Fray Andrés de Castro
Si los toluqueños tenemos una idea buena de la presencia española en estas tierras, sin duda, la tenemos en la figura de buena cantidad de frailes. El buen recuerdo se refiere especialmente a Fray Andrés de Castro y sus acciones en favor de los indígenas. La plaza que tiene dedicada en el centro de la ciudad en pleno siglo XXI es emblemática. Su escultura es prueba del cariño que le profesamos, porque el escultor logró darle el sello de ternura con que se comportó con los lugareños: a diferencia de los voraces encomenderos, que aislaron al pueblo de pocos miles de habitantes sin permitirle crecer, como sí sucedía con otras villas y ciudades del país. Especial apartado Alfonso Sánchez García le da al fraile en su libro Historia del Estado de México. Escribe: pudiera dar la impresión de que los franciscanos que mayor gloria y renombre ganaron, fueron aquellos que, además de su labor evangélica, intervinieron en forma directa, activa y muy valiente en los arduos problemas de la política colonial. La presencia de Tata Vasco en el Estado de México tiene conexión con una de sus luchas a favor de los aztecas vencidos y que, por razones urbanas y rapaces, habían perdido sus propiedades en el perímetro de la nueva Capital.
En el Valle Toluca la presencia de los frailes es bien recordada por la creación de conventos e iglesias de bella presencia. Así, que poner atención a los personajes de la iglesia en los inicios del coloniaje y durante los 300 años de dominio español en estos territorios no es poca cosa. Se tiene que regresar a las novelas de Vicente Riva Palacio Guerrero, para comprender la importancia del clero durante tres siglos. Pero en ese estudio ir a buscar a aquellos sacerdotes que dieron prueba de que el cristianismo sí es una religión para el bien.
Cita don Poncho: Tata Vasco consiguió que les dieran tierras en Tultepec, islote de la gran ciénega del Chicnahuatenco o río de Toluca, donde el buen fraile se encargó de organizarlos y evangelizarlos a la buena manera de los “Doce”. Desde luego, tuvo el cuidado de brindar a los mexicas un sitio idóneo por su semejanza con Tenochtitlan, cosa que muestra el grado de delicadeza a que solían llegar estos hombres en su intento de convertir América en un mundo habitable. Tata Vasco tan querido en tierra mexiquense, tal y como lo quieren y veneran en el estado de Michoacán en un territorio en que dejó huella de sus grandes cualidades como líder de lo humano. Su pasión es en estos tiempos prueba de que España mandó no sólo bandoleros ambiciosos y criminales, sino también a personajes de leyenda que siguen siendo recordados por propios y extraños. Humildad, ternura, pruebas de quienes son excepcionales pues dedican su existencia a dar a manos llenas a los demás. Así Tata Vasco o Andrés de Castro. Fueron varios los que en el Valle de Toluca dejan su huella, cita don Poncho: El resto de la labor de los “doce” en el Matlatzinco se pierde en el anonimato. Quizá sabremos algún día cuáles de ellos, aparte de Quiroga y Gante (que no eran precisamente de los doce, pero se les puede considerar así) estuvieron en nuestra Entidad. Porque es evidente que estuvieron. Bien debemos de pensar que interesante investigación será ir al pasado para comprender la fama de los doce y los seres excepcionales que si aplicaron la doctrina de Cristo en amor por la pobreza antes que pasión y deshonestidad por el becerro de oro que lo mismo venía del medio Oriente, Europa o el Asia. Cuenta el cronista: Cuando Fray Andrés de Castro llega, en 1542, ya estaba en pie funcionando normalmente la Capilla de la Santa Cruz y la obra del convento se encontraba en pleno avance. Andrés de Castro es el único y verdadero evangelizador del Matlatzinco.
De su extraordinaria y procelosa vida escribieron poco los cronistas. Dice el maestro Miguel Salinas: La vida del apóstol de Toluca está narrada en un libro de Mendieta, (Fray Gerónimo), Torquemada y Vetancur. Los dos últimos no hicieron más que copiar el primero. Tales libros son antiguos, muy escasos y apenas leídos por algunos eruditos. La historia del paso de los evangelizadores debe atenderse con más seriedad, y cierto, dejando atrás el copiar una y otra vez, textos que han dicho poco o mucho, pero que llaman a superar la investigación de tal manera que casos como el de Tata Vasco o fray Andrés de Castro no sean escritos grises.
