Filósofos modernos
Estudiar la visión de los filósofos con respecto a la mujer nos lleva de sorpresa en sorpresa. Tal parece que los pensadores pusieron el tema de la mujer en un apartado, del cual llegan a esbozar sólo algunos momentos, pero su motivo de estudio principal es el ¡Hombre! Cuenta en su libro Federico Nietzsche titulado El viajero y su sombra publicado por Plutón Ediciones en el año 2010; leo del reseñista: Obra aparecida en 1880, cuando su autor ya estaba casi completamente ciego. Se trata de una serie de largos y por su contenido, elevados pensamientos presentados en forma de aforismos, trescientos cincuenta. Tratan de los más variados temas: de tipo moral, religioso, culturales, sociales, familiares, políticos… así como de reflexiones personales con una claridad de estilo y una agudeza mental, inigualables. Nadie como Nietzsche supo desvelar sin apartarse nunca de su tema central favorito. El ser humano.
Largas reflexiones en lenguaje sencillo, pero a la vez elaborado. Una sola idea le da para desplegarse por la página con una serie de pensamientos que hay que meditar letra por letras y paso a paso. Por ejemplo: El hombre, el que mide. —Quizá pudiéramos retrotraer todo el origen de la moralidad del hombre la gigantesca conmoción interior que se apoderó de la humanidad primitiva cuando descubrió la medida y la evaluación, la balanza y el peso. (Conocida es que la palabra “hombre” significa “el que mide”: ha querido denominarse según su gran descubrimiento) Estos nuevos descubrimientos le elevaron a dominios imponderables, que primitivamente no parecían tan inalcanzables. Idea que sorprende por falta de conciencia del ‘hombre’ para entender que si le toca medir, tiene obligación ética y moral, de ser medido. La regla popular dice: con la vara que midas has de ser medido, sólo que al hombre —minúsculo, pero soberbio—, por poder económico, social o político se le olvidó que ha de ser medido más pronto que tarde. Sólo Yo puedo medir, ya que por esto he sido denominado el ‘Hombre’. Y en la historia del pensamiento humano por eso el que piensa y el que mide es el hombre, aunque se equivoque una y mil veces.
Interesante es leer lo escrito por Nietzsche: El espíritu de las mujeres en la sociedad actual / ¿Qué es lo que piensan hoy las mujeres sobre el espíritu de los hombres? Se adivina, por el despecho con que recalcan en especial la intelectualidad de sus rasgos o los detalles espirituales de su rostro, que, más bien que en esto, piensan en cualquier otra cosa: hacen, al contrario, todo lo posible por esconder esas cualidades, y saben fingir, cubriéndose, por ejemplo, la frente con los cabellos, la expresión de una sensualidad y de una materialidad vivas llenas de deseos, sobre todo cuando poseen en menor grado esas cualidades. Su convicción de que los hombres huyen de las mujeres espirituales llega a tal punto, que reniegan voluntariamente de la agudeza de la inteligencia para captarse de manera intencionada la reputación de la miopía intelectual; de este modo piensan inspirar confianza a los hombres; es como si extendieran a su alrededor la seducción de una suave entonación crepuscular.
Sufrir para entender a la mujer, tal y como sufrió el genio de la psicología Sigmund Freud, que desconoce muchos de los actos de la mujer, porque a la mujer en el siglo XIX le obligaron a esconder su personalidad. Y más allá, desde el medioevo cuando el amor se realizaba fuera de las alcobas nupciales, donde el matrimonio era acuerdo de riquezas y familias, de poderes políticos, que obligan a la mujer aparentar lo que no siente en su espíritu.
Por eso Nietzsche escribe: Grande y perecedera— Lo que conmueve hasta el extremo de provocar lágrimas a los que asisten a esta escena es la mirada de alegría inmóvil que una mujer hermosa lanza a su marido. En ella se refleja toda la tristeza del otoño, tanto como consecuencia de la inmensidad como consecuencia de lo caduco, de lo efímero, de la felicidad humana. El pueblo dice que cada quien habla según le va en la feria. Cuáles fueron las experiencias desde su adolescencia del alemán conocido a finales del siglo XX en filosofía. Su enfermedad que duró largos años, pues si en el 1880 estaba en la ceguera, y su enfermedad iría de mal en peor, haciéndolo sufrir hasta su deceso en 1900 caído ya en la locura.
