Literatura indígena
Ángel María Garibay Kintana realizó un extenso y profundo estudio sobre la literatura náhuatl, por ello publicó en Editorial Porrúa el libro titulado Historia de la literatura náhuatl en la colección Sepan Cuantos… número 626, interesante esta edición que trae un prólogo de su alumno favorito, Miguel León-Portilla quien escribe en la edición del año 2007: Al cumplirse en 1992 cien años del nacimiento del padre Garibay, no será ponderación afirmar que, entre los varios homenajes realizados en recordación suya, éste de difundir al máximo su Historia de la literatura náhuatl, tiene muy particular significación. Conociéndolo como lo conocí a través de largo tiempo, pienso que este homenaje le sería de los más gratos. / A partir de ahora, en forma íntegra y en un solo volumen sumamente asequible, esta Historia, con su rico contenido, fruto de muchos años de investigación, podría ser leída y estudiada por especialistas, público en general y asimismo por estudiantes a los que el padre siempre tenía en mente y corazón.
Los grandes maestros de la historia siempre tienen en su mente a sus mejores alumnos. De esta manera el padre Garibay tuvo como mayor ejemplo al estudioso Miguel León-Portilla; creo, al pensar y educar a quien fue su mejor alumno, piensa en esos jovencitos: hombres y mujeres, que tienen las mayores capacidades intelectuales, que muchas veces son desaprovechados por falta de un educador cuya pasión sea trasmitida a ellos; hacerles apasionados de lo que hacen y desean alcanzar como objetivo de vida. El padre Ángel María no sólo es un gran investigador sino también, educador al cual en este siglo XXI le tenemos en el olvido. Ni la ciudad de Toluca, lugar de nacimiento, lo ha valorado –como debe de ser–. No hay duda, que de los genios nacidos en esta ciudad es de los más admirables y valiosos en su historia.
Los tomos que preparó Ángel María Garibay destacan en su bibliografía, por eso escribe León-Portilla: Ya la misma Editorial Porrúa había sacado dentro de su Colección Sepan Cuantos… otras obras suyas a las que luego aludiré y, asimismo, también en un solo volumen, la edición que él preparó de la Historia general de las cosas de la Nueva España de Fray Bernardino de Sahagún. Lo que esto significó, con acierto lo expresa la dedicatoria de quienes dispusieron tal edición: A la memoria del padre Ángel María Garibay que tanto deseó ver en las manos de todos, la obra de Fray Bernardino de Sahagún.
Siguiendo las huellas de este sacerdote investigador, ir al campo —seguir libros de su autoría—, o en sus investigaciones sobre mitologías o culturas como aquellas de Voces del Oriente; igual sobre Mitología Griega; o Literatura de los Aztecas; o bien Llave del Náhuatl, reflejan una cultura profunda admirable. Pensemos, además, que es erudito en asuntos de la Biblia y, de todo aquello relacionado con la larga historia de Teología: cuya importancia hace recordar que fue reina en estudios sólo para sí en el medioevo. Formado en educación escolástica que se hace de trabajar y quemarse las pestañas en bibliotecas, que se encuentran en los mejores museos y monasterios del mundo. Ir detrás de sus libros para comprender su angustia de querer saber más como lo pide en el siglo XVII la Décima Musa: Sor Juana Inés de la Cruz. Bendita tierra mexiquense que ha dado a Nezahualcóyotl, a Sor Juana, a Juan Domingo Chimalpaín, a Laura Méndez de Cuenca, a don Andrés Molina Enríquez, así como al padre Ángel María Garibay, y a Narciso Bassols, o a Isidro Fabela, y Josué Mirlo, también a Horacio Zúñiga y muchos más.