Al final de su texto dedicado al fraile a finales de los sesenta, en un estudio de la historia de la entidad que se debe valorar teniendo la perspectiva que han pasado cincuenta años de su obra preparada para jovencitos que estudiaban la Preparatoria, entre los cuales estuve, don Poncho dice: Fraile, misionero, sabio filólogo, según lo dice el maestro Miguel Salinas, merece el mejor homenaje de los toluqueños. Últimamente se le había dedicado una calle, nada más. Eso a principios de los setenta, ahora sabemos al visitar el centro de Toluca, dentro del complejo que conocemos como Los Portales, que la escultura del mismo está presidiendo su Plaza a un costado de La Catedral de Toluca. Retornando a los escritos del cronista: ¿Por qué interesó especialmente a Fray Andrés de Castro el grupo matlatzinca? ¿Por su rebeldía manifiesta? (los otomíes y mazahuas fueron entreguistas, ellos no) ¡Por qué los evangelizadores se habían olvidado de ellos hasta ese momento, preocupados precisamente por los otomíes? (El nombre de la Capilla de la Santa Cruz lo demuestra)… Lo cierto es que Andrés de Castro estudió a fondo a los Matlatzincas, lo aprendió, lo escribía con donaire y lo utilizaba en sus sermones con gran afecto. Cierto, prueba del entrelazamiento de la religión católica con las culturas a las que venían a catequizar es la placa que nos recuerda que para los frailes la cultura otomí tenía importancia. De esta manera dice la placa: Este “arco” y los del fondo de la sacristía formaban parte del primer templo católico que hubo en Toluca: “Capilla Abierta de la Santa Cruz de los otomíes” 1575. No es dato menor este que forma la primera construcción en Toluca, pleno centro de lo que ha de ser la construcción del Convento Franciscano, después promovido por el presidente municipal de la ciudad en 1832 para que se construyeran los primeros Portales que le dieran a la pequeña ciudad de no más de 9 mil habitantes una imagen urbana más adecuada a la importancia de ser la capital del extenso territorio del Estado de México. En 1832 todavía llegábamos a Acapulco, Cuernavaca y Taxco. Aunque ya se nos había quitado parte del territorio de la hoy Ciudad de México.
Alrededor de estas meditaciones históricas es que podemos comprender por qué los habitantes de Toluca le tenemos cariño y respeto a fray Andrés de Castro, dice don Poncho: Fray Andrés de Castro trabajó 35 años en el Matlatzinco. Bautizó a millares de indios y, como dicen sus exégetas, catequizó y atendió a millones. Oficiaba y luego pronunciaba sus sermones tres veces: una en náhuatl que también dominaba a la perfección. Otra en matlatzinca y otra en castellano. Aún anciano y achacoso, se aventuraba a caminar jornadas tremendas hacia Tenancingo, Malinalco y toda la región Ocuilteca, que no se atrevían a realizar ni curas jóvenes, por miedo a las enfermedades tropicales. Se estudia el pasado de los Matlatzincas, pero en este año de 2023 no hemos hecho un seguimiento de cuántos matlatzincas siguen vivos y son herederos de los genes de esa cultura siempre recordada y nombrada, pero poco conocida. Es en el mundo de la academia donde se revisa y se investiga con juicio el tema del Matlatzinca, destacan como lo hemos visto René García Castro con su libro que nombra así: Indios, Territorio y Poder en la Provincia Matlatzinca / La negociación del espacio político de los pueblos otomíanos, siglos XV-XVIII y el admirable ensayo, completísimo de Noemí Quezada Ramírez titulado Los Matlatzincas. Dos textos fundamentales para comprender lo sucedido, lo que sucede hoy al no comprender que ciertamente a los Matlatzincas en estos 200 años les ha faltado Fray Andrés de Castro. ¿Son acaso una cultura de triste destino nuestros ancestros que fundaron Tollocan?

