LA INÚTIL LUCHA CONTRA UN FANTASMA: EL NEOLIBERALISMO

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“Por, sobre todo: NO COMPITAS” Lao-Tze

NEOLIBERALISMO: La visión “neoliberal” del mundo económico –y su consecuencia política- enfrentan hoy uno de sus más duros reveses, la llamada RONDA DE DOHA, iniciada en noviembre de 2001 en esa ciudad de Qatar, hoy futbolística y petroleramente tan de moda, y cuyo propósito central se orientaba a la apertura de los mercados de los sectores agrícola, comercial y de servicios en BENEFICIO DE LOS PAÍSES MENOS DESARROLLADOS, esa intención ha fracasado estrepitosamente por culpa, paradójicamente, de los impulsores del libre comercio, Estados Unidos y Europa.

El término de la segunda guerra mundial ve nacer, en el oeste europeo y, por supuesto, en Norteamérica, la corriente autodenominada NEOLIBERAL, impactante reacción teórica y política contra el intervencionismo de Estado y contra el llamado Estado de Bienestar (social).

Esta corriente, que nació como una pequeña secta, se sostiene en un apasionado ataque contra toda intervención estatal que altere o afecte los LIBRES MECANISMOS DEL MERCADO.

En su ramificación económica –la política culmina con la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989- la liberalización del mercado mundial se inicia en 1947 con la suscripción, por parte de 23 países del Acuerdo General de Comercio y Aranceles (GATT), acuerdo que opera con un creciente número de asociados hasta su culminación en 1994 cuando, en Marruecos, 123 países toman la neoliberal decisión de sustituirlo por la ORGANIZACIÓN MUNDIAL DEL COMERCIO (OMC), que inicia sus operaciones en Ginebra, Suiza, el 1 de enero de 1995.

OMC: Su propósito central ha sido, desde entonces el logro de tres propósitos: a). Libre comercio de bienes y servicios, b). Libre circulación de capital y c). Libertad de inversión global.

Parece que armar este andamiaje ha propiciado la polarización de la riqueza, en ciertos países y, dentro de los países, en ciertos sectores, por lo que no extraña que, a partir de 1999, en la Conferencia Mundial de la OMC, se manifieste la corriente globalifóbica que, sistemática y globalmente, se opone a cuanta propuesta de liberalización propone la OMC. De hecho, el neoliberalismo NUNCA operó.

Desde su nacimiento, esta organización ha impulsado los acuerdos multilaterales de libre comercio y ha pretendido el gran acuerdo, el de los 164 países miembros, que aglutinan a más del 98% del comercio mundial, en aras de la libre circulación de mercancías y servicios, sin limitantes, sin fronteras.

Doha sería, en apariencia, la culminación de este sueño. Sin embargo, la constante negativa de los países desarrollados a eliminar los subsidios a sus productos agrícolas, provocó que la Ronda de Doha, con sus consecuentes Conferencias en Cancún (2003), en Ginebra (2004), en Hong Kong (2005) y en Ginebra (2006), se viera por fin suspendida indefinidamente (como el ALCA), el 24 de julio de 2006.  El neoliberalismo, pues, murió antes de nacer.

 

Ante este fracaso “neoliberal” (¿se puede atacar lo que no existe?) al negarse los “países ricos” a adoptar los mecanismos de libre mercado propuestos en Doha, lo que implicaba reducir hasta eliminar, los subsidios a la agricultura, se hicieron propuestas más “flexibles” en Nairobi (2015) y Buenos Aires (2017). Propuestas que tampoco han funcionado. Ginebra 2022 será sede de la próxima Ronda de Comercio que cobra singular importancia por la situación del tema agrícola que representa la guerra de Putin.

El neoliberalismo, en su cabal concepción, entonces, nunca funcionó más que parcialmente en los convenios regionales: la Unión Económica Europea y el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, en su primera versión. Atacar a los “neoliberales”, sin conocer el fondo del asunto, se vuelve tema de demagogia y engaño populista.

