir tu confianza a un desconocido, que alguien que ya no es digno de tu confianza. Ahí vamos de nuevo. No puedes controlar nada externo. La pelota ya no está en tu cancha.

La confianza en los demás, por otro lado, es un acto de vulnerabilidad. Implica abrir nuestro corazón y nuestras expectativas a otra persona, confiando en que no nos lastimará ni nos defraudará. Pero, al igual que la confianza en uno mismo, la confianza en los demás también puede ser frágil y susceptible a ser dañada. Una traición, una mentira o una decepción pueden hacer tambalear los cimientos de esa confianza, dejándonos con cicatrices emocionales y el temor de volver a confiar.

Sin embargo, la confianza no es un todo o nada. Es un proceso continuo de construcción, mantenimiento y reparación. Requiere tiempo, paciencia y comunicación abierta. También implica la disposición de perdonar y dar segundas oportunidades, pero al mismo tiempo, establecer límites y proteger nuestra propia integridad.

La confianza también está estrechamente relacionada con la honestidad y la transparencia. Es difícil confiar en alguien si percibimos que nos oculta información o nos engaña. Por eso, es importante cultivar una cultura de sinceridad y respeto mutuo en todas nuestras relaciones.

En última instancia, la confianza es un regalo que podemos dar y recibir. Nos permite establecer conexiones más profundas, construir relaciones saludables y alcanzar nuestro potencial. Pero también implica un riesgo, ya que siempre existe la posibilidad de ser lastimados o decepcionados.

Sin embargo, es en ese acto de confiar donde encontramos el crecimiento emocional y la oportunidad de experimentar la verdadera conexión humana.

A menudo la sociedad relaciona la confianza con premios y logros, pero en realidad donde tenemos que enfocarnos es en la validación interna. Porque todo lo que está fuera de ti te llevará a un camino lleno de insatisfacción y expectativas ilusorias.

Reconocer nuestra propia vulnerabilidad y nuestras áreas de oportunidad es mucho más sincero que cualquier otra cosa. Cualquier contratiempo es una posibilidad de seguir creciendo. Cuánto más entrenes tu mente, más fácil será la forma de afrontar las situaciones y cultivar la confianza en uno mismo.

La comprensión profunda de uno mismo, porque lograr una confianza inquebrantable reside en estar en paz con la incertidumbre, soltando el control de las cosas. No tienes poder sobre los eventos externos, solo sobre tu mente.

En conclusión, la confianza es un valor fundamental en nuestras vidas. Nos brinda seguridad, nos permite desarrollarnos como individuos, y fortalece nuestros lazos con los demás. Cultivando, así, el arte de crear relaciones auténticas y duraderas en el tiempo concreto y real, y sobre todo en el mental, de la mano siempre, con lo espiritual, que nos habla al oído, de mil maneras.