+Lo que hay detrás de la invasión estadounidense a la República de Venezuela; Las amenazas imperialistas de Donald Trump
La frase:
Cuando veas las barbas de tu vecino recortar, pon las tuyas a remojar.
REFRÁN POPULAR
En las últimas horas el tema de Nicolás Maduro y la situación política y social en Venezuela ha acaparado las redes sociales y también los informativos en México, Latinoamérica y el mundo entero. Hay que entender que se trata de un asunto que puede generar pasión en las opiniones de cualquiera, pues hay muchas vertientes sobre el mismo tema que pueden despertar todo tipo de opiniones a favor y en contra.
Ciertamente se trató de una incursión armada de un país en el territorio de otra nación, por lo tanto soberana y libre, a la que nadie, absolutamente nadie, tendría el derecho de invadir y hacer valer sus designios por más razones que se argumenten, pero también hay que tomar en cuenta que la vida en Venezuela había tenido un claro deterioro para miles, tal vez millones de habitantes de esa nación sudamericana que era necesario revertir.
En México, nos acostumbramos a vivir en los últimos años recibiendo una oleada de venezolanos que salieron huyendo de esa nación en busca de un espacio en el mundo para con las mínimas condiciones de salud y alimentación que cualquier ser humano demanda, y en eso tuvo mucho qué ver el señor Nicolás Maduro, quien supuestamente gobernaba esa nación bajo un régimen casi dictatorial que pulverizó los derechos fundamentales de los venezolanos.
Nadie se explica bien a bien cómo fue que un país que gozaba de grandes tributos naturales, entre ellos el petróleo y su inigualable naturaleza, fue pauperizado a grado tal de que su gente prefiriera huir para buscar más allá de sus fronteras un mendrugo de comida y condiciones mínimas de supervivencia. Pero así fue la historia. En unos cuantos años, desde el ascenso al poder del presidente Hugo Chávez, la vida en Venezuela se volvió en intolerable, la pobreza se apoderó de las mayorías de esa sociedad, los beneficios económicos del dinero surgido del petróleo se concentraron en unos cuantos y el régimen semimilitar hizo que sólo unos cuantos tuvieran y gozaran de los privilegios mientras que la mayoría enfrentó de las peores carencias.

Aún se recuerdan las escenas de los centros comerciales vacíos en ciudades como Caracas en donde no era posible encontrar artículos de uso generalizado como papel higiénico y mucho menos medicamentos para aliviar enfermedades simples que en otras latitudes eran fáciles de contrarrestar.
Muchos se fueron caminando a la frontera con Brasil porque ahí sí encontraban lo necesario para subsistir y se acostumbraron a sobrevivir en la escasez, pero mucho otros prefirieron continuar su largo andar hacía el norte en busca de oportunidades en lugares como México, donde a muchos se les abrieron las puertas, porque si bien en la República Mexicana nunca se ha vivido en la bonanza, por lo menos si existían condiciones más accesibles para que una familia promedio pudiera sobrevivir.
Otros prefirieron ir en busca del llamado sueño americano por lo que nuestras fronteras con los Estados Unidos de América se atiborraron de venezolanos en busca de una manera honesta de trabajo y mejores condiciones económicas. Pero los gobiernos de los Estados Unidos de América les cerraron las puertas e hicieron cada vez más complicada la posibilidad de emigrar hacia allá, por lo que muchos quedaron atrapados en la zona de la frontera norte mexicana y, a la fecha, siguen ahí en espera de algún día poder brincar hacia el vecino país.
Toda esa situación económica se convirtió en miles de historias de tragedia social para los venezolanos que huían del régimen de Nicolás Maduro, y aunque no les ha ido nada bien en México simplemente les ha ido sustancialmente mejor que en su nación de origen.
Para México este periodo no ha sido nada sencillo, pues de repente se han sumado a su geografía varios millones de personas provenientes de la nación gobernada por Nicolás Maduro en busca de oportunidades y la comida, los lugares de residencia y, sobre todo, las oportunidades laborales también han escaseado en perjuicio de los venezolanos, pero también de los mexicanos que de una forma u otra compiten por esas oportunidades.
Así nació una de las ramas más dramáticas de la explotación de personas en México, la cual consistió en la explotación sexual de venezolanas a las que no les quedó otra alternativa de vida más que la prostitución para sobrevivir, y así las casas de cita y otros negocios vinculados con esa actividad se vieron abarrotados de mujeres provenientes de Venezuela que tuvieron en la prostitución una alternativa para sobrevivir ellas y para enviar unos cuantos pesos, convertidos a dólares, para enviar a su pueblos de origen para que sus familias hicieran menos dramática su situación económica.

