Entre magia e imaginería
Revisar el texto del padre Garibay titulado Anales de Xilotepec es entrar a un mundo mágico y de imaginería, pone en sus letras lo que el Códice de Jilotepec, como se le conoce, dice: 1426 (sigue grabando) siendo tan grandes encantadores naguales esta siega gentilidad advertían también como si tuvieran entendimiento tan solimado en mudar trajes y volverse animales y tomarse de los más espantosos y atrevidos animales. Qué puede sorprender al padre Ángel María en esta imaginería si para entonces el estudio de las mitologías grecolatinas es asunto que domina en la imaginería que viene del viejo continente, de su mente que cree en las cosas que no se ven, pero que los pueblos antiguos han creado para comprender las cosas físicas y metafísicas que suceden una y otra vez en el mundo en que vivimos. Sus libros publicados en el año de 1964 son prueba de esa pasión investigadora por aquello que es imaginación y magia en los pueblos originarios, los dos libros tienen como primera edición en Editorial Porrúa: Mitología Griega y Voces de Oriente publicados en el año de 1964 por primera vez.
Son prueba de la mente que desea abarcar todo lo que hay en nuestro planeta. Una vocación de investigador parecida a la de Jorge Luis Borges o Alfonso Reyes. Garibay escribe: El rey que por entonces pusieron se tornó en una valiente águila en su silla y era tan alto el temor que les ponía a los indios que así los tenía tan sujetos a su mando y con cierto (¿) bastante guerra para asegurarse de ellos y de su barbaridad y viendo estos indios que este rey venía destruyendo la tierra con las batallas que le ofrecía cada día trataron de quitarlo y buscar nuevo rey por su mucha crueldad y tiranía y habiéndolo quitado por engaño con ser que era tan ardidoso no le valió. Las crónicas de lo sucedido contado por un tlacuiloani desconocido, pero que queda en materiales que prueban lo sucedido en realidad o en la imaginación de aquel que lo ha escrito.
Sigue contando lo que ha encontrado en el Códice de Jilotepec: Una noche le pagaron fuego a su casa donde vivía y a poco de arder lo vieron que estaba sacando la cabeza de aquella (—) hoguera a flechazos lo mataron por el riesgo en que ponían y así le nombraron Tlanico los mexicanos y los otomíes Texenthey, señor que ha trillado o nos ha trillado como trigo y como (—). La riqueza de los Códices contiene además una serie de grabados, lo que le da mayor valor, pues participa en dicho Códice un artista visual y no sólo el escriba, así lo presenta: (Un grabado con dos figuras: uno como conejo encerrado en un cuadro y una cabeza que asoma por sobre una casa abrazada. Arriba:) Rey cabeza de águila, murió quemado en su casa. La tarea del Cronista en los tiempos es el de quien pergeñando en la vida de los otros pone sobre el papel los sucesos, no sólo de su presente, sino también de aquellos que le vienen del pasado, y que le permiten comprender sobre ese presente del que escribe.
Prosigue el relato el padre Garibay de lo que aparece en el Códice: 1430 años (un dibujo) Y por haberse pasado algún tiempo los indios sin rey por haberlo quemado y de ese miedo ninguno se atrevía a serlo pero hubo fuerza en ello y pusieron a Quenguie, señor que estaba metido entre una neblina muy espesa de miedo de lo sucedido y le aplicaron el mismo nombre como lo hallaron y le hicieron rey de quien tenían esperanzas que les hiría [sic] bien en sus batallas siembras y laboríos y todo muy fuerte y abundante por la señal de haberle hallado a donde estaba; mas la voluntad de Dios N.S. fue otra que en todo el tiempo que fue rey este hombre no cayó una gota de agua que fueron muy rigurosas las ambres [sic] y que se comían unos con otros y que hasta los animales y que hasta los animales eran contra estos pobres infieles que muchos de ellos se los comieron y tragaron vivos por la confianza que habían hecho tan bárbara…
