Sin título de Ley Kim Shee Ruiz Legy

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La Poesía, en manos de las nuevas generaciones, adquiere formas inusitadas y bellas, la inagotable estética se recrea en autores jóvenes y aún más, en las jóvenes mujeres poetas, me refiero en esta ocasión a Ley Kim Shee Ruiz Legy, escritora que estudia en Toluca, autora de una singular plaquette que se títula Sin título –Ed. La Comuna Girondo, Cuadernos de la Comuna, Nueva Serie Taller 4, Estado de México, 2017–.

De simplicidad envidiable, el ejemplar se compone de catorce textos breves, que bien enmarcados podrían ser denominados poema en prosa, aunque conservan su rasgo de prosa poética por la propuesta metafórica que aportan mientras existe, en ellos, una voz narradora de actitud lírica que accede a la función poética con toda facilidad.

El libro posee una guarda en papel rústico e incluye pictogramas del editor. Toda una curiosidad. Hace un lustro que solía tomar una clase-taller con la autora, muy a la manera de la escritura creativa, escribíamos lo que surgiera de la cátedra del maestro. Me asombraba su edad, la parsimonia que adoptaba en ese momento de cambio entre  la franca adolescencia y lo que luego llamamos juventud, sobre todo, el equilibrio de sus textos, cierta madurez escritural que algunos no alcanzaremos ni en la vejez.

Ella me descubrió la palabra distopía para darle buen uso literario:

Pasan los días, las horas, las noches, mis labios

anhelan el sabor del fruto prohibido, he perdido

la llave del paraíso, mi esencia, poco a poco me he

desvanecido, destrozándome a cada paso, las

calles me consumen, soy un engrane más en esta distopía.

 

Es decir, la enunciación con conciencia, con conocimiento de lo que constituye una utopía negativa, y otra de serie de  juicios de apreciación sobre su propia manera de ver el mundo, las vuelca Ley Kim Shee Ruiz Legy en sus textos. El título, instrumento necesario del relato nos apunta a la necesidad de soltar esos elementos formales a los que estamos acostumbrados, a condición de ingresar al mundo interno de la voz narrativa que nos describe una evolución de hechos personales, aparición de personajes que habitan un espacio doliente, a-do-les-cente, de maldiciones, angustias y temores.

Como un paratexto, el sentido de esta obra que carece de título se hace presente a través de la voz, la autora asegura su presencia en el mundo, establece un canal comunicativo cercano con el lector, por su contenido de honestidad sobre lo que siente en su relación con un mundo exterior plagado de ausencias, de familia lejana en el tiempo, pero cercana en la memoria:

Arrebataron de mi vida lo que más deseaba, esas

brillantes luces que poco a poco la enfermedad

consumió, las existencias que el tiempo fue

desgastando, sus angustias y temores ya no están

en este mundo, sus fríos cuerpos han regresado a la tierra.

 

Sabemos que una obra es un texto verbal con significado, al mismo tiempo que lleva implícita una carga emocional para comunicarla. La necesidad de expresar emociones, sentimientos, estados de ánimo, la vivencia del amor o el desamor es toda la construcción del lenguaje interior, un lenguaje para sí, base fundamental de su literatura en el  futuro.