Escribir sobre don Poncho
Un libro invaluable para el conocimiento de Alfonso Sánchez García, periodista, poeta, cuentista, relator, estudioso de la historia del Estado de México, y cronista inolvidable para los toluqueños y para los mexiquenses. Pues pertenece a la mejor generación de cronistas que ha tenido la entidad desde antes de 1981 en que don Mario Colín Sánchez, como director de Patrimonio Cultural designó a cerca de una veintena de investigadores, historiadores, periodistas y sobre todo con el perfil de cronistas de ciudad y en nueva designación municipales. La entidad con esa visión de patriarca cultural que fue don Mario, adelantó en el país la idea de ir más allá del cronista de Ciudad. Por esa designación es que nace la institución estatal de cronistas, que como señala con acierto Pedro Gutiérrez Arzaluz, hoy decano de la crónica en la entidad y excelente maestro de lo que debe ser el verdadero cronista más allá de la denominación de Ciudad, Municipal o Comunidad, más allá de instituciones universitarias o culturales. Ya que el cronista cuando lo es, lo es por sus escritos y sus publicaciones y no sólo por decirse cronista de alguna oficialidad pero sin escritos y mucho menos sin publicaciones que le den la legitimidad que merece cuando cumple con el dictado que el propio don Poncho señalaba: El escritor es el que escribe y publica, lo demás son palabras al aire que no valen nada. Así me lo decía una y otra vez, cuando charlaba con él en su oficina de la subdireccción de Patrimonio Cultural del Gobierno del Estado de México.
El cronista, género de géneros de la Literatura, bien puede ser un relator de lo que sucede de forma oral. O guardando la tradición, lo hace escribiendo la experiencia del pasado en sus estudios e investigaciones; en el relato de lo que sucede ante sus días cotidianos o por plantear el reconocimiento, en el estudio de sus colegas que mucho le han de enseñar a andar por el sendero correcto, del que cuenta lo que sucede con objetividad y ajeno a indicaciones o mandatos ideológicos. Tanto que reflexionar sobre don Poncho, en su vocación de escritor y en particular de la tarea de cronista, que se oficializa en 1981 a través del nombramiento que recibe para ser Cronista Municipal de Toluca. Tanto que hablar de los cronistas de mi tierra: Toluca y Estado de México, desde aquella bella experiencia en que fui Coordinador General de Cronistas Municipales en la entidad. Don Poncho me dejó su huella, orgulloso de ella. Pero también Ricardo Poery Cervantes de Naucalpan, Alfredo Fragoso Castañeda de Cuautitlán, Isaac Velázquez de Santiago Tianguistenco, Ignacio González Polo de Polotitlán, Dionicio Victoria —estudioso de la historia y la crónica con sabiduría que llevó en humildad y nada de soberbia en su saber—, Margarita Loera Chávez y Peniche —primera presidente de la AMECROM, legalizada en enero de 1986—, Imoff Cabrera de San Felipe del Progreso, Alfredo Borboa de Sultepec, don Antonio Huitrón de Huixquilucan, José Luis Alanís Boyso de Tepetlixpa, y para cerrar esta bella experiencia, en mis relaciones con cronistas municipales, en particular, con Pedro Gutiérrez Arzaluz, que igual escribe de tradiciones o leyendas, de sucesos de su amado municipio de Ocoyoacac, donde ha sido por más de 4 décadas el cronista y tiene una obra publicada invaluable, no sólo para ese municipio, sino para bien de la entidad: es necesario citar que en mala experiencia, relata que autoridades municipales por más de 30 años jamás le han hecho caso, o atendido sus solicitudes.
Es el pan diario de todo cronista o archivista en la entidad por desgracia. Justo es citar que Toluca con sus cronistas ha tenido relación de afecto y, la prueba de ello es todo lo que apoyó a don Poncho, Margarita García Luna Ortega y Gerardo Novo Valencia, tal y como se ve en sus libros. Bellos recuerdos pues, junto a Pedro, debo citar que recuerdo bien al sabio y joven Nestor Granillo B. de Tecámac, a José Guadalupe Palacios de Mexicaltzingo, también a Fernando Bojorges de Ozumba y, Esperanza Baca de Huixquilucan, quien ocupó el lugar al fallecer el sabio don Antonio Huitrón y, tantos otros como Alejandro Ramírez Curiel, decano cronista del municipio de Zumpango.
