TOLUCA ES LA PROVINCIA Y LA PROVINCIA ES LA PATRIA
Así como Italo Calvino en su libro Ciudades Invisibles, escribe que: “Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, pero estos trueques no lo son sólo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos”, les invito a que hagamos un paseo por nuestra querida Toluca, remontándonos a siglos atrás:
En el siglo XIX así la describía el poeta soñador e imaginativo, Manuel Gutiérrez Najera: Toluca no es precisamente hermosa. No la abraza el mar enamorado, ni los bosques bajan o ascienden para verla; no la vigilan cerca esos eunucos etíopes que se llaman montes, ni la abanican, mientras duerme, las esclavas montañas; ninguna gran sombra histórica la habita; ninguna catedral yergue sus torres macizas o lanza, a guisa de flechas, sus agujas góticas, en el centro de la plaza”…” En las poblaciones que podríamos llamar solariegas no resalta el contraste entre las fachadas de las casas y las costumbres de sus moradores tanto como en Toluca. Hay balcones que parecen hechos para estar cerrados y otros para estar abiertos. El corredor en Toluca, es como una terraza florentina. Hasta las macetas, que son por lo común de barro oscuro, allí se acicalan, se visten de fiesta y se pintan. Hace frío, en verdad; pero esto da a Toluca nuevo encanto; el placer voluptuoso de abrochar la capota de pieles a una bella adorada cuando sale del baile”…
Ya en el siglo XX, defendía su evolución el viejo institutense y ameritado galeno, que fue en forma simultánea rector de la UNAM y director del Instituto Científico y Literario de Toluca de 1934 a 1935, Fernando Ocaranza Carmona: “Toluca no es precisamente una Ciudad muerta sino una ciudad quieta y conservadora. Han pasado los años y su espíritu es el mismo fundamentalmente. Ha cambiado lo que ha debido cambiar en todas partes. A las recuas sustituyeron los pesados carros de anchas llantas de acero, tirados por muchos pares de mulas; a éstos, los camiones de monstruosas llantas neumáticas. A la mula de carga, la mula de tiro, y a ésta, los caballos de fuerza… A pesar de todo, Toluca es la misma. Su espíritu no ha sido arrebatado por las señales de los tiempos”…
Por supuesto que no podían faltar los versos festivos dedicados a Toluca, por el periodista, político, narrador, poeta y dramaturgo michoacano Leopoldo Zincúnegui Tercero, a cuyo libro titulado: Toluca y mis recuerdos, acudí para estructurar esta entrega.

“Toluca la bella, Toluca la triste: ya de tus chorizos ni el recuerdo existe. Toluca la Bella, Toluca la hermosa: ya no tienen leche, ni los Barbabosa: ¡Oh Toluca hermosa, dulce y hechicera ya no hay chicharrones, ni en casa Barrera…”
Ciudad peregrina, Ciudad del Nevado
la del queso fresco y el pulque curado
la de las tristezas y las gemonías;
la de los catarros y las pulmonías;
la de las “carnitas” y las mantequillas;
la de las morongas, la de las morcillas…
Ciudad peregrina, Ciudad del Nevado,
La de Horacio Zuñiga y Enrique Carniado.
Así la describía en los sesentas, uno de sus más distinguidos historiadores, el licenciado Mario Colín Sánchez, fallecido en 1983. “La Capital del Estado de México tiene un sabor provinciano inconfundible. Su vida transcurre lenta y tranquila, dando la sensación de que para ella no se hizo el vértigo, ni la actividad tumultuosa de las grandes urbes, ni las importantes empresas comerciales con sus alternativos afanes de lucro y explotación. La vida de Toluca no se desarrolla entre el ruido monstruoso de las fábricas; su paz es litúrgica, propicia a la meditación. Cuando el toque de sus campanas se escucha a cualquier hora del día, produce la encantadora impresión de vivir en una ciudad levítica anonadada…”
Ya en el presente, en el siglo XXI, en tiempos de postpandemia:¿Cómo describiríamos a nuestra querida Toluca? ¿Qué les vamos a presumir a nuestros nietos?¿De ciudad muerta, ha pasado a Tolucaos?

Sus Portales, su Cosmovitral, su Paseo Colón, su Paseo Tollocan, su Nevado de Toluca, sus cada vez más escasas construcciones con valor histórico, sus ricas tortas, sus ricos tacos, nuestra entrañable Bombonera casa de mis queridos Diablos Rojos del Toluca; sus museos, sus Iglesias, ¿Acaso todo esto será suficiente para que nuestros visitantes se lleven una agradable impresión de nuestra ciudad capital del Estado de México?
O acaso pesará más su pésima imagen producto de sus calles y vialidades llenas de baches, su caos vial propiciado por un primitivo transporte público que además de contaminante, resulta un peligro para la ciudadanía; su inseguridad, su desorden y descuido de la imagen urbana. Toluca ha perdido su personalidad.
Por cierto, ya lleva casi dos meses una obra pública insulsa en la glorieta de Colón que no tiene ni para cuando concluirse…¿Tan mal anda la administración municipal?
Toluca, además de ser una ciudad de provincia, es la capital del Estado más importante y más poblado del país, no figura dentro de las capitales de provincia que tienen mucho que presumir, empezando por Culiacán, Mérida, Saltillo, Querétaro, Durango. Creo que debiéramos reflexionar sobre la situación urbana que aqueja a nuestra querida ciudad.

