Héroes en red

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A mis estudiantes de la Maestría de la CBENEQ

Cuando inició la pandemia del COVID 19 el diecisiete de marzo, jamás imaginé cuánto nos ha cambiado la vida en estos meses. Recuerdo que temprano trabajé en la Universidad y el comunicado de suspensión de clases por la Normal del Estado, llegó por whatss en el trayecto de la mañana.

Para las siete de la noche la universidad ya nos estaba dando los acercamientos para laborar con los estudiantes de manera virtual.  Algunos s ya teníamos familiaridad con esta forma de educación aunque, también, pensé infinidad de cosas: cómo continuar enseñando, qué tipo de estrategias emplear, lo nuevo que tenía que aprender para dar clases en línea, los recursos, qué estrategias, cómo llevar a los alumnos con la formalidad de las clases presenciales y el desafío de ser creativa virtualmente bajo el uso de todas esas herramientas digitales sin perder la calidez humana en medio de la frialdad tecnológica.

No fue fácil reconstruirme sobre la marcha. Ser maestra de licenciatura y posgrado, tiene mayores compromisos profesionales ante estas generaciones designados nativos digitales [1], quienes tienen destrezas cibernéticas que superan a los maestros. Estos nuevos estudiantes tienen la facilidad automatizada, pero el filtro del pensamiento y la creatividad encaminada a la educación, había que perfilarla hacia su formación pedagógica y humana a través de la capacidad del maestro frente a grupo.

Los alumnos de licenciatura, por ser todavía más jóvenes que los de maestría, sin problema alguno fluyeron como pez en el agua bajo el amparo de las destrezas desarrolladas y el cobijo de un acompañamiento que les prodiga la educación de instituciones particulares.

Mi reto fue mayor con los maestrantes normalistas que ya tienen experiencia en la práctica docente, son nativos digitales con mayores exigencias por razón de la diversidad profesional que muchos ya llevan, además de la formación normalista.

Esa semana de contingencia declarada, las dos primeras sesiones por zoom, fueron un desafío porque cometí pifias naturales ante distintos aprendizajes. Sin embargo mi sorpresa fue grande, cuando sobre la marcha de los contundentes cambios, la juventud cibernética encaminó su creatividad, innovación, colaboración y demás destrezas digitales hacia conocimientos compartidos que diversificaron nuestro mundo profesional docente y abrieron inusitados horizontes en la educación virtual.

Cada estudiante, desde su mundo referencial, ofreció una nueva posibilidad en y para el aula virtual, concluyendo en innovadoras prácticas en los procesos de enseñanza y aprendizaje, llevados a sus propios contextos dado que, ellos también tuvieron que enfrentar el contundente cambio con sus propios alumnos en educación básica.

Esta circunstancia, como profesorado, es una enseñanza única en la historia de la educación en la humanidad, no sé si será la única de esta magnitud. Sé que, frente a mis treinta años de servicio pedagógico, los maestros que nos implicamos al cambio con mayor esfuerzo.

Más que ser diestros de la enseñanza virtual, nos retamos con ética, compromiso, amor, pasión al trabajo y solidaridad. Nos convertimos en héroes en red para no dejar caer no sólo la formación de las generaciones que están en nuestras manos sino, además, mantener una formación humanística ante las insólitas catástrofes.

Esta vez, el reto y el desafío para los maestros que se convirtieron en héroes en red, fue de alta escala, porque mostramos cambiar o morir, antes que abandonar una pedagogía de la esperanza y una pedagogía de los  sueños posibles.[2]

 

[1] Término usado por la pedagoga e investigadora Emilia Ferreiro

[2] Títulos de la obra pedagógica de Paulo Freire.