Fervor por la Virgen

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Mi Virgen de Guadalupe.

Hoy, en la víspera de la celebración de la Virgen de Guadalupe, y con el permiso de los lectores del periódico Poder Edomex, que tienen la amabilidad de seguir mis letras cada semana, y por lo cual les estoy profundamente agradecida. Me voy a permitir iniciar contando mi historia personal sobre la madre de los mexicanos, a la que amamos, le tenemos fe y la veneramos.

Mis experiencias.

Desde niña, mis padres me inculcaron el amor y la veneración por Mamá Lupita, como le decían ellos, y me enseñaron a nombrarla así. Siempre con mucho respeto, delicadeza y amor.

Recuerdo que a diario la tenían presente en sus oraciones y la ponían por delante en todo lo que hacían (planes, proyectos, metas, en la siembra, en la cosecha y, sobre todo, a la hora de poner en sus benditas manos a la familia o para solicitar algún favor especial).

Me platicaban que, en mis primeros años de vida, mi salud era muy delicada, por lo que, en sus oraciones, acudían a la Virgen Morenita, suplicando que intercediera ante su Santísimo Hijo por mi salud e incluso hacían mandas o promesas de llevarme a visitarla a la basílica, como agradecimiento por atender sus plegarias.

Mi madre sabía que nadie mejor que la Virgen de Guadalupe para entenderla y escucharla, ya que, al ser la Madre de Jesús, entendía perfectamente sus sufrimientos y los de todas las madres de familia cuando atraviesan por momentos difíciles.

Así que, desde niña, me he sentido muy cercana a Ella, como una verdadera madre que siempre está ahí para escucharme y ser la mediadora entre Dios y yo.

Ahora, en mi adultez y madurez, siendo madre también, cada mañana le encomiendo a mis hijos, familia y seres queridos, sin olvidarme de los más necesitados. Y al hacerlo, es como si se me fueran todos mis miedos y temores, como sentir que su protector amor nos protege de las inseguridades y los peligros que puedan existir fuera de casa. Sé que yo no puedo cuidar de las personas que amo y estar con ellos en todo momento y en todas partes, pero si Dios y Ella están con nosotros, con el manto protector de su amor, me siento segura y sé que ellos también lo estarán.

Mi sentir.

La Santísima Virgen tiene un lugar muy especial en mi corazón y en mi vida; no es algo nuevo, Ella me acompaña desde siempre, en lo personal y en lo familiar, como una verdadera madre, la amorosa y comprensiva que siempre está dispuesta y es a quien le puedo hablar con toda confianza, con la certeza de que siempre tiene un lugar y un tiempo para mí.

Es por todo el amor que le tengo, que ruego a Dios que no se aparte nunca de mi vera, que, con su bendita e infinita bondad, permita que nunca me falte su luz y su amor.

En la bendición a mis hijos, siempre está presente. En la siguiente oración, que me parece muy hermosa, cuando la escuché por primera vez, me hice el propósito de aprenderla de memoria; desde entonces, todos los días la pongo en práctica, en especial cuando hay que salir de casa, sea yo o alguno de los miembros de la familia: 

Dulce Madre, no te alejes, tu vista de mí no apartes. Ven conmigo a todas partes y nunca sola me dejes. Ya que me proteges tanto como verdadera Madre, haz que me bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén.

Cuando puse atención en la letanía, descubrí que en ella se hace mención a los títulos más bellos con que se la pueda nombrar. Sé que solo Ella y nadie más que Ella, mi Virgencita adorada, podría ser merecedora de tan preciosos nombramientos.

A continuación, cito algunos de ellos:

Santa Madre de Dios

Espejo de justicia

Causa de nuestra alegría

Puerta del cielo

Estrella de la mañana

Salud de los enfermos

Consuelo de los migrantes

Reina de la paz

Mi poema para Ella.

Virgencita milagrosa

Madre mía de mi alma,

gracias por estar ahí

en esas horas aciagas.

En momentos de alegría,

en el tañer de campanas,

en la luz del nuevo sol

con tu rostro de alborada.

Por ser mi luz y mi roca,

mi laurel y mi guirnalda,

el brazo que me sostiene

y un remanso de agua clara.

Donde beben mis amores

de los tuyos, Madre Santa

porque cuando acudo a ti

llenas de bondad mis arcas.

Sabes bien lo que me aqueja

sin decir ni una palabra,

y con solo ver tus ojos

me das la luz que me falta.

Mi pequeñez, ¿qué te ofrece?

más que mis rimas de plata

y estos mis humildes versos

que poseo como alhajas.

Nunca me niegues tu luz

de confianza y esperanza,

que no me falte tu amor 

con aroma a rosas blancas.

Porque si estás a mi lado

con lo claro de tus aguas,

¡Madre mía de Guadalupe!

Mi felicidad se agranda.

Semblanza.

La Virgen de Guadalupe es para los mexicanos un símbolo poderoso de identidad nacional, unión, fe y resistencia, trascendiendo lo religioso para ser un emblema cultural que, conectando el pasado indígena con el presente, nos ofrece consuelo y esperanza. Y un sentir de pertenencia a las clases sociales que con amor y devoción la amamos y adoramos desde la milagrosa aparición a Juan Diego en el cerro del Tepeyac. Estando Ella presente en las luchas sociales de independencia y que hasta el día de hoy sigue omnipresente en la vida cotidiana de la gente.

La Virgen de Guadalupe también es venerada fuera de México, en países con fuertes lazos culturales y comunidades mexicanas o latinas, como Estados Unidos, con misas en Nueva York. En algunos países de Centroamérica como Guatemala, El Salvador, Venezuela, Colombia, Perú y Bolivia, así como en Argentina. Fue proclamada «Patrona de América» por el Papa Juan Pablo II. En Europa, España, en sus distintas comunidades, en Italia, en Francia e incluso en lugares como Israel y la República Checa.

¿Por qué en esos lugares?

Porque fue tal la devoción, que se extendió con la migración de mexicanos, convirtiéndola en un símbolo de identidad para los hispanos que, por distintos motivos, se fueron al extranjero, donde echaron raíces y siguen aquellas costumbres que en tiempos pasados nos inculcaron los que siempre la amaron.

~•~

Y siguiendo con mi sentir, un Acróstico para ti, Madre del amor hermoso y reina de mi país.

Vaso espiritual

Inmaculado.

Rocío sacrosanto,

Gestado desde el amor

Eterno que todo lo puede y

Nada le puede.

Dios hizo en ti a la 

Estrella inapagable que,

Guarda en su esplendor las

Uvas y las vides de los

Amores purificados.

Desde la raíz de la tierra

A los confines del cielo,

Luces tu ropaje santificado,

Ungido y bordado

Por las manos de Dios y,

Es en tu alma donde converge lo sagrado.

¡Viva mi Virgen de Guadalupe!