Vitruvio biométrico y la falsa búsqueda de la perfección

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Marzo es el mes de la primavera o primer verdor, estación que quizá se vuelve emblemática por el simbolismo del resurgir de la vida y el renacimiento que de manera figurada surge a partide de los fenómenos que surgen con el equinoccio de primavera con el acercamiento de la tierra al sol y el reinicio del ciclo productivo que se traslada a los convencionalismos sociales, y que, permite medir los diversos ciclos vitales que se asocian con la interacción humana que abarca desde la observación del cosmos y la naturaleza, hasta los procesos de vida y fecundidad de las diversas especies animales, incluyendo la raza humana y sus peculiaridades.

De forma preliminar quisiera señalar que originalmente el título de la colaboración solamente se limitaba al “vitrubio biométrico”, sin embargo, consideré importante complementar el título para dar mayor forma a la reflexión que acompaña una breve referencia e introducción al concepto de biométrica, su vinculación con el tratamiento de datos personales, pero, sobre todo, antes de entrar a dichos temas técnicos, identificar cuáles son los principales elementos involucrados con el fenómeno con el objeto de contar con una visión más amplia en torno al impacto del uso de los datos personales biométricos no solamente en el ser humano, sino en el de cada ser vivo y en el control de su interacción con el entorno.

Por ello, esta aclaración se realiza puesto que la falsa búsqueda de la perfección de la que se habla en el artículo se enfoca únicamente en torno a la aplicación técnica de la biometría y no así, en lo que respecta al perfeccionamiento de la condición humana, perspectiva filosófica de la cual, me declaro adepto como parte del desbaste cotidiano que realizamos en nuestra persona representada como una piedra en bruto que requiere un trabajo constante para su modelación siendo materia prima, operador y herramienta, para transitar hacia una piedra angular.

Es por ello que, antes de dar paso al análisis biométrico, me gustaría ejemplificar que el Canon de las Proporciones Humanas creado por Leonardo Da Vinci tomando como referencia el ejercicio realizado por Marco Vitruvio, un arquitecto romano del siglo I antes de Cristo, que trabajó para Julio César que en el marco de la arquitectura estudió las dimensiones del cuerpo humano como medida para el desarrollo de edificaciones, y que, a través de la maestría de Leonardo Da Vinci, ilustró la perfección del cuerpo humano no sólo en su entorno, sino, como obra universal y de la conexión humana con la perfección de la creación, tanto de manera geométrica, como simbólica, a partir del ombligo, y que ayuda que una escuadra y un compás, sean herramientas para la construcción universal.

Sin embargo, ese mismo hombre del Vitruvio puede considerarse como un ejemplo de los excesos de la obsesión humana por la perfección, al punto de considerarse una medida válida para la condición humana que, si bien al principio sirve de utilidad para demostrar la potencialidad de la perfección humana, dicha ilustración es de carácter simbólico y no material, en la propia inteligencia de que cada persona es distinta y que, no necesariamente para ser perfecta debería ser puesta a comparación con el mismo hombre del vitruvio, sino que,  cada persona requeriría contar con su propio modelo biométrico a partir del cual fuera posible identificar la propia perfección que a su vez, como en el caso de la piedra bruta y la piedra angular, son representaciones del acto y la potencia de la perfección humana a partir de la medición no sólo del cuerpo, sino de las acciones ejecutadas en los actores de las personas y en los cambios generados en cada consciencia. Con lo cual, dicha figura representa la base de la ciencia humanista, más no puede representar el canon de lo que se espera de cada entidad humana.

De la misma forma, el estudio de la vida y de la interacción humana como base de la percepción y como objeto de escrutinio, encuentra diversas aproximaciones que se gestan a partir de la evolución del método científico aplicado al estudio de todo, es decir, a lo que denominamos como ciencia o ciencias, que reflejan la ortodoxia del intento de saciar la curiosidad humana a partir de la explicabilidad fenomenológica, y que, si bien hoy en día cuentan con materias o especialidades claramente definidas, no podemos evitar considerar que, por muy elaboradas que se encuentren las ciencias, actualmente ante los avances tecnológicos y/o los fenómenos que han surgido a partir de los mismos, surgen nuevas interrogantes o enfoques hacia los cuales deben dirigirse los estudios en función de los descubrimientos o evidencias de nuevos parámetros observables.

