Llegaron por Paseo Tollocan antes de su construcción

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Personajes y Ciudad una misma cosa, grandeza de unos y de otra, que es hogar amoroso y lugar de alegrías o sufrimientos. Dejan sus experiencias en la ciudad que se va formando desde década de los treinta, cuando uno de sus más grandes políticos-constructores le habitó y dirigió: José María González Arratia. Al profundizar en la importancia del Paseo Tollocan para el municipio y la Ciudad es como comprende el contexto de la historia en su grandeza y legendaria propuesta: de cómo es que se llega a consolidar la Toluca llena de Vida en este año de 2023.

Salvador Azuela escribe que el compilador, cita a importantes personajes: Mario Colín incluye en su libro sobre Toluca, un bello paisaje de la obra clásica acerca de nuestra patria, escrita por la Marquesa Calderón de la Barca. Iba de paseo a la feria de San Juan de los Lagos, cuando la Marquesa se detuvo en la capital del estado de México. Descubre el Valle de Toluca, en el amplio descenso ante el pueblo de Lerma, y al fondo la silueta de plata del nevado. ¡Cuántas veces pasamos por aquí, para asomarnos al mismo paisaje de llanuras que se tienden frente a nosotros en espectáculo inolvidable!

Como Ignacio Ramírez, fue catedrático, el poeta cubano José María Heredia. Mario Colín nos da a conocer su relato que era casi desconocido, de la visita de Heredia al Nevado. Sugestiva página ésta, que publicó don Mariano Galván en 1838, en su Calendario para las Señoritas Mexicanas. El ilustre escritor afirma que dos recorridos que le dejaron impacto imborrable; el de las Cataratas del Niagara y el del Nevado de Toluca.

Para entender una vía de comunicación, sea la que pasa por el callejón o de una calle cualquiera de una Ciudad como la de Toluca, hay que leer a cronistas como Javier Ariceaga o, en el recuerdo de cien años de creación del Paseo Colón. Al revisar el contexto histórico de cada comunidad, calle o personaje, con sus batallas y anécdotas. Con sus crónicas de vida e historia, es posible comprender la grandeza de lo que viene a ser la creación urbana del Paseo Tollocan, en su existencia que se fortalece por la visión de su creador, el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, quien junto al arquitecto Carlos Marín y un equipo de especialistas de lo mejor de la arquitectura e ingeniería en México dejan en década de los setenta un Paseo de altura mundial.

Cuenta Azuela: De los paisajes y leyendas de Altamirano, incluye Colín en su antología unas páginas de viaje en diligencia de Toluca a México. Con gran amenidad, en estilo fácil, nos cuenta el maestro sus impresiones… Al revisar el libro me encuentro momentos de felices tiempos para una Ciudad que se negaba a crecer como otras del país. Cuenta Ignacio Manuel Altamirano su viaje rumbo a México, saliendo de Toluca desde la Casa de las Diligencias:

Relata además Salvador Azuela: El Duque de Job consagró a Toluca una crónica deliciosa […] Este artículo de Gutiérrez Nájera resucita ante nosotros a la Toluca de fines del siglo XIX, que el Duque ve poblada de casas alegres y personas retraídas. / Colín trae, en su libro, un relato de don Manuel Rivera Cambas, sobre la llegada a Toluca del primer ferrocarril, procedente de la Ciudad de México, el 4 de mayo de 1882. José Juan Tablada parece ser el autor del artículo sobre el primer recorrido en automóvil hecho de la capital de la República a Toluca, trabajo que apareció en El Imparcial, diario que patrocinó el viaje que hizo el poeta, cuyo escrito se dio a la estampa sin su nombre.

No todo fue miel sobre hojuelas, el educador de América, el personaje más importante en el mundo de la educación y la cultura como José Vasconcelos pasó por la Ciudad muy joven y tuvo estas experiencias, dice Azuela: El Ulises Criollo, José Vasconcelos recuerda sus días de adolescencia en Toluca. No fue la suya una estancia agradable… Mauricio Magdaleno describe el encanto de Toluca, en una noche invernal. Elogia el calor y belleza, la buena mesa y la cortesía de las gentes, con aquellas muchachas a la manera que pintó Ramón López Velarde, en sus versos de Sangre Devota. Y Salvador Novo nos habla de la ciudad, en una estampa dibujada con primor, en día de mercado, con sus sarapes, su loza, sus dulces y juguetes de barro.

Con ternura y amor por el colega que vivió otros tiempos Azuela cuenta: De un noble poeta de Toluca, muerto hace unos cuantos años, que amaba a su ciudad entrañablemente, Colín incluye una página lírica. Enrique Carniado se caracterizó por su apego a la tierra. Se trata de aquellos versos: “Toluca, taza de plata, con olor a sacristía…” Tales letras de Salvador Azuela, pertenecen a lo escrito para el libro de Mario Colín Sánchez con fecha del 14 de febrero de 1956 y que fuera publicado en El Universal.

