Educación, Racismo y Lenguaje en América Latina
Esta semana me gustaría proponer un regreso al trabajo de dos investigadores de mi país que considero fundamental, para a través de él, entender un problema que aqueja prácticamente por entero a las regiones del continente latinoamericano. El trabajo en cuestión se titula Yo te segrego a ti porque tu falta de educación me ofende: una aproximación al discurso racista en el Perú contemporáneo, de los investigadores Virginia Zavala y Roberto Zariquiey, ambos docentes investigadores de la PUCP (Pontificia Universidad Católica del Perú).
Veo el texto tan vigente porque permite al lector comprender dos de las causas que explican, a mayor profundidad, el problema de la segregación racial en el país: primero, que el racismo, por más que se lo intente negar y camuflar por medio de distintas narrativas, argumentos y discursos aparentemente comprometidos con la igualdad social, permanece activo e implícito en las expresiones del lenguaje ordinario de las élites peruanas; y segundo, que las ideas de superioridad biológica, moral y cultural subyacentes al discurso de las clases privilegiadas ya no sólo se ha propagado, se ha normalizado y hasta aceptado dentro de la misma clase mestiza del país, que es una mayoría considerable.
Como es evidente, de estas dos problemáticas abrevan numerosas situaciones en detrimento de la cohesión cultural de la sociedad peruana. Pero, sin duda, el escenario más problemático de todos estos es la perturbación de las identidades propias y ajenas que se produce a raíz del camuflaje de expresiones racistas en el lenguaje cotidiano. Con esto me estoy refiriendo a que las relaciones que se mantienen con el Uno Mismo y con El Otro en el Perú de la actualidad están profundamente conflictuadas, porque nadie quiere aceptarse tal cual es y nadie quiere ver al otro como superior o igual a él mismo.
Tras todo esto se esconde un patrón que determina las interrelaciones que los peruanos tenemos entre nosotros, que dependiendo del estrato social del que se provenga, se va adquiriendo progresivamente por medio de la educación de los padres –aunque muchas veces han sido los mismos medios de comunicación y los textos escolares los responsables de asentar este patrón en el inconsciente colectivo–. Gracias a esta idea de Zavala y Zariquiey nos damos cuenta de que el asunto, además de social, ideológico y lingüístico, es también un problema de educación.
Para entender mejor el asunto educativo Zavala y Zariquiey nos proponen pararnos a pensar problemas tan aparentemente triviales como: ¿qué hay detrás de la expresión la gente, y qué nos han enseñado que hay detrás de aquella expresión?, ¿realmente todo esto se solucionaría si nos educásemos mejor?, y a la vez, ¿quiénes y bajo qué criterios se quejan de la educación de aquellos que segregan? Etc… Con todo esto, lo que nos están queriendo decir son dos cosas: que de las representaciones primarias sobre El Otro que tengamos, después dependerá lo que nuestras palabras expresen, para bien o para mal, de una manera tácita; y que por todos estos asuntos, en el Perú y en muchos sitios, la interculturalidad es el terreno lejano.
Además, no se deja de pasar revista a todos los problemas que trae lo que se ha venido llamando La ideología del mestizaje. En sus palabras: La indefinición que nos proporciona la ideología del mestizaje invisibiliza nuestra raza ante nuestros propios ojos. Y es que, si tenemos en cuenta que este mismo discurso de racismo soterrado de mestizaje se promueve a nivel gubernamental y familiar, entendemos por qué, a la larga, este fenómeno nos separa más de lo que nos une: porque nos hace tener una relación deshonesta con nosotros mismos, que posteriormente puede incluso entibiar nuestras percepciones sobre el racismo con los otros, llegando incluso a sugerirnos su aceptación con tal de escalar socialmente.
En suma, no puedo dejar de recomendar el texto, en tanto y en cuanto creo que la gran parte de problemas de nuestras sociedades derivan de mantener relaciones problemáticas con quien nos es ajeno y con aquél para quien somos ajeno, dadas todas las capas y redes de significados negativos y cargados de significados como invasión, contaminación o inferioridad que pululan por el inconsciente colectivo de las sociedades latinoamericanas. Que a las finales, no nos traen más que resentimiento, complejos de superioridad y lugares incapaces de unirse por un compromiso común o por la bandera de la tolerancia.

