DE LO FASTOS DEL SIGLO XVII

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Martín Garatuza, es ya uno de los clásicos de las letras nacionales en estos últimos doscientos años. Seguir sus huellas es reconocer en Riva Palacio su capacidad para entender a sus personajes, hombres y mujeres, en lo que sufren o les hace felices. Recordemos que doña Blanca Mejía, está dispuesta a sufrir lo que sea por lograr la libertad y salir del convento. Mucho sufrirá fuera y su destino por decisión del narrador, ha de ser la muerte trágica. En el caso de Martín las cosas van de su posible captura por las cosas del Estado: es decir, por servir al arzobispo Pérez de la Serna y en contra del virrey de Gelves con el levantamiento que hace perder el poder político al virrey lo que le da otra característica que le viene de su vocación de político y liberal a Riva Palacio: su personaje es un ‘ciudadano’ metido en las cosas de la política aunque no sepa cuáles son los derechos que como tal tiene, pues no hay México, ni Estado mexicano, ni país libre. Eso no le impide participar en todas las cosas que tienen que ver con los secretos de Estado y con las cosas del amor Leticia Algaba cita las cualidades de Martín:

La importante participación de Garatuza en la historia de la conspiración del padre Salazar y en el melodrama sucitan el recurso supremo, los disfraces, “mis ardides” en sus palabras, para cumplir las delicadas tareas. Así, toma la indumentaria de un ayudante de cámara del virrey bajo el nombre de Benjamín; el hábito sacerdotal para convertirse en el padre José Rivera y en el confesor del padre de Esperanza; el elegante traje de un caballero español, para ser el tío de la joven. A nadie se le podrá escapar que el constante cambio de identidades de Garatuza apuntala también el importante asunto de los criollos, de su desazón ante su árbol genealógico, asunto que no parece afectarlo grandemente, pero que sí ayuda a los demás personajes que se debaten intensamente en la reivindicación de su origen.

Este párrafo hace comprender todo lo que está en juego dentro de la narración y se resume para la prologuista de Martín Garatuza: … reúne un melodrama en torno a la historia de amor entre Esperanza de Carbajal y Leonel de Salazar; la historia central sobre los descendientes de Guatimoc, y una conspiración de criollos que ve frustrado el intento de independizar Nueva España. Las señas de la índole histórica de la novela se aprecian en las referencias al Tumulto de 1624 y a sus repercusiones inmediatas; la conspiración encabezada por el padre Salazar que al parecer ocurrió a fines de la década de 1630, según lo menciona el propio Rivera Palacio en México a través de los siglos, la llegada del príncipe holandés Nassau al puerto de Acapulco (1624), y el primer Auto de Fe del Santo Oficio (1538).

Dejemos que sea Vicente Riva Palacio quien nos cuente algunos hechos de su novela que relata en el capítulo XI: Serían las ocho de la noche; las calles de México, otras veces tan solas a esas horas, estaban llenas de gentes que paseaban y se divertían en solemnidad de la entrada del nuevo virrey. En las ventanas y en las puertas había farolillos encendidos; los ricos los habían puesto de vidrio y los pobres de papel; en algunas casas el lujo, habían llegado hasta poner en los balcones guardabrisas de cristal con bujías de cera. En las calles había lumbradas colocadas una en el suelo y otras, sobre un pie derecho de madera, con una especie de jaula de hierro en la punta, adonde se ponía a arder la leña: estas lumbradas anunciaban los puestos en donde se vendían frutas, dulces, buñuelos, pato o tamales. La multitud se rodeaba allí de los puestos, y las damas principales no se desdeñaban de acercarse a comprar alguna de las que excitaban su apetito. Entre aquella animada muchedumbre cruzaba a toda prisa un hombre embozado en una gran capa negra y que se conocía que iba muy preocupado; tomó el rumbo de la calle de Ixtapalapa y siguió su camino hasta más allá de donde alcanzaba el bullicio y la luz de la fiesta.