Los Códices mexicanos, desde allende el río Bravo y hasta más allá de Guatemala, Honduras y El Salvador, de aquellos tiempos que reúnen una gigantesca cultura de culturas, la pura búsqueda de tales nos recuerda el documento que pierde su originalidad, pero guarda la magia de la cultura Maya en el Popol Vuh que es libro sagrado para quienes habitando allá, más allá del río Usumacinta frontera de México con Guatemala, nos recuerda que aquellos tiempos de nuestras culturas originarias eran territorio de magia e imaginería invaluable. El Códice de Jilotepec es toda una larga historia de sucesos que tienen que ver con el poder de gobernar, un texto político en varios sentidos, lo comprueba todo el calendario de sucesos que abarcan de 1403 a 1587. Los nombres de gobernantes otomíes se suceden uno a uno y aparecen también aquellos españoles que toman el lugar de los originarios de la región. Por ejemplo, cita el texto, que se refiere al año de 1475 donde dice: Cansados ya de su idolatría estos pobres ignorantes no hallaban modo ni abrigo que les fuera favorable pues todo les era tan contrario que para mayor desengaño suyo se les ofreció un hombre por gobernador quien les prometió despertarlos en su seguedad (sic) y tinieblas en que se hallaban y librarlos de una continua guerra que les esperaba porque había visto en los gobernadores que habían tenido tan sin provecho del bien de sus hijos y todo perdido y todo acabado y daré la vida por vosotros. Viendo esto esta plebe se animaron y lo coronaron por rey Despertador y los mexicanos le llamaron Oxitipan y el othomí le nombraron Xengogui nuestro consuelo y despertador el primero y el postrero que nuestra tierra pisara porque han sido tantos que no a abido (sic) quien nos ayude todo a (sic) sino en bano (sic) y así fue y así acabaron y a este pobre rey le siguió mal que fueron tan copiosas las lluvias que llovieron que nunca pudo dispertar en su ciega ignorancia muchas enfermedades ambres (sic) y otras epidemias que le siguieron que jamás pudo proseguir como les había prometido porque su codicia y maliciosa intención era ahogar a toda la plebe y bajando un día a hacerlo un toro se lo tragó a él y así acabó y despertó en la barriga del animal. Este falso rey en el tiempo de su gentilidad y gobierno y viéndose tan tristes y tan desconsolados de ver a tanta lástima en sus reyes procuraron la congregación.
Qué tendría que ver el libro de Nicolás Maquiavelo y su obra de El Príncipe en un lugar donde gobernar tiene que ver con efectos mágicos y, no sólo de hechos, como dice la válida premisa de la ciencia política. Aquí, en el mundo otomí, la magia ocasiona que un animal se coma al mal gobernante. Por el pueblo se corrió ese rumor que así fue y todos lo creyeron. A nadie le conviene buscar lo que en verdad sucedió, y en esto, el relato es bello, pero también inquietante. ¿Qué sucede en los Anales de Xilotepec?… cuenta el padre Garibay: (un grabado) 1516 Llegó D. Martín Cortés con grande aplauso y alegría a estas llamadas de México en donde estuvo con su compañía y ejército que traía para el remedio de esta tierra que por inspiración del cielo y por órdenes expresas quería trazar y ver el mejor camino o remedio que podía haber en este tiempo con esta gente bárbara y los peligros que se pudieran quitar para su conversión y sujeción de este nuevo reino de Yndias (sic) (F.29) mas como la voluntad de Dios N.S. era que todos se sujetaran al gremio de nuestra santa fe católica romana que sería para su mayor gloria y bien de tantos, almas cautivas del demonio que tantas e innumerables a que la siega (sic) gentilidad estaba en su seguedad (sic) y oscuridad y para su mayor claridad fue el Señor servido abrir camino para el mayor remedio y en todo hubo el famoso marqués buen acierto que todos le rendían el corazón con su cariño y amor.
Un viejo mundo que llega al nuevo mundo. Nuevos personajes que se infiltran por las armas y la religión dentro de culturas milenarias que con sorpresa miran a los blancos y barbados personajes que toman todo lo habido. Tiempos telúricos que en los Anales de Xilotepec hablan del pasado en los reyes que no podían dar paz y alimento a sus pobladores y por lo mismo pagan con su vida, permitiéndoles, eso sí, morir dentro de la barriga de algún animal gigante o por aquellos que quemando el lugar donde vive, le ven huir con las llamas pegadas a sus aparejos. El texto recuperado por el padre Garibay es prueba de un trabajo de crónica invaluable, enseñanza para todo aquél que desee hacer lo mismo en esos lugares, que muchas veces escondidos de los caminos de la independencia, reforma o revolución son lugares de aportaciones relevantes a la historia nacional. Todo es buscar con cuidado y pasión en aquellos lugares que lo mismo puede estar en las casas de sus pobladores que en el archivo parroquial. Las letras del padre Garibay abren un mundo de letras y elocuente imaginación.