Libro relevante es la compilación de Mario Colín Sánchez, leo otro párrafo que refuerza el conocimiento de la historia y la crónica, en este libro del venido de Atlacomulco a crear Casas de Cultura, Bibliotecas Municipales a nombrar Cronistas Municipales y a publicar la enorme e importantísima Biblioteca Enciclopédica del Estado de México, escribe en el prólogo Mario Colín: Para el que se propone conocerla, como el amante pretende conocer a la amada, sin detenerse en la sola superficie, a las veces engañosa, el resultado será siempre amable y lleno de sorpresa, asistirá, como en sumario viaje retrospectivo, a la evasión de los hombres desde la mítica Huehuetlapallan, que empujados por sus deidades y por ellas guiados, peregrinaron en pos de la tierra prometida, imantados por el canto del ave milenaria; oirá, tejida con el viento, la extraña melodía del tlapitzalli, el ruido sonoro y alegre del ayacachtli o el sordo y salvaje llamado guerrero del fúnebre tlapanhúehuetl, o la triste canturía de los indios, dicha en secreto y en un idioma dulce, como trasunto de una raza vencida; verán las flores lacustres, perdidas entre juncias y espadañas, sobre las cuales navegaban las canoas indígenas; aspirara el aroma que aún se desprende del burdo sayal de Fray Andrés de Castro, apóstol de los matlatzincas, difundiéndose en el claro Valle de Toluca; mirará, mentalmente, el nacimiento y el desarrollo de la ciudad que fuera asiento de una tribu guerrera y levantisca, que más tarde abandonaría el fiero Coltzin de los sacrificios humanos, por seguir a Cristo a través de las huellas de los hijos de San Francisco de Asís, asistirá, en fin, al diario amanecer de la villa que, oculta entre el anfiteatro de sus gibosas montañas coronadas de nieve, mira el amanecer desde la Teresona, San Miguel Cóporo, el Toloche, Huitzila, Coatepec o el Calvario, mientras la mañana enreda sus caballos en las frondas de los árboles del Carmen, de la Merced y la Alameda, entre la fuga de los pájaros como joyas en llamas hacia el hondo lapizlázuli y nácar del cielo; de la aldea que se despereza en el ir y venir del tianguis y de los portales y contempla el advenimiento de la tarde confundiéndose con la humareda de la estación y la neblina que baja del Nevado, hasta que la noche llega con su hálito resueltamente invernizo y su cohorte de estrellas, a poner la calma en la ciudad y en las calles, ya de suyo quietas…; después, la madrugada será como impoluto cristal de hielo envolviendo a Toluca y sus contornos, como una a la inmensa remecida por el viento que exhala el “Señor Desnudo”, tan frío que hace tiritar a las mismas montañas. Como vemos en estas bellas palabras está resumido el Valle del Matlatzinco, escrito por un originario de Atlacomulco, que mucho dejó en promoción y creaciones culturales a la entidad y a Toluca.

Un largo texto, poético en momentos, es el que escribe Mario Colín al prólogo de su compilación de aquello que escribieron los que llegaron por el oriente donde en el Valle de México se encuentra enclavada la capital del país independiente. Habrá en la prodigiosa mente de nuestros antepasados el saber o intuir que, alguna vez en la década de los setenta se construiría uno de los Paseos más bellos habidos en el país. Un paseo, avenida, carretera que por igual haría venir a los personajes que se enumeran, y por igual de aquí partirán los Pablo y Enrique González Casanova, los Víctor Flores Olea o nuestro sabio cura Ángel María Garibay, Octaviano Valadés, Adam Ruvalcaba, Horacio Zúñiga, Enrique Carniado y José Luis Álamo. El camino de oriente a occidente trayendo por igual a migrantes como el nacido en Rosario, Sinaloa Gilberto Owen Estrada o el nacido en Guadalajara, traductor brillante del italiano al español que diera una colección de valor literario en Iberoamérica: La Canción de la Tierra con más de una veintena de textos publicados por el Instituto Mexiquense de Cultura y, en recientes años por la Secretaría de Cultura y Turismo del Estado de México; Guillermo Fernández García, poeta e italianista asesinado en Toluca, es el genio de una obra inconmensurable; cito también al panameño Roberto Fernández Iglesias —gran promotor de las letras toluqueñas y mexiquenses que fuera fundador del legendario Grupo tunAstral—, o el nicaragüense Hernán Bravo, tallerista de primeras letras de quienes asistían con él llamados por el entusiasmo a la poesía.