Escribe Miguel León-Portilla: Con tres instituciones mantuvo Ángel María Garibay estrecho contacto a lo largo de su fecunda vida. La primera, es obvio decirlo, fue la Iglesia Católica, desde su bautizo hasta la muerte y, de modo especial en los muchos años de vinculación a ella como seminarista, sacerdote, maestro, cura párroco en Jilotepec, San Martín de las Pirámides, Huixquilucan, Tenancingo y Otumba, y finalmente canónico lectoral en las Sagradas Escrituras. Sólo esto significaría para la carrera del sacerdocio toda una vida bien labrada. Muchas veces, no alcanzamos a ver el horizonte en la existencia de un hombre o una mujer. Pensamos que sólo hizo tal o cual cosa, y no extendemos nuestra vista para entender que sí, la vida de un ser es todo un paisaje que se cubre en el tiempo por sus hechos y sus fallas. El indagar sobre Garibay es entrar a uno de los más extensos paisajes que mexiquense alguno haya tenido o se haya labrado en el trabajo. Cuenta León-Portilla: Tuvo allí, como encargo principal, la exégesis de las Sagradas Escrituras. De su asiduo y profundo trabajo como comentador bíblico dejó él centenares de páginas que, inéditas, se conservan en el Fondo Garibay que guarda la Biblioteca Nacional de México. Otros estudios de temas religiosos, publicó —entre otras— en la bien conocida revista Ábside que dirigían sus antiguos discípulos Alfonso y Gabriel Méndez Plancarte. El hombre es él y sus circunstancias, él y sus escritos.
Miles de páginas resumen una personalidad que tiene que aceptar, que no importa cuán concentrado esté en sus investigaciones: hay que trabajar en divulgar la palabra de Dios. Profesión que en el siglo XX tiene clarooscuros que llevan a la idea de que los mexicanos son tan salvajes, que matan a los curas. Estudiar sus aportaciones en el tema de Sagradas Escrituras ha de dar luces, sobre su vocación en el tema de Dios. La institución religiosa como prioridad. Pero también lo que hace saber León-Portilla: La segunda institución, a la que don Ángel consagró también mucho de su existencia, fue la Universidad Nacional Autónoma de México. De ella recibió en 1951 el título Doctor Honoris Causa en ocasión del Cuarto Centenario de la fundación de esta máxima casa de estudios y en reconocimiento de sus méritos personales. Maestro fue en la Universidad, investigador muchos años en su Instituto de Investigaciones Históricas, fundador del Seminario de Cultura Náhuatl y editor y autor de no pocas obras publicadas por ella, entre otras Poesía Náhuatl de la Altiplanicie; Épica náhuatl, tres volúmenes de Poesía náhuatl, que incluyen la única paleografía y versión castellana existente del manuscrito en náhuatl conocido como Romances de los señores de la Nueva España. A ello hay que sumar sus ediciones de textos de los Códices matritenses y varios trabajos más, no pocos de ellos en la revista del Seminario que él dirigía, Estudios de Cultura Náhuatl.
¿Cómo se logran en vida de la humanidad seres cuya laboriosidad se extiende por tantos campos de la cultura humana? ¿Cómo hemos seguido la huella de Ángel María Garibay —toluqueño de nacimiento—, mexiquense por su trabajo como cura y párroco? ¿Cuáles fueron sus vivencias en poblados o municipios donde fue por indicaciones de autoridades de la Iglesia en el estado de México? ¿Acaso hay una biografía que nos diga cuántos beneficios aportó a esas poblaciones siguiendo la huella que se fija en los detalles y no en las grandes obras? ¿Acaso su trabajo como sacerdote es lo que le mantiene en cierta oscuridad? Cuando podemos ver la cantidad de reconocimientos al Dr. Miguel León-Portilla en este año 2020 de su fallecimiento. El maestro olvidado y el alumno en un pedestal. Se lo merece León-Portilla, a todas luces, pero es grave el olvido del educador que fundó el estudio de las culturas indígenas en el México de las letras y la crónica. En tiempos que desaparecen lenguas indígenas, el padre —mestizo por nacimiento— tomó la tarea de salvar las lenguas que son origen de la nación. Sabemos que la lengua matlatzinca está en vías de extinción, y de la misma manera, sucede con el Tlahuica o ocuilteco, en territorio Ocuilan: reductos sociales, comunidades aisladas en vías de desaparecer enfrentan abandono oficial de gobierno, en lo social por dejarlos a la deriva.
Ángel María Garibay fue un hombre del pasado: en el estudio de la Teología y de todo lo religioso que iba en particular por el mundo de Cristo. Un hombre del pasado, recuperando la lengua más rica del altiplano: el Náhuatl, sabedor que el centro del país fue metrópoli, donde otras muchas lenguas, con sus ricas culturas forjaron el México mestizo. Saben, así mismo, del neolatín que la presencia de la España colonial trata de imprimir al final en la raíz del pueblo.