LIBRE MERCADO: Contra la postura irracional de los países desarrollados, se conjuntaron coaliciones como el G-20, de países en desarrollo y el G-9, que agrupaba a los países más pobres, sobre todo de África y que derivó en el actual grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica). La India y Brasil han liderado esta cruzada contra los subsidios que propician que en los países africanos se comercien lechugas cinco veces más baratas que las producidas en su territorio, mientras mueren de hambre, por esa causa, millones de agricultores locales.

El fracaso de este intento liberalizador y la concentración de la riqueza que el “libre mercado” ha ocasionado en las regiones, en los países y en las corporaciones, más la corrupción que la acompaña, han llevado a la paradoja del crecimiento polarizado, del desempleo y de la pobreza y a un mundo pleno de inestabilidades que se refleja, políticamente, en guerras y desacuerdos internos.

Aún los Estados Unidos han financiado su crecimiento económico mediante una acumulación gigantesca de deudas, basada en una entrada de capitales de más de 4 mil millones de dólares diarios. El déficit presupuestario y la deuda de los consumidores se han disparado. Lo que estamos viendo es una economía financiada con deuda. Los acreedores son mayoritariamente bancos del Este y Sureste asiático. Incluso las guerras en que participa, directa o indirectamente, son financiada con dinero chino y japonés prestado a Estados Unidos.

Si comparamos la situación financiera de Estados Unidos con la de Argentina al momento de estallar sus crisis en 2001 y 2022, no hay gran diferencia proporcional, estamos ante un caso típico en el que normalmente intervendría el FMI. Pero, naturalmente, Estados Unidos es el FMI, de modo que no intervendrá más que en Argentina.

Del otro lado, el crecimiento más grande del mundo, el de China, también está financiado con deuda: Los bancos chinos prestan el dinero. El gobierno tiene una participación mayoritaria en todos los bancos. Tienen la posibilidad de utilizar parte de sus excedentes para mantenerlos a flote; sin embargo, el boom está financiado con deuda.

 A diferencia de Estados Unidos, China está inmersa en un proceso de cambio espectacular. Pero incluso allí el crecimiento crea nuevas inestabilidades: En China hay una sobreinversión enorme. Por ejemplo, existen cinco aeropuertos internacionales en el delta del río Zhejiang, todos de categoría muy superior a la de nuestro “mejor aeropuerto del mundo” (AIFA). Éstos compiten entre sí para convertirse en el centro del comercio del Pacífico. Quizá no podrán sobrevivir todos a la vez. En la industria del automóvil tienen un grave problema de excedente de capacidad. Y una crisis en China tendrá un impacto global.

El crecimiento inestable de Estados Unidos y China no ha hecho crecer los niveles de riqueza del capitalismo mundial. Cifras de la propia OMC, de la ONU y la OCDE, muestran que la tasa de crecimiento per cápita ha ido cayendo una década tras otra desde la de 1960 (desde tasas anuales del 3% a tasas del 1% o menos en la actualidad). Este es el problema de sobreacumulación y de concentración de capital que está detrás de la geopolítica en una moda en la que, ya hay más perdedores que ganadores.

 La Ronda de Doha y las que le han seguido, es solo un ejemplo de un problema que aún hoy no se ha conseguido resolver. A fin de cuentas, el neoliberalismo pudiera ser tan utópico como el comunismo.

DE FORMA: Estados Unidos alcanza una inflación -real- del 8.1%, México llega -con “otros datos”– al 7.99%. Los alimentos y productos que el Programa Contra la Inflación y la Carestía iba a controlar, suben en niveles de dos cifras. El pueblo, como siempre, sin información, paga el pato y no entiende el problema. “Regalaremos” gasolina barata a los Estados Unidos y recibiremos miles de toneladas de leche en polvo, negociación que parece poco equitativa y muy opaca. La estatua de la libertad fue la cortina de humo, el surrealismo se impone; prevalece, tristemente, lo inconsciente y lo irracional.

DEFORME: Mientras unos trabajan y luchan por triunfar, pequeños grupos “antitodo” – ¿financiados por quién? –  desestabilizan, para empezar, a la capital y la “aíslan” bloqueando sus accesos un día sí y otro también. Si la policía (de muy bajo nivel, por cierto) actúa, son “represores”, si no lo hace “son pusilánimes”. ¿Verdad que el famosísimo “Estado de Derecho” es un lindo slogan de campaña (s)?