Todo ello, girando en torno a don Poncho, mi maestro en el hablar y estudiar el mundo de los cronistas. Para saber que el género de géneros que es la Crónica, es por antigüedad el más antiguo de la Literatura, primero verbal y después en la palabra escrita —no es un género menor—, como lo creen la mayoría de los que hablan de la Literatura, sino el padre y madre de todos los demás géneros, por ser la voz más antigua del hombre y la mujer en la Tierra. A partir de ese respeto, es que me viene el admirar y aquilatar más a don Poncho, pero también a quienes desde Toluca han inscrito en sus obras los que ha sucedido y sucede en la capital mexiquense: Javier Romero Quiroz, Javier Ariceaga, Gloria Díaz González, Pepe Nader, Inocente Peñaloza García, Rodolfo García Gutiérrez, Mario Colín Sánchez, Gustavo G. Velázquez, Margarita García Luna, Alejandro Ariceaga, Gerardo Novo Valencia, Guillermo Garduño Ramírez, Alexander Naime, Bertha Abraham Jalil, Gerardo Ozuna Rivero, y aquellos que vienen del siglo XIX y hacia el XX: Aurelio J. Venegas, Miguel Salinas Alanís y tantos más que he de ir estudiando uno a uno, para señalar sus aciertos que nos han ayudado a comprender en gran parte lo que Toluca, ciudad y municipio ha sido a través de los siglos y en su presente que es complejo, caótico por razones que no son justos a tanto esfuerzo por fundar una Ciudad ejemplar en el país y ante el mundo.
Somos una tierra de literatos, de escritores que en algunos casos se han dedicado con pasión al tema de la crónica y por ellos hablan sus obras publicadas al por mayor. Orgullo es ver que Toluca en todos sentidos es ejemplo en el país por obra publicada en muchas áreas de su crecimiento en la historia de México.
Recuerdos y recuerdos que son parte de la crónica que es la vida de todos y cada uno de los seres humanos que vivimos en la entidad, el país y el mundo. Por eso es bella la crónica, pues pertenece a todos, y nadie puede señalarse como fedatario por sí solo de la misma. Es de todos y participa para todos los días del año con sus noches. Al seguir las líneas del texto que escribe otro cronista, su hijo Alfonso Sánchez Arteche, con sus hermanos Miguel Ángel Sánchez y Rodolfo Sánchez Arce, los tres, bajo la mano sabia y segura de Poncho Sánchez Arteche es que hacen un libro que dicen correctamente en paréntesis: (páginas autobiográficas). El índice es bastante elocuente de la riqueza de este libro editado por la Universidad Autónoma del Estado de México en el año 2001, siendo resultado de una Convocatoria de la UAEM. Me resulta un libro obligado para saber de la riqueza que como escritor tuvo don Poncho, basta leer este párrafo que resume su autobiografía, por así decirlo: En lo que a mí se refiere, anduve en tierra firme, a veces incluso sobre el asfalto nuevo, pero también me metí en las charcas de la vida y en las sórdidas piscinas de la sociedad, de donde es posible que salga uno limpio, sí, pero bastante contaminado. Vi todas las cosas que ven, impávidos, miles de hombres todos los días. Y anduve en ellas con la gregaria despreocupación del prójimo (…). Así anda uno y ni cuenta se da de lo que sucede en el entorno. Tanto nos vemos hacia dentro, que olvidamos que la vida está pasando ante nosotros —como dice el genio musical de John Lennon—, ajena a nuestros deseos y sucesos que angustian nuestro diario vivir. Otra cita me impresiona: No importa lo que haya sucedido, no voy a pedir justificación alguna. Estos contemporáneos míos no fueron locos desequilibrados, maniáticos ni viciosos. Fue el mundo dado a mi generación, al que tenían que adaptarse o sucumbir. Eso se le admira a don Poncho, su conciencia del mundo en el que vivió, con objetividad supo vivirlo por lo que la amargura no fue su compañera permanente, sino la felicidad de ser lo que fue ante su generación y para quienes fuimos sus alumnos agradecidos.