Pero no sólo la prostitución atrajo a quienes provenían de Venezuela en México para sobrevivir, hay actualmente cientos de sectores de la economía mexicana que han dado cabida a esas personas a las que expulsó Nicolás Maduro. Hoy igual trabajan en restaurantes, centros de negocios, incluso en actividades especializadas como la medicina, la que ejercen sin reconocimiento profesional, por lo que lo hacen de manera clandestina para lograr unos cuantos pesos para sobrevivir ellos y sus familias.
La penetración de venezolanos en la economía mexicana es cada vez más latente y más fácil de visualizar, y de eso poco se habla en nuestro país, a pesar de que es un fenómeno cada vez más visible en todas las esferas de la vida social.
Así, en México, nos hemos acostumbrado a convivir con quienes provienen de aquel país, incluso en actividades delictivas, pues cada vez es mayor el número de persona provenientes de esa nación que son sorprendidas formando parte de grupos del crimen organizado en México, formando parte de quienes se meten a robar en residencias o participan en prácticas fraudulentas que antes eran casi privativas de colombianos, como la llamada gota de miel, esa práctica de préstamos que está prohibida pero que es cada vez más común entre quienes trabajan en mercado y centrales de abasto de nuestro país, principalmente en municipios del Estado de México, incluyendo a Toluca.
Existe la confianza de que la caída de Nicolás Maduro sea un buen motivo para que muchos de los venezolanos que decidieron migrar a México en busca de oportunidades decidan regresar a su patria y con ello por lo menos se reduzca el número de personas que han tenido que enrolarse en actividades ilícitas en la República Mexicana para tratar de sobrevivir.
Mucho de ese efecto deseado se podrá ver en los próximos meses, sobre todo cuando exista una normalización de la gobernabilidad en aquella nación, porque, por el momento, aún no se sabe con certeza quien encabezará el gobierno de la nación sudamericana, y si bien es cierto que se entiende que los Estados Unidos de América mantendrán la posibilidad de erigirse como quien controla la vida de esa nación, la realidad es que falta todavía mucho que ver, sobre todo quien ejercerá los cargos de gobierno, qué tanto se acercará la nueva autoridad de Caracas hacia el gobierno de Donald Trump y hasta dónde se les dará libertad a los venezolanos para gobernarse libremente.
Mientras todo eso se pone en orden y se aproxima a una normalidad democráticas, tendremos que seguir conviviendo con quienes han invadido silenciosamente parte de nuestro territorio nacional, a quienes de manera alguna deseamos expulsar solamente porque llegaron las fuerzas armadas estadounidense a hacerse del control militar en Venezuela, la realidad es que debemos aceptar que todo este asunto traerá un nuevo paisaje político para Venezuela, pero también para México, en cual podría traer también repercusiones importantes para nuestra nación.

Las amenazas imperialistas de Donald Trump
Dentro de todo lo que ha provocado la intervención de los Estados Unidos en la vida política de Venezuela, hay un hecho que no deberíamos pasar por alto en nuestro país, y eso se refiere a la constante actitud de velada amenaza hacia la soberanía mexicana por parte del mandatario estadounidense.
Algo habrá que hacer con México, ha dicho Donald Trump, por lo menos cada vez que se hace referencia a la posibilidad de que los estadounidenses amplían sus planes imperialistas hacia México, sobre todo teniendo como pretexto la actividad de los grupos delictivos que en México se dedican a la venta de drogas duras, como la cocaína y el fentanilo.
Y la verdad, más allá de lo que la presidenta de México exprese en sus conferencias de prensa en Palacio Nacional, es un hecho que México está en la mira del gobierno de Donald Trump para una actuación militar parecida a lo realizado recientemente en Venezuela, quizá no con el objetivo de derrocar al gobierno local de nuestro país, pero sí de incursionar en aquellos lugares donde todo el mundo sabe que existen los asentamientos de narcotraficantes mexicanos, la mayoría protegidos por autoridades locales que van desde presidentes municipales hasta gobernadores para mantenerse a salvo de cualquier amenaza, nacional o extranjera.
Ya el gobierno de Estados Unidos organizó y orquestó lo necesario para extraer al Mayo Zambada de territorio mexicano y llevárselo para juzgarlo en territorio estadounidense, ¿por qué no habría de volver a hacerlo con otros narcotraficantes como El Fresa o El Pez, en territorio mexiquense, o quien dirige el Cártel Jalisco Nueva Generación?
Una operación encubierta, un método más abierto, un despliegue paramilitar encabezado por especialistas de la DEA, las posibilidades son amplias y muy variadas, pero esa posibilidad está ahí y solo es necesario que el señor Trump se decida a dar un paso más en ese sentido para cumplir con uno de sus objetivos.
Por más que la autoridad mexicana intente hacer ver que esa posibilidad es remota, lo cierto es que está ahí y no se debe perder de vista de la agenda nacional, pues la voracidad del gobierno estadounidense no se saciará con que simplemente le lleven en una charola de plata la cabeza de una veintena de narquillo de bajo perfil.
Eso puede ocurrir y mucho más pronto de lo que asegura la señora Claudia Sheinbaum, porque ni siquiera está en sus manos controlarlo, y no hay que olvidar que en este naciente año 2026 se tendrá que renegociar el tratado comercial entre Estados Unidos, Canadá y México, y ese sería un pretexto que ni mandado a hacer para ejercer toda la presión que se necesita a poner a México contra la pared para la hora de negociar. Habrá que ver.