Tal es el caso de la biometría, la cual en principio, no podría considerarse como una disciplina aislada sino más bien, como una aplicación tecno – tecnológica que surgió hace ya varios cientos de años (con usos como en el caso de los chinos o culturas primitivas que identificaban a las personas a través de las estampas de su mano), pero que, en particular encontró un contenido propio a partir de la identificación antropomórfica y antropométrica de Bertillón y las huellas dactilares como mecanismo para la creación de fichas señaléticas para identificar y registrar delincuentes. Otro tipo de identificación biométrica primaria, también se asocia a través del uso de características humanas como en el caso de la estructura antropomórfica del cráneo, que el Padre de la Criminología, el italiano César Lombroso, asoció con el de diversos tipos de criminales que podrían ser identificados como tales únicamente por las características de su cabeza como criminales natos, locos morales, epilépticos, pasionales, enfermos mentales y ocasionales.

Como puede verse, las motivaciones que surgieron para la identificación humana no se gestaron a partir del lado luminoso de la ciencia, como un mecanismo para asignar una identidad fundacional en el marco de un derecho a la identidad, sino que, más bien tuvo como principal motivación el lado oscuro relativo al prejuicio de la condición humana en función de las características que le describen de manera particular, y que, en una segunda mención merece la revisión de un riesgo particular en torno al uso de datos de medición, como lo son los sesgos y prejuicios.

Finalmente, podemos verificar en este momento que, la biometría constituye una disciplina que permite medir las características de la fisionomía humana que ha encontrado regularidad a partir de determinados indicadores, pero que, apenas son el comienzo de un espectro de posibilidades de identificación y medición, que encuentran dos principales enfoques hasta el momento, dividiéndose entre datos biométricos estáticos y datos biométricos dinámicos, mismos que, como veremos en la siguiente colaboración para identificar y distinguir las categorías en las cuales podríamos clasificar a los datos biométricos dentro de los datos personales, describen las características de las personas en función de los parámetros regulares de dichas características en función de lo siguiente:

Datos biométricos estáticos, se refieren al conjunto de características de las personas que pueden medirse tomando parámetros de comparación de imágenes fijas, entre ellos encontramos la información tradicional como lo es la imagen facial, huellas dactilares, morfología del iris y la retina, la geometría de la mano, el reconocimiento vascular, entre otros.

Datos biométricos dinámicos, se refiere a aquella información que genera una huella de la vitalidad de la existencia de una persona en el espacio tiempo y que mantiene esa cualidad de regularidad que le identifica, entre estos datos, encontramos la firma, la voz, la escritura, el tecleo, la forma de andar, la estela y los datos digitales, entre otros.

Es por ello, que al hablar de datos personales biométricos según la Guía para el tratamiento de Datos Biométricos del INAI, éstos pueden definirse como las propiedades físicas, fisiológicas, de comportamiento o rasgos de la personalidad, atribuibles a una sola persona y que son medibles, definición que requiere incluir el concepto del Convenio 108+, en torno a que deben identificar de manera única a una persona, y, el componente implícito que les otorga dicha cualidad, como lo que, la posibilidad de su lectura y tratamiento a través de tecnología biométrica y/o el uso de técnicas biométricas, y/o en el marco de la biometría.

Bajo esta perspectiva, es posible advertir que, el uso biométrico de datos biométricos tiene un tercer nivel de riesgo asociado a la falsa búsqueda de la perfección, puesto que, aún cuando se cuentan con mecanismos para poder clasificar dichos datos, el alcance de su uso todavía en gran parte resulta ignoto en función de los fines que se persigan en torno al manejo de dicha información que resulta significativa para otras ciencias, disciplinas o simples teorías, como lo son la medicina, la terapia física, la criminología, la anatomía, la reflexología, la acupuntura, la geometría, la biología, así como los diversos simbolismos que pueden dársele frente a diversas creencias como lo pueden ser la cultura, la religión, la quiromancia, la alquimia y el esoterismo, que también generan efectos en las personas, su comportamiento y su vinculación con el entorno.

Rasgos que, deben ser considerados dentro de la aproximación inicial del Vitruvio biométrico, como base y medida de los datos biométricos, mismos que, también deberían tomarle como un cartografía en torno a los usos sugeridos en función de las finalidades, como más adelante seguiremos analizando. Hasta la próxima.