Se necesitan líderes

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“Un gran líder no necesariamente es quien hace grandes cosas. Es la persona que logra que otros lo hagan.”

Ronald Reagan

 

Los tiempos convulsos de la modernidad, nos han hecho justipreciar la importancia de las relaciones humanas en toda su extensión. Es fundamental para la humanidad el poder sociabilizar; extender las alas de la comunicación efectiva y visualizar los alcances prácticos que la comunicación tiene en nuestra sociedad.

 

Es evidente que, los momentos que se viven en la actualidad no son los momentos de otras décadas, la evolución nos está desarrollando involución. Esto es así: a medida que el ser humano se apropia del conocimiento que las generaciones pasadas nos han legado, caminamos por el sendero del desarrollo, pero al mismo tiempo; lo inmaterial se va perdiendo, y los principios éticos y morales de convivencia pierden el gran valor que antaño solían darles.

 

Las reglas de conducta que antiguamente se respetaban permitían una sana convivencia, en donde ni siquiera se pensaba en el utilitarismo sino en el bien común, en términos concretos se hablaba de una sociedad mutualista, en donde el bienestar social de la colectividad permitía el apoyo y la solidaridad de las clases más desprotegidas, es decir; el humano era el protector del humano.

 

Ahora el panorama se ha desdibujado, las luchas sociales son más copiosas y profusas, la pugna social está orientando a que la mal llamada “clase media” este desapareciendo, en nuestros días esta concepción se resume en: o tienes dinero o no lo tienes. Vemos con un desborde de preocupación cómo se habla mucho de los derechos que nos han sido consagrados por el simple hecho de ser humanos, pero poco se hace referencia a las obligaciones adquiridas como conciudadanos ante los integrantes de la sociedad.

 

Incluso, podemos observar como en el campo educativo, los roles se van desdibujando, se mentaliza sobre la forma dinámica de enseñanza y se postula el empoderamiento del alumnado haciéndole partícipe de competencias académicas que le permitan desarrollarse profesionalmente, se les da la oportunidad libre de elección; pero no se les diestra sobre el alcance en la toma de decisiones en su peregrinar por la vida. Debemos encausar una concientización social sobre nuestro devenir y responsabilidad en el transitar de la vida.

 

Surge esta serie de reflexiones en torno al mundo en que nos encontramos: el cambio climático, originado por la lacerante forma de comportarnos ante la naturaleza (tirar basura en las calles, la falta de cultura en el reciclaje, el consumismo exacerbado de productos perecederos a corto y mediano plazo, el apego a la tecnología que ahora se vuelve desechable, etc.); la ola de violencia desatada a nivel global producto de una horda de ideología pocas veces conocidas pero muchas veces practicadas; la vorágine de enfermedades de alto espectro que se están desarrollando en el plano de la cotidianidad producto tal vez, de nuestros malos hábitos alimentarios.

 

Sin duda, muchos son los cuestionamientos que nos hacemos en torno a nuestra forma de vida, los problemas aquejan a la sociedad y llenan portadas en los  periódicos o revistas que sirven de cortinilla principal en los noticieros y entonces surge la gran interrogante ¿Qué estamos haciendo? ¿En qué escenario nos encontramos parados? Fundamentalmente surge el deseo de la humanidad por idealizar un pasado venturoso, por vivir de glorias pasadas, por anhelar el término de un ciclo y el comienzo de otro que esté salpicado del recuerdo de fórmulas que funcionaban pero que la ideología mundial decidió transformar para darse cuenta de que comodidad no significa idoneidad.

 

Creemos firmemente, que hacen falta manos que deseen trabajar por cambiar nuestra decadente realidad; necesitamos mentes creativas que piensen en alternativas para un mejor vivir, para visualizar el bien común; voces que no sean sosegadas por el oportunismo o por la vanidad y que hablen en favor de la propia humanidad, se requieren gobernantes que piensen más en las necesidades de sus gobernados que en sus fines partidarios; suena realmente a un idealismo dilatado, sin embargo; hoy más que nunca se necesitan líderes.

 

Líderes dispuestos a accionar y accionarse, que motiven con su ejemplo el despertar en la conciencia de la sociedad, capaces de defender los derechos de los demás y no solamente los personales, valientes para denunciar la iniquidad y coléricos ante la desigualdad, que sepan que la lucha cotidiana impulsa tras sus huellas el crecimiento de la gente que le rodea y que esto inunda el espíritu para salpicar adhesiones.

 

Se necesitan líderes no creados en el idealismo de la perfección, sino líderes de carne y hueso; que sientan el rigor de un mundo en convulsión, capaces como Atlas de sostener con su empuje el dinamismo de la sociedad, líderes que afronten con gallardía su destino, de esos que en la historia nos recrean los libros de texto. Hagamos que el cambio que añoramos se visualice en nuestra vida cotidiana, a través de pequeñas acciones que inculquen una nueva perspectiva en la humanidad.

 

Seamos corresponsables del mundo en el que vivimos, no exigiendo el cumplimiento de obligaciones a nuestros cercanos, sino encabezando una lucha por erradicar la apatía, la indiferencia y la incredulidad; el mundo necesita de la mano de todos sus hijos para transformarse, para reverdecer, para preservar lo que aún nos queda de atmosfera y de biodiversidad; hagamos votos para revertir la ola de violencia que azota y lacera a la humanidad, eduquemos en valores y principios morales a las nuevas generaciones para construir juntos un nuevo rostro en la humanidad: más humano, más responsable, más ungido de verdad.

 

Se necesitan líderes que caminen el venero de la realidad y lleven a buen puerto los más grandes anhelos de la sociedad.