VIVIR EN LA MENTIRA –Primero de tres capítulos–
La crítica es como la válvula que se abre y que deja salir al aire vivificante de otra opción.
La crítica es necesaria para el mantenimiento justo, correcto, razonado de un cierto status político.
La crítica a una forma de gobierno es en cierto punto, la defensa del débil ante el poderoso, una especie de Ministerio Público Popular contra quien tiene las riendas del poder.
No se concibe la ausencia de crítica, pero se viviría en una cierta ficción. Se omitiría el oxígeno para la respiración necesaria del cuerpo social.
Un pueblo puede vivir en silencio, pero eso no quiere decir que acepte todo: puede no haber crítica en cierto momento, pero la posteridad castigará acre, cruelmente, al dueño del poder, que no dejó, que omitió que se le dijera el acento que sobraba de su escrito ejecutivo.
Y sucede también que el mismo mandatario (a) es engañado por su séquito.
Gregorio Potemkin, como sinónimo del engañar al mandatario dejó escuela.
El amante de Catalina, la zarina de Rusia, la hizo creer que gobernaba un país en aparente estado de felicidad; Cuando la zarina visitaba un villorio, la abundancia y la sonrisa afloraban, niños cantando con cestas repletas de ubérrimos frutos, casas hermosas, aldeanos en zenit de la abundancia.
Continuaba su camino la comitiva y en el siguiente poblado se repetía lo mismo: progreso y bienestar por doquier.
Cuando la enorme comitiva regresaba, ignorante del falaz engaño sonreía satisfecha, nadie se atrevió nunca a exponerle el engaño en que la tenía Potemkim, su favorito: con una escenografía hábilmente montada, una especie de teatro ambulante, se le aparecían a la zarina actores que realizaban su papel a la perfección. Y lo demás cabía exactamente; Fachadas, frutos, niños, sonrisas.
Esa trashumante representación, con ligeros cambios iba de un pueblo a otro, por supuesto siempre un paso antes que la comitiva.
¿Y atrás en el fondo? Miseria, un pueblo sin poder expresarse, una infinita serie de carencias…
Hábilmente la técnica Potemkin ocultaba la verdad. La falta de escuchar otras voces, la ausencia de otras opciones, –en este caso del grueso poblacional– ayudó a la farsa.
En nuestro medio Potemkin vive cuando el cortesano por no herir los tímpanos del señor además de que le oculta la verdad, la presenta un mundo irreal y diferente. Este estilo, existe y pervive, cuando un medio de comunicación falsee y oculte lo que realmente sucede, o cuando por no lastimar al gran señor, nunca le dice que hay errores fehacientes que es necesario continuar cometiéndolos, o peor; cuando no dice nada. El famoso delito por omisión que consiste en pudiendo decir algo, no se dice.
Y así sucedió durante 36 años desde Salinas de Gortari hasta Peña Nieto en que prohijados por los mandatarios los lambiscones (as) loaban demás al mandatario en turno. Aunque con AMLO se quitó esta infeliz costumbre, estos mismos (as) se le voltearon y no podía dar un paso que ya lo estaban golpeando.
La crítica desde hace siete años, feroz, sin fundamento se debe a que ya no tuvieron las prebendas de los presidentes neoliberales y así una crítica mentirosa, pero dueña de los medios más importantes balacea sin piedad hoy a Claudia Sheinbaum.
Descontando que tendrá más valor así cuando se haga, cuando se diga en el momento; y hoy ya que no está AMLO se usa la crítica a posterior, a toro pasado, cobarde y mentirosa, pero en el pecado lleva la penitencia, pues además que a veces es inútil, se tacha de falta de valor; cosas obvias, errores que de humanos son, que no se dicen o que se dicen después, en poco ayudan al de la real crítica, como hoy se ensañan con Gonzalo López Beltrán en lo relativo al accidente del tren peninsular.
Ahora otro problema ¿hasta qué punto es posible dentro de la crítica el poder decir. En estos tiempos y en este país es muy restringido. En estos tiempos y en este país, sólo unos cuantos tienen el privilegio de poder hacer uso de una valiente y saludable crítica en el ámbito político. Sólo unos cuantos tienen el privilegio de anotar en letras de molde, lo discrepante o la errata del mando político; dije por escrito, con la pluma con la letra impresa del periódico o de la revista lleva a un buen número de lectores y precisamente son los que quedaron del viejo régimen y lo diremos con sus nombres El Universal, Reforma, Televisa y TV Azteca, del deudor Ricardo Salinas Pliego.
Sólo recordaré al noticiero de Jacobo Zabludovsky que cada noche cubría el manto de la mentira, palomeado desde los Pinos y todos creíamos que era la verdad.
Curiosamente la hipotética verdad está en canales minoritarios como el Canal 11, el 22 Cultural, y da pena decirlo, pero Proceso aquella revista de análisis de izquierda hoy también es patrimonio neoliberal.
En estos días en que el orate de Donald Trump, entró unilateralmente y violando la autonomía venezolana por Nicolás Maduro, que se quiera apropiar de Groenlandia y que cada día amenaza con nuevos aranceles y propiamente se convirtió en árbitro del mundo, quienes propugnan porque las tropas gringas entren a México son unos infelices vende patrias que tendrán sus renglones en el próximo capítulo.

