Hablemos de ser asocial
Las personas asociales suelen tener poco interés en relacionarse con otras personas o en participar en actividades que conlleven interacciones sociales. Estas personas disfrutarán mucho más de todas aquellas actividades y situaciones que puedan realizar solos/as: leer, ver películas o series, hobbies que se puedan realizar en casa… Es decir, se sentirán más cómodos/as haciendo todo aquello que no requiera la interacción social. Evitarán convivir con otras personas en la medida que les sea posible.
Algo importante es que las personas asociales, en su mayoría, sí que cuentan con las habilidades sociales necesarias para interactuar con los demás. Sin embargo, eligen relacionarse con muy pocas personas. Es habitual que su mayor interacción social tenga lugar con miembros de su familia y que en general tengan muy pocos amigos/as, o incluso ninguno/a.
Ser asocial no tiene por qué ser un problema, siempre y cuando la persona encuentre bienestar en su forma de vivir. Igual que hay personas con una vida social muy activa, otros/as prefieren pasar más tiempo a solas. Ser asocial no es un trastorno psicológico, sino una característica de la personalidad. Podemos entenderlo mejor recordando que, simplemente, hay personas que tienen una menor necesidad de relaciones sociales. Prefieren la soledad y tienen escasa motivación para comprometerse en los vínculos con los demás.
Sin embargo, como hay actividades que requieren del contacto con otras personas (cuando necesitamos ayuda, para desempeñar algunas tareas en el trabajo…), ser asocial puede ser limitante en la medida que les impida alcanzar objetivos que impliquen un mayor contacto del que estas personas elegirían o por ejemplo, en el caso de que se queden especialmente aislados.
Para emplear adecuadamente el término «antisocial» debemos saber que a lo que se refiere es a personas que llevan a cabo conductas que conllevan la violación activa de normas sociales y derechos de otros/as. Al referirnos a una persona antisocial, estamos hablando de un trastorno de la personalidad: trastorno de la personalidad antisocial. Son personas que pueden llegar a mostrar conductas agresivas y manipuladoras, afectando negativamente a quienes le rodean.
Por lo tanto, y haciendo especialmente referencia a las personas asociales que es lo que no ocupa en este post, debemos tener claro que aunque estas personas muestran una gran falta de interés social en ningún caso esto va a conllevar implicaciones con respecto a la ilegalidad o a dañar a los demás.
Las personas con rasgos asociales comparten ciertas características comunes:
1. Prefieren la soledad
Una de las principales características de los individuos asociales es que son personas que prefieren estar solas. No es que rechacen a los demás, sino que encuentran verdadero bienestar en su propia compañía. Suelen disfrutar de actividades individuales y desarrollan intereses culturales, intelectuales o creativos que no requieren de interacción social constante.
2. Tienen desinterés en las interacciones sociales
Esta es la segunda principal característica de las personas asociales. Como explicábamos al definir qué son las personas asociales, una de las cosas que más les define es un falta de interés y motivación por relacionarse con los demás, es algo que no disfrutan mucho.
3. Son independientes y autosuficientes
Las personas asociales tienden a ser independientes y autosuficientes. Sus relaciones suelen limitarse a su círculo familiar más íntimo y quizás algún amigo/a, pero aún así prefieren y priorizan su propia independencia.
4. Son reservados/as
Las personas asociales pueden dejarnos con la sensación de que son poco comunicativos/as. En sus escasas relaciones con otras personas sus interacciones carecen de contenido emocional e incluso puede transmitir la imagen de cierta frialdad.
5. Evitan multitudes y eventos sociales
Las aglomeraciones les resultan agobiantes, por lo que es poco común que acudan a eventos donde se juntan muchas personas, como podrían ser conciertos, manifestaciones, eventos deportivos… Prefieren los ambientes tranquilos y frecuentados por menos personas.
Las personas somos muy diversas y podemos tener necesidades de relaciones sociales muy diferentes, es decir, no a todos/as nos tiene por qué gustar relacionarnos con muchas personas. Entender esto puede ayudarnos a respetar las diferentes formas de vivir que existen y tener una mirada más amplia hacia la diversidad humana.
