MÁS CUENTOS Y RELATOS

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Otro libro exitoso de Vicente Riva Palacio es el de Cuentos del General, publicado por Conaculta en el año 2012, dentro del programa excelente llamado México Lee. Si las novelas son un largo y exitosos caminos de escenas y de personajes en sus letras, o la poesía es una versificación realista del México y sus tradiciones, en el caso de sus cuentos y relatos siguen esa vena mexicanista, que lo mismo estudia la España de los siglos de la colonia, que desembarca en personajes como Hernán Cortés y Moctezuma, pero también de los hechos que formaron comportamientos de la iglesia y los virreyes, en esa lucha por imponer su autoridad el uno sobre el otro. Los cuentos tienen de todo, paisaje natural y urbanístico, hechos geniales y anécdotas para reír por el desenlace. La prologuista del libro citado cuenta: Es un hecho que Riva Palacio no se hizo cuentista de la noche a la mañana, y no hay que olvidar que el cuento mexicano a lo largo del siglo XIX estuvo en la búsqueda de su propia naturaleza, por eso en ocasiones las narraciones eran recuerdos e impresiones personales, en otras, descripciones de viajes y costumbres, y en algunas más, sátiras y caricaturas o, como decía Rafael Delgado, “Cuentos, sucedidos, notas, bocetos o como te plazca llamarlos…” Lo que nos importa destacar aquí es que los Cuentos del General, escritos en la década de los noventa del siglo pasado, son la obra narrativa más rica y completa de Riva Palacio, en la que no sólo describe detalladamente y con curiosidad las calles, los edificios, las diversiones, las vestimentas y costumbres de los habitantes de la ciudad madrileña y la campiña española, o hace uso del habla coloquial de los pobladores de la península, sino que logra que confluyan en sus cuentos todos aquellos discursos literarios que había venido manejando —las más de las veces por separado— a través de su vida de escritor.

Todo cabe en los cuentos y relatos escritos por el mexicano de fin de siglo XIX. Es la década de los noventa de ese siglo que estando en Madrid, como diplomático por órdenes del dictador Porfirio Díaz, que lo exilió en el año de 1886, para que dejara de estar metiéndose en asuntos políticos, en particular, por querer ser el gobernante del Ayuntamiento de la capital mexicana. De esta manera, y en sus tiempos de reposo en la capital española le permitió, y eso sucede siempre con los genios que descansan haciendo adobes. El ensayista, poeta, narrador, cuentista y dramaturgo no se podía estar en paz, y su literatura es siempre un factor de lucha, de batalla contra las injusticias sociales en general y, en lo particular, para decir a aquellos que deseaban que desapareciera de la faz de la tierra. No les daba gusto, pues él sabía que la pluma, puede ser tan poderosa que la espada o más aún, es la que forma las ideas que después han de ser obra en el artista, el intelectual, el científico y en los políticos: cuando estos son humanos que ponen su atención al estudio y no sólo a la ambiciosa sed de poder.

Cito de nueva cuenta a María Teresa Solórzano Ponce, quien escribe: También conviene comentar que, al parecer, en la época en que Riva Palacio escribió los Cuentos del General ya había rebasado con mucho la etapa del escritor romántico, puesto que en “La horma de su zapato” se plantea una burla abierta a la narración romántica, que gustó tanto del tema diabólico; aquí en el relato del General, el diablo tiene más de pícaro que de terrorífico, el modo común de Mefistófeles. Vale la pena poner atención en las siguientes líneas: “Nuestro pobre diablo… se encontraba como diría un elegante novelista “Bogando en un agitado mar de confusiones” o “Arrebatado por un torbellino de incertidumbres”, líneas que ayudarán a vislumbrar el festivo sentido irónico y hasta paródico que configura el cuento”. No es necesario citar en la tradición de las pastorelas el papel que hace el demonio en todas y cada una de ellas, tanto en el teatro como en las plazas públicas. Las pastorelas y los días de Muerto en el mes de noviembre en México son motivo de chacoteo, de respeto, pero también de diversión. Y al estar en España Riva Palacio, le permitió juntar esas dos culturas, en la tradición mexicana, pero también en la rica cultura española que al final de su vida habrá dejado una impronta. Sean las palabras de Riva Palacio las que nos traigan a la fuente del saber, con ellas podremos comprender cómo es que anímicamente se sintió en los últimos años de su vida, leamos “La horma de su zapato”:

 

Con sólo que hubiera tenido talento, instrucción, dinero, buenos padrinos y un poco de audacia, habría hecho un gran papel en la sociedad el amigo que me he refirió lo que voy a contar. Pero, aunque de escasa lectura, como es viejo y no ha salido de Madrid, tiene mucho mundo, y debo creer que es una verdad cuanto me dijo, y allá va ello. Hay en el infierno jerarquías, lo mismo que en el cielo y en la Tierra: y hay diablos que ocupan encumbrados puestos, mereciéndolos o no; al paso que hay otros que se la llevan de cesantes, sin tener ni una mala alma de usurero a quien dar tormento, ni reciben siquiera comisión de pervertir en el mundo, para llevar al reino de las tinieblas el espíritu de algún desesperado mortal. Uno de éstos, de quien decía que por pasarse de listo había sido dado de baja, andaba siempre en pretensiones sin poder, alcanzar empleo: entre los diablos mejor informados y que estaban al corriente de las intrigas políticas, se aseguraba que este infeliz, que tenía por nombre Barac, que en hebreo tanto quiere decir como Relámpago, debía todos sus infortunios a la enemistad de otro diablo llamado Jeraní (engañador), que le tenía jurado odio mortal y que se había propuesto ponerle siempre en ridículo. Pero a pesar de este odio y esa mala voluntad, Barac alcanzó al fin a contar con buenos padrinos, seguro ya de burlar todas las acechanzas de Jeraní, que con esto quedaba vencido. Un día Luzbel, aunque poniendo mal ceño, llamó a Barac y le dijo: —Si usted quiere —porque también en el infierno hay urbanidad—que se le reponga en su destino de tostador de malcasadas, que yo sé que es bastante alegre y socorrido, va usted, a salir al mundo, y dentro de quince días, a las doce en punto de la noche, del lugar en que usted estuviese, ha de traer usted un alma de mujer, joven y bonita. —Está muy bien —contestó Barac—; supongo que se me darán los recursos necesarios y que podré salir enseguida. Saldrá usted enseguida y se le dará a usted lo que se crea necesario: recurra usted al tesorero.

Sobre todo, en el género del cuento dentro de la literatura se permite todo: todo puede ser trastocado a condición de que sea creíble y, de preferencia, aunque no necesariamente, alegre y optimista, audaz e imaginativo, sencillo en el decir y como prueba de que sucedió, siguiendo la huella de lo que dijera Mario Vargas Llosa cuando habla de la novela: hacer cosas que siendo mentira sean verdaderas. Esa es la diferencia de la Literatura con respecto a la Ciencia, que los científicos no se pueden permitir imaginar cosas que los resultados del laboratorio no les den por ciertos, que las cosas al ser como son, así son y no de otra manera; en el caso de la Literatura todo cabe en esa condición de que parezca como única verdad, o una de las tantas verdades que el lector debe creer para su disfrute o para su angustia. Lecturas del siglo XIX nos aporta Riva Palacio, letras que vienen del recuerdo de El periquillo sarniento de J. Joaquín Fernández de Lizardi del cual sabemos que sus tres primeros libros fueron publicados en 1817 y el cuarto sólo hasta el año de 1830, pues trataba asuntos de crítica a la esclavitud, por lo que fue hasta la caída del imperio español y su alejamiento del nuevo país independiente que fue posible que viera la luz pública. Para entonces Fernández de Lizardi había fallecido. Este personaje es otra de las perlas de nuestras letras en ese siglo de claroscuros que dignifican al final la creación de un nuevo país no más tierra de imperio europeos, que estaba por conocer cerca de la mitad del siglo decimonónico a un nuevo imperio, más voraz y terrible: Estados Unidos de América, cuya libertad de los ingleses se realizó el 4 de julio de 1776, y desde entonces no hizo más que crecer y crecer expandiéndose en el mundo. Leer a Vicente Riva Palacio y Guerrero es retornar a nuestro México lindo y sufrido.