AQUEL 4 DE ENERO
No fuiste su vida, pero eras la pieza del rompecabezas que faltaba para completar el cuadro más importante de amor para ella.
La elegiste, tú la seguiste dentro de aquel garaje, fuiste siempre muy persistente.
Te fuiste pensando que ella era la mejor, ahora le dejaste la meta de esforzarse cada día para serlo y no defraudarte.
Sí, fuiste dulce, noble, sereno, pacífico, educado, obediente, fuiste todo lo bueno, pero con un periodo de duración insuficiente para ella.
Entraste a su vida a cambiarlo todo, la llenaste de alegría y fuiste su voz interna que siempre le decía sigue, tú puedes.
Eras mágico, y, tu silencio, porque casi no hablabas, junto con tu mirada de amor, eran más que suficientes, dice ella.
La respetabas, la seguías, la protegías y sobre todas las cosas la amabas más que a nadie en el mundo.
La fidelidad que le juraste, al verla por primera vez nunca tuvo límites, y fue infalible por siempre.
Tu bondad infinita, siempre se multiplicaba, tenías ese poder mágico, porque eras mágico, eras definitivamente de otro planeta, ella lo afirma.
Te hablaba siempre en dos idiomas, te hiciste bilingüe con tal de entenderla y poder estar conectado a ella eternamente.
Un beso o abrazo tuyo siempre superó al mejor psicólogo o psiquíatra del mundo, porque tu presencia en su vida, era la mejor cura para su alma y el mayor descanso para su mente.
Ella hace 364 días puede:
Caminar descalza por el jardín
Usar alfombras planas, con flecos, sin flecos, pero alfombras al fin y al cabo
Pasar sin tropezar con pelotas, platos, bebederos en medio de su casa
Tocar el timbre si olvidó la llave porque la casa ya no parece una perrera
Pasar por la puerta y no tropezarse con alguien que en medio de su júbilo no la deja avanzar hacía ningún lado, porque le pide atención y le brinda amor.
Atravesarse en diagonal en su cama y no sentir un algo que le sesga el movimiento y la libertad de estirarse dándole mucho calor en medio de este verano tan intenso.
Sacar de su vocabulario las palabras, saluda, siéntate, ven, eso no, cálmate, pórtate bien, ya no más besos, yo también te quiero.
Irse de viaje cuando quiera y no pensar en familias cercanas para tu cuidado y dejarte a buen recaudo.
Todo eso y muchas cosas más ella puede, sin embargo, hace 364 días no puede dejar de pensarte, extrañarte, recordarte, a veces llorarte y agradecerte por haber sido parte de su vida, por haber luchado tanto con tus enfermedades durante años por quedarte con ella y haber sido el mejor de los mejores, que aquel caluroso y nublado 4 de enero del 2023 la dejaste para siempre, la dejaste a ella, a ella, que simplemente soy yo, tu mamá humana para siempre.
–Para Pascual, mi cuadrúpedo guerrero–.