Los aforismos de Nietzsche son letales: Lo antifemenino— Estúpido como un hombre dicen las mujeres: cobarde como una mujer, dicen los hombres: la estupidez es, en la mujer, lo antifemenino. De igual manera señala en el siguiente pensamiento: Sentido del sacrificio— Algunas mujeres poseen la cualidad del sacrificio y no llegan a gozar de la vida hasta que su esposo no exige de ellas su sacrificio; no saben entonces qué hacer de su razón, e, imperceptiblemente de víctimas se convierten en oficiantes. Es decir, mujer y hombre son antitéticos y por lo mismo la felicidad no se logra sino como acuerdo donde la mujer espera las órdenes, y en todo caso viene a ser ‘oficiante’, pero sin la cualidad más respetada en los siglos XVIII y XIX: la Razón, como expresión de sabiduría y de buen espíritu liberal.
Es necesario regresar a Arthur Schopenhauer, quien en su texto Schopenhauer / Los dolores del mundo, en el apartado: La mujer, escribe, Fealdad y debilidad física de la mujer. Defectos de su espíritu y de su carácter. Su papel en la casa y en la educación de sus hijos. / Ha sido necesario que el talento del hombre se viera oscurecido por el amor para llamar “bello” a ese sexo de pequeña estatura, de hombros estrechos, de caderas anchas y de piernas cortas. Toda la belleza de la mujer reside en el instinto amoroso. Espíritu en crisis, en revuelta que fue el filósofo alemán, quien compitió con Federico Hegel por tener más asistencia de alumnos y público a charlas o cátedra filosófica. Hombre de juicios definitivos y duros. Propio al parecer del espíritu alemán, que se debate entre el liberalismo del centro de Europa y dureza de la educación alemana.
En su texto sobre la mujer dice: Toda la conformación de la mujer indica que no ha sido hecha para los grandes trabajos de la inteligencia o del cuerpo, ha sido hecha para la propagación de la especie. Rinde su tributo a la vida, no por la acción, sino por el sufrimiento, por el cuidado que prodiga a los hijos, por la sumisión al hombre, para quien debe ser una compañera afectuosa y paciente. Nada más lejano a doscientos años que esto sea así. Pero no nos debe de espantar que las luchas en pleno siglo XIX por parte de las mujeres era contra muros, graníticos y enajenantes muros, que no les dejaban pasar: su tarea era procrear a la especie y además ¡cuidarla! Y obedecer en todo al marido.
Si los grandes filósofos tienen tales pensamientos, siendo ellos quienes deben tener con mayor obligación tarea de hablar por la especie humana: sin restricciones de derechos para hombre y mujer por igual. El pensamiento reaccionario de que estamos hechos hombres y mujeres hace que hasta en la ciencia debamos de tener cuidado: el machismo como las religiones se cuelan por los espacios que encuentra vacíos para crear mundos brahmánicos.
Duros juicios de Schopenhauer —más bien—, ideas retrógradas que le dejan en lugar difícil de soportar, para un pensador de la humanidad. Leo sus palabras: Su vida tiene que deslizarse tranquila, más dulce y más insignificante que la del hombre, sin ser en el fondo más venturosa ni tampoco más desventurada. Casi no cuesta nada comprender que la mujer fue hecha para la obediencia. Colocadas en una situación de completa independencia, todas, sin embargo, se aproximan a un hombre, por el que tarde o temprano se dejarán dirigir y dominar. Hasta tal punto necesitan un dueño. La mujer es un animal de cabellos largos y de ideas cortas. Muy lejos queda Schopenhauer de John Stuart Mill, filósofo inglés que tuvo excelentes y justas investigaciones por la mujer.

