El Siglo de Oro

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Pensar en el contexto histórico en que vivió Juana Inés resulta importante para comprender cómo es que el Santo Oficio en la capital novohispana no la tomó de manera dura y cruel con ella. Se insiste en la defensa que de ella hacen las virreinas Doña Leonor Carreto, y la Condesa de Paredes, pero es justo que pensemos no sólo en el mundo histórico del Méjico del siglo XVII, resulta necesario ir a España, el país imperial, y comprender cuáles son los hechos políticos, económicos, militares y culturales de esos años, que son en número de 47 años los vividos por Sor Juana desde su nacimiento el 12 de noviembre de 1648 y hasta el 17 de abril de 1695. 47 años de existencia, casi cincuenta años que nos dicen de una mujer cuya genialidad aparece en muchas partes de ese siglo.

 

Primero debemos recordar que el fallecimiento de don Luis de Góngora se da en el año de 1629, casi 30 años antes de la llegada de Juana Inés al mundo. Y que la desaparición de Francisco de Quevedo, el otro genio de las letras en el Siglo de Oro, quien fallece en 1654. En los dos casos durante su juventud Sor Juana podemos decir que le ha de leer con fruición debido a que la literatura de ese Siglo aparece en las letras de la Nueva España como resultado del progreso cultural y literario que es muy dinámico en el país imperial, tanto como en la Nueva España. Pues sólo así podemos comprender la cultura de la décima musa y de genios sabios cono don Carlos de Singüenza y Góngora, por no hablar del dramaturgo Juan Ruiz de Alarcón.

 

Cito al sorjuanista Carlos Elizondo, con quien tuve largas travesías a través del territorio mexiquense, hablando en particular sobre la fecha del nacimiento de Sor Juana Inés en noviembre de 1648, y no como lo divulgaron la mayoría de autores y editoriales en noviembre de 1651: fecha que daba Juana Inés de la Cruz; para que no fueran aquellos, que no le querían, y así, poder calificarla en público de hija bastarda. Nuestras charlas giraban en torno a su necesidad de mentir ante ese grave problema: problema que quizá fue motivo de que se recluyera, primero, en el Convento Carmelita, pues la fama de hija bastarda tarde o temprano se haría público y hubiera sido un grave momento para la Corte y para Juana Inés. En el libro que compuso como un drama titulado La Décima Musa, publicado bajo su responsabilidad, pues don Carlos pagó la edición; texto bastante didáctico para revisar la vida de Juana Inés de manera sencilla y bien explicada. En su Cuadro Primero hace aparecer los siguientes actores: (Un salón de reuniones en el palacio virreinal de la ciudad de México, una tarde, en octubre de 1666. El Márquez de mancera don Antonio Sebastián de Toledo, virrey de la Nueva España, y su esposa doña Leonor Carreto, conversan con algunos de los cuarenta hombres sabios que fueron convocados ese día para examinar los conocimientos de la joven Juana Inés, quien vive en el palacio como dama de honor de la virreina. Entre los sabios congregados, se encuentran en el salón don Carlos de Singüenza y Góngora, los sacerdotes Juan de Guevara, Antonio Núñez de Miranda, confesor de la virreina y de Juana Inés, Manuel Fernández de Santa Cruz y Diego Velázquez de la Cadena). Estamos en el año de1666, tratando de saber cuál es el motivo de cultura tan seria y profunda que tiene esta jovencita de 18 años, y cómo, es posible que tenga un examen ante los más sabios de la Corte en ese año.

