Duchamp-Koons en el Jumex (y III): Koons, ¿la estupidez del dinero?
Pero Jeff Koons no siempre fue el artista inflado por el mercado con obras de arte que probablemente en el futuro serán más valoradas que hoy. Nació en Pensilvania en 1955. Antes de ser artista consolidado fue corredor de bolsa en Wall Street, lo cual nos indica ya el talante de este creador emergente que, no obstante, sí estudió arte en los 70 en los Institutos de Arte de Chicago y Maryland. En los 80 abrió un estudio-taller para realizar obras (lo que recuerda a la legendaria Factoría de Warhol), al cual dio impulso siendo empresario de las mismas e incluso contratando los servicios de una agencia de publicidad.
No me detendré en hablar de las acusaciones que ha tenido por plagio y por las cuales ha debido pagar fuertes sumas de dinero para reparar daños. Lo cierto es que su arte siempre ha provocado polémicas dentro de las corrientes contemporáneas, siendo catalogado como kitsch, pop, minimalista, conceptual, entre otros motes. Aunque en un futuro lo clasifiquen como gran escultor u otra cosa, por el momento pienso en él como un gran diseñador de obras monumentales y un controvertido publicista de sí mismo. Pero, insisto, creo que alguna vez se acercó al arte, sobre todo en sus inicios.
La muestra del Museo Jumex, Apariencia desnuda: el deseo y el objeto en la obra de Marcel Duchamp y Jeff Koons, aún, da cuenta de ello. En principio, podemos observar sus impresiones litográficas de fines de los 80 con las cuales irrumpe en el mundo del arte, en las que él mismo modela como celebridad Hollywoodesca, no por estrategia publicitaria sino, en su propia voz, “para informar mejor al público sobre mi obra”. En el proyecto Bautismo (1987) modela en distintas poses con mujeres desnudas, animales y otros elementos.
En el Portafolio de anuncios de arte (1988-1989) presenta la serie Banalidad que muestra los cruces entre la celebridad, lo popular y la opulencia, y se adelanta a las posibles críticas de sus detractores. De esto último da cuenta un cartel en el que se recarga en una cerdita mientras abraza a un lechón. La misma función cumplen sus esculturas Buster Keaton, aquél mítico actor de Hollywood que en el hombro lleva un canario mientras monta un caballo enano, por lo que sus pies llegan al suelo como una forma de burla; así como Abriendo paso a la banalidad, un gran cerdo acarreado en sus costados por dos ángeles y empujado por atrás por otro niño con atuendo deportivo (hay una cosa que no me gusta de este concepto: ¿por qué el cerdo representa la banalidad siendo que los humanos perfectamente bien podrían representarla?).
Luego de esta entrada triunfal viene el ready made, con el cual Koons refleja ecos de Duchamp e intenta reconocer el vertiginoso desarrollo de la producción industrial y el surgimiento de una cultura de consumo, que hace del “deseo” un motor que impulsa el comercio y de alguna manera erotiza a las mercancías. Bajo este concepto podemos apreciar las Nuevas aspiradoras y enceradoras Hoover y Shelton Wet/Dry (1979-1987), algunas de ellas de lujo para la época.
Siguiendo con el “eros” koonsiano, el creador se propone alentar al espectador a aceptar sus deseos y necesidades “por muy carnales o comunes que sean”, liberando a la gente de sus (pre)juicios. De ellos da cuenta la serie de retratos sexualmente explícitos Hecho en el cielo (1989-1991), en los que tiene como coprotagonista a la actriz porno húngaro-italiana Ilona Staller, mejor conocida como Cicciolina, amante y esposa de Koons por un tiempo. El mismo erotismo desprenden sus extraordinarias esculturas, la de madera Gran jarrón de flores (1991) y la de mármol Busto burgués-Jeff e Ilona (1991, autorretrato).
Con el tiempo Koons pierde juventud y belleza y se olvida del autorretrato, pero incursiona en el uso de otros materiales, como el acero inoxidable pulido con revestimiento de colores transparentes, que ya no lo reflejan a él pero permite que sus espectadores y clientes se reflejen en las obras.
De algunas de ellas di cuenta en la primera parte de esta reseña: las famosas Corazón colgante y Perro globo. Ahora muestro otras de excelente factura como la reproducción del famoso comerciante Kiepenkerl (1987; originalmente elaborada en arenisca por August Schmiemann en Münster, Alemania, en 1896), la extraordinaria Venus metálica con flores (2010-2012) y su Esfera reflejante (2015), una Mona Lisa de Da Vinci con ecos duchampianos. Luego vienen otras obras metálicas con temas más convencionales y hasta infantiles como la inmensa Luna (azul claro) (1995-2000), la Cubeta (1996), Maleta minibar (1986) y el famoso Conejo subastado a un precio astronómico.
Destacan también sus estupendos óleos: Cascada a puntos (origen) (2008), con reflejos eróticos, y Gruta (2000), pinturas que podrían incluirse en alguna exposición de vanguardias (expresionismo, surrealismo, abstraccionismo). Una obra que no me atrevo a clasificar es Pecera con un balón en perfecto equilibrio (1985), compuesta de vidrio, acero, reactivo de cloruro de sodio, agua destilada y un balón de basquetbol que se sostiene, quién sabe por qué “truco” o “magia”, en medio del recipiente. Geniales son también sus serigrafías para campañas publicitarias de empresas de bebidas alcohólicas, como El Empire State del whisky escocés, Dewars (1986) y el Aquí Bacardi (1986), así como el Jim Beam-Tren de J. B. Turner (1986), largo trenecito de acero inoxidable.
Hasta aquí mi reseña de las obras de Koons que, insisto, lo acercan al arte, aunque el ya citado Silva-Herzog Márquez no le perdone su actividad de “casabolsero” por la cual la curaduría de sus obras, en vez de “saber cuándo se hizo la pieza, de qué material está hecho o qué museo la tiene [debe] decir cuánto se ha pagado por ella”. Más aún, no le perdona que “la presencia de Duchamp es mínima” y que sea “una muestra mayoritariamente repulsiva [con] Porcelanas acarameladas, carteles publicitarios carentes de cualquier ironía, esculturas torpes y mal pintadas, bobería religiosa, erotismo de chicle, espejitos… La tragedia del arte devorado por la estupidez del dinero.”
Antes de concluir expreso una palabra sobre el título de la muestra: se trata del par de ensayos escritos por Octavio Paz y reunidos en el libro Apariencia desnuda: la obra de Marcel Duchamp, en el que el poeta se adentra en el terreno de la estética y analiza al creador de principios del siglo XX que revolucionó el arte y resignificó el papel del artista y su obra. El mismo Silva-Herzog dice que “Si alguien pudo anticipar los peligros del arte después de Duchamp fue precisamente Paz… Lo que Paz admiraba en Duchamp, la mina de ideas, el desinterés, la búsqueda, la ironía, el humor, la inteligencia crítica, la sutileza erótica, es precisamente lo que está ausente en Koons”.
En fin, todo lo dicho en esta extensa reseña a la que hoy pongo punto final, no debe ser motivo para que dejen de ver la muestra, una de las imperdibles del año, que estará expuesta en el Jumex hasta el 29 de septiembre.






