La antropología de la literatura y la literatura antropológica: el universo intelectual de José María Arguedas

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Un literato en busca de un lenguaje social

En las obras literarias del escritor y científico social peruano José María Arguedas (Andahuaylas, 1911-Lima, 1969), el antropólogo se hace sentir no únicamente por la utilización del lenguaje como vehículo de información de pugnas léxicas creativas y creadoras, sino también en la socialización cultural que hace por ejemplo, el personaje de Ernesto en Los ríos profundos (1958), respecto a los diferentes grupos sociales de la obra (sobre este tópico se puede revisar el texto de esta misma columna del 11 de julio de 2025). De acuerdo con el argumento de la mencionada novela, desde que el adolescente Ernesto llega al internado desarrollará dos espacios de acción: el individual y el colectivo. Ernesto no es un adolescente común que acepta el devenir impuesto por sus mayores, es un joven que se hace responsable de sus decisiones, de sus dolores y de sus frustraciones, así como de sus sueños y esperanzas y los vive intensamente. Los momentos de felicidad más eufóricos, se suceden cuando Ernesto comparte una acción colectiva. Poco a poco va descubriendo a los lugareños, sus costumbres, sus problemas y se le revela a su vez que, así como son diferentes a los de otros pueblos y ciudades, también tienen rasgos comunes. 

Ernesto es un joven que piensa y compara profundamente los diferentes caudales de los ríos que va cruzando en su camino. El acercamiento de Ernesto a un colectivo no se da tan solo por simpatía, por necesidad o por interés, se sucede a su vez por identificación. Ernesto admira la naturaleza, la música, el trabajo, la tierra; y cuando los tiene cerca los analiza, no académicamente, sino sensorialmente y goza, pues levanta velos. 

Arguedas ingresó en 1931 a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos para estudiar humanidades y a finales de la década había descubierto su pasión por la etnología, inscribiéndose en el Instituto de Etnología de la misma universidad en 1946. En los cuentos de Agua (1935), al escritor Arguedas se le lee más literato que científico social. En cambio, en su primera novela Yawar Fiesta (1941), realiza una antropología literaria. Entre ambas obras ha publicado Canto kechwa. Con un ensayo sobre la capacidad de creación artística del pueblo indio y mestizo (1938), trabajo en el que recoge la creación literaria de los pueblos originarios y la somete a profundo análisis. Es digamos, un texto de transición en la creación de su método literario.  No es sino hasta Los ríos profundos (1958) que Arguedas logra invertir el paradigma y lo que hace es una literatura antropológica, pero no como una especie de tratado academicista con algo de estilo artístico o una narración bajo un esquema rígido de análisis social desagregado literariamente, sino que incorpora en sus personajes la capacidad no exclusivamente de referir hechos, describirlos, dialogarlos, sino también de esbozar explicaciones que el lector podrá desarrollar por sí mismo. Miranda (2002), sostiene que la energía cultural de los pueblos andinos, materia de sus ensayos etnográficos (de Arguedas) ha sido también materia de sus trabajos. Cuentos, novelas, poemas y ensayos están unidos por un cordón umbilical, indisoluble (P. 41). El notable escritor no puede dejar de ser antropólogo cuando escribe literatura y viceversa y esto no se constituye en un problema sino todo lo contrario, enriquece la obra arguediana. De ahí que se diga que la literatura de Arguedas es también una forma de conocimiento sobre nuestra realidad. 

Por ello Rowe (1984) reconoce que una de las características de esta novela es la cantidad de material derivado del folklore y el papel importante de las canciones quechuas (p. 67) y Montoya (1991) refiere que José María Arguedas es el primer antropólogo de la historia del Perú que piensa el Perú como una totalidad (p. 22). Arguedas (1991) entendía que el folklore practicaba el estudio de la literatura oral, de la música y de la danza, no para realizar un análisis frío y simplemente técnico, sino como elementos valiosísimos para el conocimiento de la historia social de nuestro pueblo y de su realidad social contemporánea (p. 48). Esta búsqueda de la historia social del pueblo para entender su realidad actual y por supuesto poder allí recién actuar directamente sobre ella ─obviamente que al estudiarla ya se está ejerciendo acción creadora sobre la realidad─, es la motivación más importante del antropólogo–escritor. Por eso el personaje de Ernesto es un catalizador de la música, de la poesía, del sentimiento andino. Él recibe, procesa y presenta. La novela Los ríos profundos es también, gracias a esto, una muestra variada de cultura popular andina. Pero también es una manera de buscar el Perú y vislumbrar el horizonte de la transformación social.

