EN LA PIRINOLA DE TRUMP… TODOS PIERDEN

Views: 541

“Trump puso aranceles para proteger la economía de USA… y terminó disparándole en el pie con una pistola Made in China”

Adalberto Füguemann

Analista económico y crítico del proteccionismo sin brújula.

MUERTE ANUNCIADA: Como era previsible en grado máximo, el 2 de abril, Donald Trump anunció una nueva serie de aranceles como parte de su estrategia de “protección a la industria nacional”, reavivando los temores sobre una guerra comercial a gran escala. Aunque señaló, perversamente, que usaría los aranceles como herramientas para proteger el empleo doméstico y la producción nacional, su aplicación tiene, sin discusión, consecuencias negativas de gran alcance.

En el contexto global actual, esta política-berrinche-estupidez es el origen -el cerillo que enciende la mecha- de una recesión económica que se dará no solo en Estados Unidos, sino también en la economía de sus principales “socios comerciales”, hoy convertidos en enemigos gratuitos por obra y gracia de sus deterioradas y escasas neuronas.

La primera consecuencia lógica de una política arancelaria agresiva es la contracción del comercio internacional. Los aranceles elevan el precio de los bienes importados, disminuyendo su demanda y, por ende, el volumen general de intercambios. Esta disminución afecta directamente a la producción, la inversión y el empleo, debilitando uno de los pilares del crecimiento económico moderno.

Las empresas estadounidenses dependen, en su mayoría, ya lo señalamos en este espacio, de cadenas de suministro globales. Aranceles (impuestos) sobre materias primas, maquinaria o componentes intermedios elevan sus costos de producción. Como resultado, muchas firmas enfrentan el dilema de absorber esos costos (reduciendo sus ganancias o generando pérdidas) o trasladarlos al consumidor (encareciendo sus productos), ambas opciones con consecuencias económicas adversas.

Este incremento de precios tiene un efecto directo sobre el poder adquisitivo de los hogares. La inflación reduce el consumo, que representa más de dos tercios del PIB estadounidense y el 71.9% del PIB mexicano (mucho ojo). Si los hogares gastan menos debido al encarecimiento de bienes importados, la demanda agregada cae, y con ella la producción y el empleo, basta recordar la Gran Recesión 1929-1933 con exactamente los mismos ingredientes.

LA INUTIL GUERRA COMERCIAL: Uno de los efectos más peligrosos de los aranceles es la retaliación, la venganza, pues. Países afectados, como China, la Unión Europea, Canadá, Japón o México, han respondido con medidas similares (“recíprocas” le llaman los puristas) sobre productos estadounidenses clave. Estas represalias afectan a sectores como la agricultura, la industria automotriz o la tecnología, que dependen de las exportaciones. El resultado es una espiral de medidas proteccionistas que profundiza la desaceleración económica y elimina las VENTAJAS COMPETITIVAS de la economía regional.

La relación con México adquiere una relevancia especial. Como segundo socio comercial de Estados Unidos, México es clave en la cadena de valor de múltiples industrias, especialmente la automotriz, la electrónica yla agroalimentaria. Las amenazas arancelarias a productos mexicanos —como ocurrió en 2018 y 2019 bajo el argumento de frenar la migración— desestabilizan esta relación estratégica. Además, los aranceles a productos mexicanos repercuten directamente en los precios al consumidor en EE. UU., ya que muchos bienes importados de México -o de cualquier país de la enorme y ridícula lista que exhibió en los jardines de la casa blanca- son insumos esenciales o productos terminados con demanda constante. Esto amplifica el impacto inflacionario y la incertidumbre empresarial.

Las guerras comerciales introducen una volatilidad que erosiona la confianza empresarial. Este fenómeno, o mejor dicho, respuesta lógica, inició dos minutos después de los 48 que ocupó la perorata de Mr. Trump en los jardines de una manchada Casa Blanca.

Las empresas posponen decisiones de inversión o expansión debido a la falta de claridad en las reglas del juego. El gigante del sector automotor Stellantis anunció el pasado jueves que suspenderá la producción en algunas plantas en Canadá y México, la medida de la compañía propietaria de Chrysler, Jeep y Dodge afectará directamente a miles de trabajadores.

