HISTORIAS DE FAMILIA: TELAS FRANCESAS EN TOLUCA, LA MODA Y ALFONSO FAURE LÓPEZ
Alfonso Faure López ha sido un hombre entregado definitivamente al progreso de la ciudad de Toluca, al procurar desde todos los puestos en los que ha estado, el desarrollo de la sociedad y el impulso para que lo realizado sea en beneficio de todos, escribí en el libro Toluca 200. Historias de Familia, publicado en el año 2013.
Hijo de Don Alfonso Faure y nieto de León Faure, francés de nacimiento, recuerda el inicio de su linaje en estas tierras toluqueñas como una historia de emprendedores comerciantes que encontraron en la capital del Estado de México, la oportunidad de desarrollarse y establecerse en las actividades económicas, pero sobre todo, para conformarse como familia.
Al establecerse fábricas de telas de procedencia francesa en nuestro país, como la de San Pedro que hacía casimires, la de Orizaba, El Centro Mercantil, La Francia Marítima de los Señores Jan o la del Callejón del Carmen que se llamaba Industria Nacional, Don León Faure, fue uno más de los comerciantes que llegaron con la ilusión de tener éxito en este negocio, y por azares del destino se ubicó en Toluca, donde sus raíces se quedarían para siempre, inició en 1880 su negocio en el Portal Madero con la tienda llamada El Pasaje, donde vendía telas por metro.
A su muerte, Don Alfonso Faure siguió con el negocio, pero falleció a la corta edad de 47 años y su esposa Conchita mantuvo el establecimiento. Del matrimonio de Don Alfonso Faure y Doña Concepción López nacieron seis hijos, de los cuales Enrique y León ya son fallecidos, este último hace apenas cuatro años, y sobreviven Blanca, Catalina, Concepción y Alfonso Faure.
Nieto del iniciador, Alfonso Faure López recuerda sus años de infancia con mucha felicidad, estudiante del nivel primaria en la escuela del profesor Rodolfo Soto Cordero, antes llamado Instituto Vicente Guerrero, se divertía con los juegos del trompo, el yo-yo, el balero y las canicas o las anécdotas de su cumpleaños cuando su madre le hacía una merienda para que acudieran sus amigos y después fueran juntos a la tradicional fiesta de la iglesia de El Carmen.
Con añoranza, recuerda que en su niñez, se asomaban al balcón de Los Portales al tener su vivienda arriba de la tienda, y desde ahí veían pasar el tren en Portal Madero, el inicio de la calle de Galeana con un camino empedrado o los callejones de lo que hoy son Aldama, Matamoros, Bravo y Morelos.
La secundaria y la preparatoria las cursó en el Instituto Científico y Literario, hoy Universidad Autónoma del Estado de México y después de obtener su certificado de bachiller, ya no pudo continuar estudiando por ayudar a la economía de la familia, situación que no le pesó ya que desde la niñez ocupó un espacio detrás del mostrador al salir de la escuela.
Tiempo después, se separa de su hermano y su madre, quienes seguían en la tienda El Pasaje vendiendo exclusivamente ropa femenina, y en 1958 funda la tienda Alfa, camisería que después y hasta el final del negocio en 2001 se llamaría La Moda, donde vendía ropa confeccionada para hombre ya que la tela por metro comenzó a venderse menos ante la llegada de ropa completamente hecha, hasta que su hermano decide pasarse con Alfonso y en la tienda La Moda pusieron ambos ramos de vestimentas.
Rememora que cuando abrió La Moda, los clientes eran todos amigos, había un trato directo del dueño al cliente, había confianza, en esa época, dice, junto a su negocio estaba el de Don Manuel Hernández, que se llamaba El Puerto de Liverpool, en la esquina de Portal Madero y Portal Reforma, donde hoy venden hamburguesas, después desapareció y se puso ahí una tienda de discos de acetato de Don Macario Servín, al otro lado había una casa de telas de los señores Chalela, pasando la que hoy es la Concha Acústica había una tienda grande llamada El Buen despacho, también de telas y un poco de ropa de confección, había una papelería que se llamaba La Pluma Fuente del señor Arriaga, el Hotel San Carlos de don Jaime Pons Hernández, hoy Almacenes García y el Gran Hotel frente al Teatro principal.
A sus 85 años, la entrevista fue realizada en 2012, hoy tiene 94 años de edad, es padre de cinco hijos, Alfonso Faure López ha vivido de todo, forma parte del Club de Leones, fue consejero durante 37 años del Banco de Comercio del Estado de México, después Bancomer, fue parte del comité de construcción del Club Toluca, del cual sigue siendo socio, también fue regidor –tercero– del ayuntamiento en el trienio de 1970 a 1972, a invitación expresa de Don Carlos Hank González y de Alfonso Gómez de Orozco, quien fue presidente Municipal en ese periodo.
Ocupó el cargo de presidente de la Cámara Nacional de Comercio Delegación Toluca y trajo, en su momento, la Semana Nacional del Comercio, perteneció a la Asociación de Numismática de Toluca y al Patronato Pro Construcción del Colegio México en 1968. En el plano religioso, fue integrante del Patronato de Construcción de lo que ahora es la casa del Apostolado Seglar, antes fue la casa de la Acción Católica, en Avenida Independencia y presidente del secretariado del movimiento de Cursillos de Cristiandad, movimiento que todavía vive y se fundó en Toluca en 1964.
En el año de 1965 ingresó al Deportivo Toluca como integrante de la mesa directiva y fue Vicepresidente en los títulos conseguidos por el equipo rojo en 1966 y 1967. En 1971 dejó al club no sin antes haber sido presidente del equipo en 1970 y director de la sede para el mundial de ese mismo año, donde su responsabilidad lo llevó a esperar un resultado negativo para nuestro representativo ante la selección de Italia en aquel mundial donde una de las sedes fue el estadio del Deportivo Toluca.
Para Alfonso Faure López, no todo tiempo pasado fue mejor, ya que valora mucho que le haya tocado vivir cambios, por eso señala que el futuro será mejor, el progreso ha sido notorio, desde el abrir su zaguán con un botón, hasta las cortinas para poder cerrar su negocio.
En enero de 2001, se terminó el negocio de La Moda, cerrando un ciclo importante en su vida y en la de la ciudad de Toluca para llevar un estilo de vida más tranquilo para su edad, pero con toda la ansiedad de un infante de seguir viendo a su ciudad transformarse.