Esta relación entre literatura y antropología está patente en el lirismo de Ernesto, en ese lirismo que tanto agradó al escritor Ciro Alegría. Dice Muñoz (1987): Pensamos que la relación literatura / antropología no sólo permite explicar la estructura significativa de gran parte de los relatos de Arguedas, sino que igualmente hace posible entender sus peculiaridades formales. ¿De qué otra manera sería factible explicar la lirización del discurso en Los ríos profundos, por poner un solo ejemplo? (p. 75). Arguedas por lo tanto hace antropología de la literatura cuando recoge y sistematiza la literatura oral andina y hace literatura antropológica cuando, novedosamente plantea en el tono discursivo un análisis de la realidad, pero no bajo el pesado catafalco del academicismo, sino con el material mismo de sus investigaciones antropológicas: la cultura y las luchas por defenderla, es decir la resistencia cultural, que es a su vez una forma de hacer política. Lo que no significa exactamente que Arguedas creyera que los problemas del Perú se iban a solucionar por la literatura o la cultura, únicamente. 

El mundo interno a partir de lo externo

Se propone entonces que José María Arguedas en Los ríos profundos:

  • Utiliza un lenguaje de rescate de formas quechuas, pero expresado en un tipo de castellano. Esa búsqueda de una nueva expresión lo llevará a intentar construir el dialecto de una forma de marginalidad, generando por ende una nueva manera de expresión que se sustentaría sobre todo por la acción de la población mayoritaria del Perú. 

  • Rescata la cultura tradicional de los pueblos no para difundirla nada más sino para utilizarla como instrumento de análisis de la realidad y comprensión de la historia a través de la poesía, la música, la mitología, la naturaleza, la magia y la leyenda traducida literariamente.

Como Rowe (1984) apunta: El protagonista Ernesto, siente una especie de coparticipación o de comunión con el mundo natural, con la naturaleza (p. 22), del mismo modo los colectivos sociales se integran armónicamente, constituyendo las rupturas en la carrera que constituye el proceso de madurez de Ernesto. Por eso decíamos que mientras él crece, el Perú también. Esa consubstanciación con la naturaleza no es un panteísmo como lo entendió equivocadamente Vargas Llosa en La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo (1996), ni una especie de sustento animista de la cultura, significa el planteamiento de un mundo complejo, en donde el individuo se geste a partir de la asimilación de lo exterior, generando su mecanismo de respuesta social desde su mundo interior, no de forma automática sino como respuesta meditada y orgánica Y esta interesante relación se sustenta a su vez en una armonía con la naturaleza, tan propia del mundo andino secularmente a pesar de que de nuevo Vargas Llosa argumentara contra el colectivismo agrario andino, tildándolo de arcaísmo, de ficción literaria.

Esta creación de un mundo interior que le permitirá su postrer desarrollo como adulto, en un mundo que le es ancho y ajeno, pero también propio a través de la resistencia, es por lo tanto un proceso de madurez, pero también un fenómeno de cambio social. El individuo en Arguedas no deja de ser colectivo. En Los ríos profundos se aprecia aún más este desarrollo de lo individual a partir de lo colectivo más que en Yawar Fiesta, por ejemplo, en donde el personaje colectivo es al mismo tiempo omnipresente y fantasmagórico. 

Ernesto es un adolescente que acaba de separarse por un tiempo de su padre, a quien adora, apareciendo esto como una indirecta semblanza autobiográfica del autor. Esta separación del poder paternalista es resuelta y superada con la madurez adelantada del joven. La metáfora social de la época no deja de pensarse e interiorizarse: ¿Debía el Perú también desembarazarse de sus tradicionales ─y oportunos para algunos─, paternalismos?  En este proceso de maduración, como indica acertadamente Tauro (1993) se da por: 

La vivencia de la soledad, producida por la falta de gratificación afectiva (…) Así se inicia su afán de explorar y recorrer los campos, como una necesidad de expansión, de encontrarse a sí mismo (…) Este contacto con la vida se hace cada vez más profundo: y va descubriendo los pequeños caseríos, la vida de los colonos, las haciendas, las chicherías. Va formándose una concepción sobre la belleza, la justicia, la bondad. La vida del colegio comienza a interesarlo y comparte juegos y conversaciones con sus compañeros (pp. 88-89). 