Esta reducción en la inversión afecta la creación de empleos, la innovación y el crecimiento a largo plazo, elementos esenciales para mantener la economía en expansión. Nadie sabe a ciencia cierta qué pretende el señor Trump con estas absurdas medidas, lo peor es que México no responde en consecuencia y hasta felicita al personaje de marras por no pegarnos tanto como a otros.

La política arancelaria trastorna las cadenas globales de valor, forzando a las empresas a rediseñar procesos logísticos y de manufactura. Esta reestructuración es costosa y, en muchos casos, menos eficiente. Sectores como el automotriz, donde México y EE. UU. están profundamente integrados, se ven particularmente vulnerables a estos trastornos.

No solo la producción física es afectada, la declaración de guerra comercial generó volatilidad en los mercados bursátiles y financieros. Los inversionistas reaccionaron negativamente ante el riesgo de desaceleración económica y se dieron, de inmediato, caídas históricas en los índices bursátiles fuga de capitales hacia activos más seguros, que, obviamente, no son los dólares ni los denominados en dólares. Esta incertidumbre repercutirá en los costos de financiamiento para empresas y gobiernos.

ADIÓS GLOBALIZACIÓN. LLEGÓ LA TRUMPILIZACIÓN: Dado el tamaño de la economía estadounidense, sus decisiones proteccionistas tienen efectos de contagio global. Una disminución en el comercio y en el crecimiento de EE. UU. reduce también la demanda global, afectando a exportadores, más caras, desde luego, de todo el mundo. Esta desaceleración encadenada aviva las tendencias recesivas y limita las herramientas de política económica a nivel global.

En el plano laboral, en el que México aún no se repone de los efectos de la pandemia, por el nulo apoyo de políticas públicas a minis, pequeñas y medianas empresas (QUPD), las consecuencias también son significativas. Sectores altamente expuestos al comercio, como la agricultura o la tecnología, sufren ya pérdidas de empleo a causa de la caída inminente de exportaciones. A nivel regional (T-MEC), esto conlleva crisis económicas localizadas, aumentando la desigualdad y la presión sobre los servicios y programas sociales. ¿Ya visitó usted el súper después del 2 de abril?

Una economía que se desacelera genera menos ingresos fiscales. Al mismo tiempo, la necesidad de amortiguar los efectos sociales de la recesión puede empujar al gobierno a aumentar el gasto y la deuda públicos. Esta combinación agrava el déficit fiscal, limitando la capacidad de respuesta frente a nuevas crisis, adicionalmente, incrementa el costo de la deuda pública (dinero más caro).

Finalmente, una política proteccionista prolongada beneficia a sectores menos competitivos que dependen de la protección del Estado para sobrevivir. Esto desalienta la innovación y la productividad, erosionando la competitividad global de la economía estadounidense. A nivel geopolítico, además, socava la confianza en el sistema internacional que lideraba nuestro norteño vecino, al abandonar su tradicional rol como defensor del libre comercio.

DE FONDO: México se congratula y agradece al presidente Trump (al que denostaba apenas hace un mes), porque “respetó los términos” del mal llamado Tratado de Libre Comercio. Bueno, las sanciones que impondría la Organización Mundial del Comercio (OMC), serían superiores al 25% de los aranceles. Curiosamente este señalamiento salió de los propios inversionistas de USA y no de los “negociadores” (vacacionistas) mexicanos.

DE FORMA: Y subió la bolsa mexicana el fatídico 2 de abril. No nos explicaron que aunque los productos que están en los capítulos del T-MEC no incrementan su arancel (hasta la próxima revisión, plan Trump), los bienes que importamos de los Estados Unidos ya tendrán el impacto de precio en sus componentes importados de los 122 países de la ridícula tabla de Trump (que alguien le diga que ya existe el Excel para evitar las cartulinas).

DEFORME: Imponer aranceles sin estrategia clara no es proteger a la economía, es condenarla al aislamiento, al encarecimiento y al estancamiento. En lugar de levantar muros de tarifas, se necesitan puentes de competitividad. Porque en la economía global, el proteccionismo mal calculado no es defensa: es autogol.