FAMILIAS, REGRESO SEGURO Y POSPANDEMIA DIGITAL

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La reactivación de actividades presenciales se advierte inminente en diversos sectores de la sociedad como parte de las medidas necesarias para la supervivencia en función de la actividad económica y la continuidad de los ciclos de las actividades y convencionalismos de las personas que pretenden superar lo acontecido este año.

El cierre del ciclo escolar en un entorno de telepresencia constituyó un gran esfuerzo por parte de ciudadanía, empresas y gobiernos, para mitigar el alcance los contagios entre toda la población, al constituir el principal dinamismo de la sociedad que conlleva gran parte de las interacciones personales, lo cual se dio, ante un escenario optimista de un regreso que esperaba que el confinamiento fuera temporal frente a experiencias de otros países, entre los cuales, el que fue el origen de la pandemia, en los que observó que las actividades educativas se reactivaron después del plazo de confinamiento utilizando para ello ciertas medidas de seguridad.

Sin embargo, en el caso mexicano no solamente no se regresó a la actividad escolar, sino que tampoco se cuenta con una perspectiva de retorno seguro, lo cual, debe ocupar el día de hoy una posición especial en el que las familias deben constituir una perspectiva particular en las medidas de reactivación.

Esto es así, ya que si bien las medidas adoptadas hasta el momento en nuestro país han permitido que la atención médica haya cubierto la demanda de las enfermedades que se han presentado en el periodo, incluyendo el COVID-19, esto ha representado un costo alto en la economía que no puede seguirse manteniendo de la misma manera, ya que todos los sectores deben procurar regresar a sus actividades a fin de que la producción y el consumo generado permita la redistribución de la riqueza y la sostenibilidad.

Por otra parte, no puede perderse de vista que este periodo, desde el punto de vista del ciclo escolar, puso en riesgo el año lectivo de un número considerable de alumnos, sobre todo de grupos vulnerables y de escasos recursos que ante la implementación de las medidas de confinamiento, simplemente suspendieron las actividades escolares y la brecha de desigualdad se hizo evidente ante la incomunicación del alumnado con los centros escolares, y si bien, existió la posibilidad de reconocer el acreditamiento de las materias por las circunstancias excepcionales, un nuevo ciclo bajo estas condiciones pudiera generar afectaciones más considerables y más desigualdad en ciertos grupos, puesto que no se reflejará simplemente en una pausa o pérdida de un año escolar, sino que para muchos pudiera representar una deserción de los estudios ante las carencias económicas de dichos hogares, en los que la pandemia, obliga a diversificar las actividades para obtener el sustento familiar.

Sin embargo, las afectaciones también están a punto de pegar a otros estratos sociales en una clase media débil en nuestro país, que en su mayoría sale a flote de manera artificial mediante una suma de los ingresos del padre y la madre, que logran un nivel de bienestar a través de la suma de ingresos y en los cuales, el retorno a los trabajos de manera presencial no tarda en llegar, con independencia de que estén en posibilidad de trabajar de manera remota o no.

El regreso a clases del ciclo escolar 2020-2021 coincidirá con un escenario complejo en torno a la pandemia, en el que si bien, la curva indicaría que se estaría una etapa pospandemia, la demora que ha generado el aplanamiento de la curva y la falta de datos y condiciones relacionadas con el control y erradicación de la enfermedad, lo cual provocará que el escenario de confinamiento pueda alargarse para el ámbito educativo, pero que sea insostenible para los demás sectores, en un entendido que quienes hayan sobrevivido hasta ese momento, difícilmente podrían permitirse una nueva pausa ante una economía que no ha acelerado su ritmo.

En concreto, se observa que si el alumnado no regresa a sus actividades presenciales y se mantienen las actividades a distancia, esto tendrá un impacto a la actividad productiva ya que alguno de los integrantes que proveen de ingresos a los hogares estaría obligado a tomar la decisión de separarse de su trabajo para estar en posibilidad de brindarle cuidado a sus hijos, así como de acompañar su proceso educativo a distancia, a menos de que cuenten con apoyo de alguna persona o medio para cuidar de los menores, lo que eventualmente tendría un efecto en la economía de los hogares, y si bien, sean padres o madres los que podrían optar por esta decisión, por una cuestión cultural todavía siguen siendo propensas las mujeres a adoptar una maternidad digital.

¿Cuáles serían las políticas por adoptar para continuar las actividades? ¿las empresas serían afectadas indirectamente ante la disminución de la fuerza laboral de quienes se encuentran en una situación especial? ¿en caso de que esas maternidades digitales determinen no regresar a sus actividades laborales, existen condiciones para que con posterioridad a la pandemia sigan ejerciendo una maternidad digital, o pueden quedar relegadas del mercado laboral? ¿en qué medida el no tomar previsiones frente a estos problemas puede traducirse en el incremento de desigualdades económicas, sociales y de género que dificulte aún más salir del estancamiento provocado por la pandemia?

Una revisión de las condiciones de vida de cada personas pudiera revelar que gran parte de la población se encuentra en una situación de riesgo ante el COVID-19, sin embargo, lo que provoca que la reactivación de actividades implica por sí misma un riesgo particular para todas y para todos, pero que eventualmente requiere que ciertos sectores, como el educativo, se evalúe de manera especial una decisión de mantener el confinamiento o el regreso a las actividades con medidas particulares, que sean compatibles con el entorno laboral de padres y madres.

En consecuencia, podría parecer que en este periodo de descanso sería una buena oportunidad para evaluar protocolos para el regreso a actividades escolares, en el cual, el primero será determinar de manera clara si existirá un regreso presencial y no, y, en función de ello, buscar una solidaridad social que permita facilitar que los sectores de la sociedad puedan continuar con sus actividades en consecuencia, sean presenciales o no, a fin de evitar que las afectaciones económicas se incrementen por la disminución de ingresos de los hogares que eventualmente no podrían ser compensados por otro medio.

Ello, implica que desde ahora, los centros laborales deberían considerar dentro de sus protocolos de regreso, además de identificar factores de riesgo en torno al personal que conforma las instituciones, también favorezca la permanencia de sus integrantes a través de medidas especiales que resulten compatibles con las que se adopten en los entornos escolares, como podría ser el mantenimiento de las medidas de trabajo a distancia para aquellos padres o madres que deban de cuidar a sus hijos, en una eventual ampliación de la suspensión de labores presenciales en las escuelas.

Hasta la próxima.