Por todo esto y siguiendo a Castro Klarén, veríamos que la obra nos informa a partir del narrador (el individuo), la presión de los grupos (el colectivo) y la cultura, o como dice Castro (1973): 

Las fuentes de información que usa el narrador en Los ríos profundos pueden dividirse en tres grandes categorías generales. La primera incluye todo el material que reúne el narrador de su observación personal, de la contemplación de su yo, de hechos y sucesos. La segunda incluye la información que el narrador deduce, especula o conjetura utilizando la experiencia externa como símbolo o índice de situaciones interiores. Finalmente, la tercera incluye la información que él personalmente no puede conseguir y que tiene que prestar o recibir de otros observadores de la realidad (p. 135). 

Así entendemos mejor la manera de construir la obra, como poesía, como introspección, como realidad, como comunicación y como cultura. Únicamente que aquí todas estas dimensiones adquieren características revolucionarias, ya que Arguedas aspira al cambio social y por ello su propuesta estética es iconoclasta, por lo tanto, cambiable, permeable, experimental y propositiva. En otras palabras, ensayística.  

Esta propuesta estética, social y política es tan rotunda que, como dijo Cornejo Polar (1996): La memoria y el pasado entran en conflicto con el presente y aún más con la voluntad de contribuir al establecimiento de una nueva realidad. Podría decirse que se instaura una contradicción entre el mito del paraíso perdido y la utopía de la fundación de un mundo nuevo (p. 15). En esta contradicción entre cultura resistente e interpretación de esta es en donde se encuentra la clave para la complexión de la resistencia y por lo tanto para la constitución a su vez del individuo, es decir, entendiendo el aporte de la cultura colectiva de los pueblos. Estos se nutren de la propuesta de cambio asimilada de las esperanzas del pasado.

Ernesto es la juventud desbordada en sus ganas de conocer, pero controlada en sus emociones creadoras. Sin prejuicios y con mucho amor se enfrenta a la consolidación de su universo, sin negar las emociones y los sentimientos de quienes quieran compartir un baile, una canción o un poema, vengan de donde vengan estas personas, estos ríos. Pues para él, como resaltó Gladieu (1991): Los ríos poseen la verdad profunda de la vida (…) El ser que se funde con el río encuentra su verdadero destino, vive en armonía definitiva con la naturaleza que le asegura su invencibilidad (pp. 174-176). Y los ríos son también caminos, viajes, diferencias. Sin embargo, se integran en el mar.

Referencias bibliográficas

Arguedas, J. M. (1991). ¿Qué es el folklore? En: Muelle, J. C. / Arguedas, J. M. / Merino de Zela, M. Acerca del folklore. Muniobra.

Cornejo Polar, A. (1996). Estudio preliminar. en: Arguedas, J. M. Antología comentada. Biblioteca Nacional del Perú.

García Miranda, J. J. (2002). La tradición y el cambio de la cultura andina en Arguedas. En: Matayoshi, N. (Compilador). Arguedas vive. Centro de capacitación “J. M. Arguedianos” / INC / Sociedad Científica Andina de Folklore. 

Gladieu, M. (1991). Del niño y del río en “los ríos profundos”. En: Pérez, H. / Garayar, C / Forgues, Roland (Editores). Varios autores. José María Arguedas. Vida y obra. Amaru Editores. 

Montoya, R. (1991). Antropología y política. en: Montoya, Rodrigo (Compilador) / Merino de Zela, M. / Romero, R. / Vásquez, Ch. / Manrique, N. / Glave, L. M. / Escajadillo, T. / Garayar, C. / Pérez Grande, H. José María Arguedas, veinte años después: huellas y horizonte 1969 -1989. UNMSM / IKONO Ediciones. 

Muñoz, S. (1987). José Marýa Arguedas y el mito de la salvación por la cultura. Editorial Horizonte. 

Rowe, W. (1984). En: Cornejo Polar, A. / Escobar, A.  / Lienhard, M. / Rowe, W. Vigencia y universalidad de José María Arguedas (Mesa redonda. Conducción: Sybila Arredondo).  Editorial Horizonte.

Tauro, T. (1993). Psicopatología y amor en la obra de José María Arguedas. Bendezú EIR Ltda.