El dolor
Nadie puede decirle No
al Señor de las torturas
y la falsa redención.
Toma por sorpresa
cada centímetro de cuerpo
inunda los resquicios
mata la paciencia.
En el limbo de su reino
lo humano se destruye
y un animal surge de la sombra.
Berrea, ruge, aúlla
el alma por salir,
abandonar su voluntad.
El suplicio se prolonga.
Los dolores del dolor
no encuentran nombre
ante el
avasallante dolor real.
El de las fibras del músculo,
las vísceras o el hueso.
Eso sí es dolor, sabedlo
y el umbral para verlo
no es más que la puerta
de entrada al nuevo Averno.