El creador de escenas, es como debemos de identificar a los talentosos escritores. Al autor norteamericano William Faulkner, un maestro para crear escenas con detalles que parecen sin importancia, pero que dejan al lector sorprendido. En este caso, Riva Palacio, en las décadas de los cincuenta y sesenta del siglo XIX, el siglo del México bárbaro, es capaz de poner su atención, concentrada al máximo, para expresarnos el territorio de la capital en la Nueva España. Pensemos que no es cosa fácil, pues lo hace desde la perspectiva del México independiente. Ya no más dentro del imperio español y su colonia más importante. Sino en un país que se ha pasado buscando formarse dentro de encarnizadas luchas por el poder político entre conservadores y liberales. El genio de Riva Palacio le permite despegarse de su realidad e ir a buscar la otra realidad, la de 1624 cuando se intenta un levantamiento contra el virrey y sus mandatos que han puesto a todas las clases sociales en su contra. En particular a la Iglesia comandada por su principal autoridad, y a las autoridades civiles que buscan alcanzar mayor libertad en los asuntos del Estado. En ese escenario, es que Martín Garatuza plantea en sus andanzas dentro de la novela, todo tipo de triquiñuelas para sobrevivir hasta a la muerte que le designa la Santa Inquisición.

En sus novelas, la capacidad para presentar los escenarios de aquellos tiempos es relevante. Y lo es, también, cuando se trata de recrear cuadros donde actúan dos o tres personajes, como cuando hace Riva Palacio el recuento de cómo Martín logra llegar hasta el mismo virrey en la comida de recepción que se le hace, escribe: Dispense usía, ¿es acaso usía el jefe que dispone los arreglos del banquete? El mayordomo que era un simple comisionado del cabildo de la ciudad y empleado de un orden inferior, al oírse llamar usía tan respetuosamente por un lacayo tan bien vestido, y esto en presencia de un concurso tan numeroso, miró con cierta simpatía a su interlocutor, y contestó con mucha afabilidad: —Yo soy ¿Qué se ofrece? —En primer lugar —contestó el lacayo— servir a usía, y en segundo, hacerle presente que yo me llamo Benjamín y soy el ayuda de cámara de S.E. el señor virrey mi amo, que gusta siempre de que yo le sirva; y que como todos los señores de alta alcurnia, tiene algunas ideas que aún no le conocen los demás de la servidumbre que ha puesto usía, aunque por otra parte, como escogidos por usía, deben valer más que yo. —Siendo así —contestó el mayordomo sintiendo lisonjeado su amor propio con tanto usía y tantos cumplimientos y deseando corresponde a ellos —podéis tomar por vuestra sola cuenta el servicio de Su Excelencia: yo avisaré esto a los demás de la servidumbre, y no tendrá que incomodarse S.E. por nada. Venid a ver conmigo la mesa para que conozcáis la colocación de las personas, el lugar en que están los vinos, y lo demás que necesario sea para servir a S.E. El lacayo siguió al mayordomo, y muy pronto estuvo al corriente de todo.

Audacia y talento para sorprender al amigo y al enemigo: esas son cualidades de Martín Garatuza por lo cual es reconocido por su gente que le ve como líder y promotor de toda causa a la que le han de seguir con los ojos cerrados. Esa actitud le ha de llevar hasta las alcobas del nuevo virrey, que se encuentra dentro de un conflicto en que la sociedad se expresa en sus emociones más encontradas. Relato sabroso, obliga a seguirle renglón por renglón: Llegó la hora de sentarse el virrey a la mesa, y los convidados esperaron que S.E. lo hiciera, y luego cada uno buscó el lugar que mejor convino. […] detrás de Su Excelencia, pendiente de sus menores movimientos, adivinando en sus ojos los deseos, estaba el lacayo que había hablado con el mayordomo; él solo servía vino al virrey, retiraba los platos, presentaba otros nuevos, iba y venía; pero con tanta actividad, con tanta delicadeza que el marqués de Cerralvo no pudo menos que llamar sobre ello la atención del visitador, con quien por razón del largo viaje que juntos habían hecho tenía más confianza.

Leer novelas es delicia, un gozo, pues bien dice Rodríguez Zapatero, la historia de todas las historias se escribe en el área de la Literatura y no en las otras profesiones del ser humano.