Biodiversidad inspiradora en la lucha de Independencia

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Hoy 15 de septiembre en pleno mes patrio y nacionalismo ecológico como lo he señalado en diversos medios, es necesario reconocer también que en nuestro lábaro patrio se encuentra representada la biodiversidad de la época con relevancia ambientalista, por lo que hare una breve referencia del tema.

La historia da fe de una delación que precipitó el levantamiento insurgente la madrugada del 16 de septiembre de 1810, hecho que a la postre liberó a México de la esclavitud.

El Padre de la Patria, don Miguel Hidalgo y Costilla, hizo tocar a rebato las campanas del curato, dio el Grito de Dolores e improvisó un pendón: tomó como estandarte una pintura con la imagen de la Guadalupana para enarbolarla en la lucha por la Independencia de México.

Fue el generalísimo José María Morelos quien adoptó la efigie del águila parada sobre el tunal, como lo atestigua una bandera de su ejército que data de 1812.

Al sobreponer el águila y el nopal, figuras evocadoras del mito fundacional de México, los insurgentes redimían la imperiosa necesidad de reinstaurar el cordón umbilical del México independiente con el México prehispánico, negado y destruido por los españoles. Así, el antiguo símbolo de Huitzilopochtli y de la ciudad tenochca fue elegido para ocupar su sitio en la bandera y el escudo nacional.

Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero, al concluir la guerra de Independencia el 24 de febrero de 1821 con el Ejército Trigarante, adoptaron una bandera de franjas diagonales con los colores verde, blanco y rojo, con una estrella cada uno.

Pero el 2 de noviembre del mismo año, también por decreto, aparecieron los mismos colores solo que en posición vertical, y sobre el blanco el símbolo tenochca: el águila sobre el nopal portando una corona imperial, misma que desapareció también por decreto en 1823.

En 1892, Porfirio Díaz decretó colocar al águila real de frente sosteniendo a la serpiente con la garra derecha y una rama de olivo debajo del nopal sobre el blanco de la bandera que presenta franjas verticales. Permaneció así hasta el 20 de septiembre de 1916, cuando Venustiano Carranza decretó incorporar al águila de perfil parada sobre un nopal y devorando una serpiente de cascabel, ornada con una rama de laurel y otra de encino.

Jorge Enciso realizó el escudo que apareció impreso por primera vez en la edición original de la Constitución de 1917. El artista incorporó el cosmopolitismo de finales del siglo XIX y los aires nacionales de principios del siglo XX en la iconografía del México antiguo al rescatar la entrañable escena fundacional del águila y la serpiente.

En 1973 Luis Echeverría Álvarez ordenó el diseño actual que presenta un ave más esbelta y erguida, de penacho erizado, sosteniendo en el pico una serpiente de cascabel, las alas más juntas y un nopal extendido horizontalmente y enraizado en la tierra que emerge del agua. La guirnalda de encino y laurel unidos con festón tricolor complementan el cuadro estético y simbólico.

Nuestro emblema patrio es reconocido como uno de los más hermosos del mundo por contener distintos elementos de la naturaleza: el águila real, la serpiente de cascabel, el nopal, los caracoles, el laurel y el olivo, el agua con su doble sentido de líquido vital y de agua de fuego (atlachinolli o agua de guerra), el aire y la tierra.

Felices fiestas y VIVA MÉXICO¡¡