POBREZA REAL… CUANDO SALIR DE LA ESTADÍSTICA NO ALCANZA

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“Lo que medimos determina lo que hacemos; si medimos mal, tomamos decisiones equivocadas.”

Joseph E. Stiglitz,

En la primera parte planteamos que no es lo mismo cruzar una línea estadística de pobreza que alcanzar seguridad económica.

CIFRAS ENGAÑOSAS: La pobreza en México disminuyó y negarlo sería académicamente incorrecto, si consideramos la métrica oficial. En 2024, esa medición ubicó a 29.6% de la población en pobreza multidimensional, equivalente a 38.5 millones de personas. Es un avance importante, aunque la cifra espante.

La misma estadística revela algo menos informado, además de quienes se encontraban en pobreza, 32.2% de la población era vulnerable por carencias sociales y 5.8% vulnerable por ingresos. Solamente 32.5% de los mexicanos fue clasificado simultáneamente como no pobre y no vulnerable.

Que 70.4% de los mexicanos no haya sido clasificado como pobre no significa que 70.4% disfrute de seguridad económica. Entre pobreza y prosperidad existe un enorme territorio llamado vulnerabilidad.

Imaginemos una familia de cuatro personas. Padre y madre trabajan y reciben además una transferencia gubernamental. Sus ingresos aumentaron y consiguieron superar el umbral que anteriormente los clasificaba como pobres, es lo que se anuncia.

En realidad, esa familia no tiene ahorro, debe parte del supermercado en la tarjeta, el automóvil necesita reparación, pospusieron la visita al dentista y, si alguno pierde su empleo durante dos meses, probablemente regresarán al punto de partida.

Estadísticamente dejaron la pobreza. Económicamente continúan siendo vulnerables.

Las transferencias gubernamentales, generadas con ingresos fiscales y/o deuda pública, pueden reducir efectivamente la pobreza. Una pensión, beca o apoyo incrementa el ingreso disponible y permite comprar alimentos, ciertos medicamentos o pagar servicios. Esa posibilidad existe y negarlo sería absurdo. Solo que, aunque no se diga, no hay una solución estructural, la compra de votos pretende curar el cáncer con aspirinas. 

La palabra mágica, que debiera de ser acción, es “sostenibilidad”. En lenguaje figurado, hay dos maneras de abandonar la pobreza. Una es mediante un elevador. El gobierno entrega recursos y lleva a la familia al siguiente piso. Funciona, pero que problemón si el elevador deja de funcionar.

La otra manera consiste en construir una escalera con educación, productividad, empleo formal, seguridad social, ahorro y mejores salarios. Subir puede ser más lento, pero existen mayores posibilidades de permanecer arriba.

POLÍTICA VS DEMAGOGIA: Una política social moderna necesita ambas cosas, elevador para quien hoy necesita ayuda real y escalera para que mañana pueda dejar de necesitarla.

Adicionalmente, a partir de la pandemia y del nulo apoyo a la clase media, se ha generado una pobreza menos visible, la de la familia que todavía no es pobre, pero se está empobreciendo.

Conserva casa, automóvil y empleo. Desde afuera parece clase media. Pero perdió el ahorro; después las vacaciones; ha minimizado el mantenimiento de la vivienda; la tarjeta comienza a utilizarse para pagar el supermercado y finalmente requiere un crédito para pagar otro crédito.

Formalmente sigue siendo “no pobre”, La pobreza estadística todavía no llega a su casa, pero la vulnerabilidad ya entró por la puerta.

Los datos que no se pregonan sostienen la tesis. En 2024, 61.7% de la población presentaba al menos una carencia social, la falta de acceso a seguridad social afectaba a 48.2% y la carencia de acceso a servicios de salud a 34.2%.

No estar clasificado como pobre no equivale a vivir sin riesgos económicos. No deja de ser pobre el que recibe una “ayuda social” finita. Deja de serlo quien puede atender una enfermedad, educar a sus hijos, ahorrar, enfrentar una emergencia, mejorar su vivienda o ir al cine o a presenciar su deporte favorito, en familia, cada 15 días y así vislumbrar un futuro de verdadero bienestar, por cierto, palabra que, de tan gastada, ya perdió su valor. 

Venezuela y Nicaragua usaron erróneamente, perversamente, los programas sociales y al final no hubo ni programas, ni apoyos y si devino la pobreza más aguda del continente. El ingreso es el medio y el bienestar debe de ser el resultado, nunca el discurso.

DE FONDO

El éxito de una política contra la pobreza no debería medirse solamente por cuántas personas cruzaron una línea, sino también qué tan lejos consiguieron alejarse de ella.

Una familia diez pesos arriba del umbral oficial y otra con ahorro, seguridad social, vivienda adecuada y empleo estable pueden aparecer estadísticamente en la misma categoría de “no pobres”. Económicamente viven en mundos diferentes.

Las estadísticas no están equivocadas, son fórmulas, dos más dos son cuatro, Pero no deben de utilizarse políticamente ni populistamente como respuestas para preguntas que nunca fueron diseñadas para contestar.

DE FORMA

Una política social sostenible debería perseguir dos objetivos simultáneos, proteger al vulnerable y producir movilidad social. La transferencia evita que alguien caiga y la productividad permite que pueda subir.

La educación, tan marginada por políticas públicas sesgadas y politizadas, amplía oportunidades; el empleo formal proporciona estabilidad; la seguridad social reduce riesgos; el ahorro genera independencia y la inversión crea empleos capaces de sostener ese proceso.

Ayudar a quien lo necesita es política -no politiquería- social. Conseguir que algún día deje de necesitar ayuda es desarrollo económico. Eliminar a la clase media es homicidio social.

Salir de una estadística puede tomar unos pesos; salir de la pobreza estructural puede tomar una generación, por lo menos.

Qué bueno que disminuya la pobreza. Pero la verdadera meta debe ser que disminuya también la vulnerabilidad. Combatir verdaderamente la pobreza no significa solamente conseguir que una familia cruce una línea estadística, sino lograr que siga caminando hasta que esa línea quede tan lejos que ya no tenga miedo de volver a cruzarla.

DEFORME

Una familia puede dejar estadísticamente la pobreza el martes y volver a descubrirla el miércoles cuando se descompone el refrigerador, o cuando va al súper, Por cierto, ¿Ya fue usted esta semana?