Genética perversa
Mucho se dice que los seres humanos se hacen malos por el contexto, por el devenir del tiempo, por las experiencias que les marcan; hoy la ciencia parece darnos más pistas, y existe la posibilidad de que, en algunos casos, esa maldad es parte constituyente del ADN de los individuos.
Recientes estudios han encontrado genes específicos ligados a comportamientos antisociales o agresivos; particularmente una investigación de la Universidad de Florida ha descubierto que el gen MAO-A, aparentemente hereditario, juega un rol protagónico en esta cuestión, esto debido a que afecta los niveles de dopamina y serotonina secretados por el cerebro, neurotransmisores que afectan el humor y el comportamiento.
Esto significaría que, independientemente de las historias de vida, cabe la posibilidad de que la gente sea mala por naturaleza, quizás la única explicación para tratar de comprender conductas que son, no sólo incongruentes, sino decepcionantes.
¿No es maldad dejar a su suerte a quienes en el papel tendríamos que cuidar?, como se habló la semana pasada, quien abandona a sus ascendentes o descendentes, no hace más que legitimar la teoría de que la gente es de menos miserable.
Mi Rector compartió conmigo una frase que me parece contundente; salud, alivio y cuidado, no puede ser ocultado. Así de claro, cuando hay esmero para con el otro, es imposible no reconocerlo, no mirarlo. Hoy día pocas son las personas que pueden presumir de esa conducta.
¿No es maldad sembrar rumores para pretender ensuciar el prestigio del otro?, con tristeza, con impotencia, con un enojo monumental puedo observar que la gente habla porque tiene boca, que la gente es capaz de inventar lo que sea, buscando desestabilizar, afectar, manchar o aniquilar la imagen del otro.
Que suceda en ámbitos como la política, resulta hasta cierto punto lógico, pues el juego de intereses es gigantesco y cada quién busca echar agua al molino propio; descalificaciones, habladurías, calumnias y mentiras son el pan de todos los días, son el modus operandi de ese sector de la población; incorrecto, sin duda, pero enmarcado en la búsqueda de un beneficio personal.
Pero, que suceda en ámbitos como el educativo, en el que teóricamente estamos buscando formar a las nuevas generaciones, en el que debemos buscar la armonía, el deber ser y la nobleza para salir adelante, resulta inverosímil y de una maldad extrema.
Es probable que la gente sea mala por naturaleza; que complicado aceptarlo, pero; por otro lado, eso puede paliar un poco en el imaginario colectivo la cosas. Al final del camino, la gente en esas condiciones ni siquiera se entera del mal que hace, es decir, no tiene intención de hacer mal, simplemente lo hace y punto.
Como todo en la vida, habremos de asumir las cosas una por una; si en nuestras manos está, intentemos hacer el bien, intentemos hacerlo fluir armónicamente. No hay peor esfuerzo que el que nunca se realiza, no hay fracaso más rotundo que el no haberlo intentado.
Genética perversa, una modalidad de vida que a muchos parece llenarles.
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