 

La lección que recibimos de esos años, es que Juana Inés es ya prodigio de sabiduría. Esa fama es la que por décadas le ha de atraer admiración de las Virreinas y de cortesanos de la misma vida política y económica; pero seguramente ahí se irían enquistando los huevos de la serpiente de la envidia, el rencor y el odio, al saber que esa mujer es dechado de virtudes, que se subraya tiene en su sabiduría sus mayores bienes. Leer y más leer para saber más e ignorar menos. Esa fue su fórmula como autodidacta. Fue la fórmula para huir de la ignorancia, y dejar su destino en manos del medio ambiente de su generación: que en el caso de la mujer, era dedicarse al hogar al servicio de su amo, el esposo, que le hubiera deparado el destino. O como hace aparecer don Carlos Elizondo, en Silvio, que la quiere tener sólo como amante, pero sin necesidad de matrimoniarse con ella. No la admiraba por su sabiduría, sólo le gusta por su belleza y buen porte, dentro de la vida cortesana.

 

En el estudio del contexto histórico en que vivió Sor Juana Inés nos damos cuenta así que tanto en vida de la Corte en la capital novohispana, como en influencia que llega a la misma, desde la España Imperial, se nota, que si bien Juana Inés llega décadas después de la presencia física de los mejores escritores que pertenecen al Siglo de Oro: la influencia de ellos, en la obra de Sor Juana está presente. Tanto es así, que su obra cumbre en el campo de la poesía que ella titula El Sueño — o como lo titulan sus estudiosos Primero Sueño—, obra de características metafísicas, que para aquel siglo XVII es un prodigio de talento, inteligencia y conocimiento de la mejor poesía del siglo que vive Juana Inés, pues se le considera al nivel de Las Soledades de don Luis de Góngora.

 

En la revista Historia de España y el Mundo, número 169 leo el ensayo El monarca que creó España / Felipe IV / El rey del Siglo de Oro. Me parece interesante porque comprueba la importancia del siglo XVII en la cultura española y por lo tanto de sus territorios en América Latina. En el texto escrito por Luna González Alijarcio leo: El Mecenazgo de Felipe IV / Durante el reinado de Felipe IV el Siglo de Oro alcanzó su máximo esplendor. En su corte, las artes disfrutaron especialmente del favor real, siendo un gran patrón de los buenos ingenios de su tiempo. Tanto el Conde de Olivares como el monarca confiaban en que todos estos talentos redundarían en su gloria y proclamarían sus virtudes. / El rey era un asiduo lector, especialmente de libros de Historia. El incendio del Alcázar en 1734 hizo desaparecer una valiosa cantidad de obras de arte y libros, que habían pertenecido a la colección personal —algunos incluso escritor por él— Desde su juventud y por influencia de su valido, sintió pasión por la pintura, la literatura o el teatro, asistiendo de incógnito, como es bien sabido, a las representaciones de comedias en los corrales de Madrid. Asimismo, promovió la aparición de nuevos estilos escénicos en los que la danza o la música ocupaban lugares centrales. / En estos años, Madrid se convirtió en una suerte de escenario permanente de constantes celebraciones de acuerdo al gusto barroco. Actos religiosos, fiestas o recibimientos de insignes personalidades, que a menudo tomaban como escenario la madrileña Plaza Mayor, donde se exhibía por doquier lujo y artificio para mostrar la grandeza de la monarquía.

 

Pensar en la España y su capital Madrid, es pensar en la Nueva España y su capital Méjico. Y lo que relata la historiadora Luna González, es lo que sucede en nuestro país en últimas décadas del siglo XVII. En sucesos parecidos a los de Madrid, una autora ha de estar siempre presente: Sor Juana Inés de la Cruz ya componiendo villancicos o Arcos Monumentales con sus bellas poesías y versos, que hablan del dignatario que arriba a la Nueva España, o de las riquezas y bellezas de este país de fortuna inconmensurable. Debemos de entender a Sor Juana Inés en el contexto no sólo de la Nueva España, sino también, en la presencia de la España Imperial, que es obligado ejemplo, en el nuevo continente, como los españoles le llaman. Los virreyes en ese siglo se planteaban seguir el ejemplo de grandiosidad que Madrid tenía: Sino ¿Cómo es que podemos comprender que Méjico fuera la capital más grande y hermosa de la Colonia en todo el continente americano, si es copiando lo que se hace en la orgullosa capital imperial?