ENTRE VISTAS
No me da vergüenza decirlo, llevo la cuenta de las mujeres que he entrevistado, pero ninguna es como Tania, ninguna.
Aunque parezca extraño o enfermo, he entrevistado a mujeres porque creo que sólo así puedo encontrar a la indicada. Ya que ella no pudo ver lo que le ofrecí ni todo lo que soy, tuve que hacerlo. Tenía que demostrarle que encontraría a alguien mejor y que pasaría a la historia. Quería olvidarla a como diera lugar.
Estas son algunas notas de las entrevistas:
Uno
Claudia de 26, maestra de prescolar, guapa, cabello teñido de rojo en las puntas, maquillaje suave, olor dulce.
Le invite un café en el centro y comencé a decirle lo que estaba buscando, ella, por su parte, escuchó atenta, esperó a que terminara de hablar, tomó su café mientras asentía con la cabeza mirándome de vez en cuando a los ojos, después, se marchó pintándome güevos. Alcance a escuchar mientras se marchaba algo como:
– ¡Pinche wey!
Posiblemente fue mi error al no escribir bien en el anuncio lo que se solicitaba. Después de corregirlo, lo lancé a las redes y esperé un par de semanas.
Entrevista siete
Cinthya de 34, psicóloga, alta y robusta, olía fresco, pulseras en las manos, sonrisa agradable.
Sugerí un bar en el que toco la guitarra los sábados, pero ella quiso que fuera en el restaurant del buhito. Cinthya inicio la plática y comenzó a preguntarme sobre mi niñez y a la vez compartiendo un poco sobre ella. Cada vez que hacía un comentario, sentía su mirada como queriendo penetrar en lo más profundo de mis pensamientos, dejé de hablar un rato porque me sentí incómodo y fue entonces que me soltó todo:
– Mira, estoy por terminar mi maestría y tu anuncio me pareció excelente para el caso que estoy trabajando para mi tesis; dependencia y co-dependencia emocional.
Me levanté de la silla y me fui diciendo entre dientes:
– ¡pinche vieja!
Okey, okey, una experiencia mala todos la tienen, bueno, dos, pero la tercera es la vencida o la cuarta o la quinta, el caso es no darse por vencido, estaba decidido a continuar con mi plan.
Entrevista 18
Elena de 39. Chef, una hija, un matrimonio, atractiva, cuerpo de gimnasio.
Esperé en el lugar que quedamos un par de minutos, de pronto llegó en su carro y me pidió que subiera. Nos presentamos y simplemente hubo una conexión, la sentí. Mientras manejaba me preguntó si compartiríamos los gastos:
– ¿De qué? – le dije.
– Pues del hotel. ¿O vives solo?, vamos a tu casa.
Me quedé en shock, pero no para ofenderme, más bien porque eso no lo vi venir y mi casa estaba sucia. Total, llegamos y fui devorado, un acto que no logré superar en un buen tiempo, porque no lo hicimos solo una vez, fueron tres meses en los que nada más pensé en besarla, tocarla, en estar con ella. Total, que pronto, dejó de responder mis mensajes. Le marque pedo y, en mi sano juicio, día y noche y me bloqueo. Regresé a mi búsqueda inicial.
Entrevista 22
Melina de 28, amante de la naturaleza, vegetariana-vegana algo así, buena vibra, tres perros, no usa suavizante de telas, ni nada de olores artificiales.
Nos vimos en un parque hermoso, no lo conocía, lo cual estuvo bien porque sentí que era un buen ambiente. Nos comimos un helado y platicábamos muy fluido. Tiene una afición por la fotografía y recién había entrado a trabajar en un museo. Vive con su madre en una zona residencial muy nice. Le pregunté por qué había respondido a mi anuncio y me dijo estar buscando lo mismo, sólo que ella no se había atrevido a hacerlo. Reímos mucho ese día, teníamos muchas cosas en común al principio y pensé que tal vez por fin había encontrado a la indicada. Por cierto, ya casi estaba olvidando a Tania.
Pasó un tiempo considerable, le pedí que formalizáramos esto que estábamos haciendo, accedió y se mudó conmigo. Llevó a sus perros, llevó sus cosas, todo estaba por todos lados, pelos de sus perros, comíamos pura pinche soya, avena, verduras dizque orgánicas, ni un chesquito en el refri, un pedo encontrar jabones veganos para ducharnos. No conecte con su círculo de amigos desde el principio, pero pensé que con el tiempo lo lograría. Antes de llegar a la casa después del trabajo, me echaba unos tacos, tuve la necesidad de ocultarle casi todo. Creo que eso fue el punto de quiebre. Sentí que ejercía un control sobre mí que me daba hasta miedo mandarla a la chingada. Pero un buen día, le saque sus cosas y sus perros y todo terminó.
Tania y yo comíamos las mismas cosas. Teníamos nuestros lugares favoritos. Era hermosa y la extraño. No me dio la oportunidad de darle más, de consentirla, de cantarle, de abrazarla más lunas. Aún recuerdo su cuerpo, siento que puedo tocarlo. Su cabello es tremendo, cayendo sobre su espalda, y esos vestidos que usaba me volvían loco, su sonrisa. Algunos días a propósito paso por sus lugares favoritos a ver si la encuentro y una vez la vi con un tipo, me morí de celos, se reía, estabas feliz, yo quiero ser feliz con ella. Tania, Tania, Tania ¡regresa!
Aborté la misión. Me embriagué como una semana. Unos amigos preocupados me vinieron a ver a la casa, casi no les abro la puerta, pero platicamos un rato y me sentí mejor. La semana que viene me mudaré a otra ciudad. Tal vez allá, lejos, pueda en serio olvidarla.

