Bukowskiano
Amanece, jamás miré la bruma ni vi los sembradíos de maíz fantasma ni la voracidad de un auto en movimiento. No veía nada. Muy poco alcohol me llevó al ridículo y cerca de mí, ningún hombre estaba para humillarlo.
Al contrario, era preferible la vergüenza y el descaro. Unos cuantos versos pedía mi Genealógico árbol. No hubo versos ni coñac barato. Sólo una rara sobriedad nada erótica y muy lasciva. Soledad que acompaña.
Hice todo bien, ¿dónde habría estado la falla? Jamás dañé a nadie. Ellos me estafaban. A cambio de unos pesos fui destruyendo mi casa. Aprendí que un teamo significa la frase contraria y entendí que decirlo sólo te hace una vieja agria.
No hay cabida para mí en los círculos sociales; ángeles de plumas tintoreadas (lavadas en seco y esparcidas con polvo de plata). Tendré que callar, mi vista lo reclama. No veo bien ni bien veo lo que me aguarda. Un período negro, París de noche no existe, no tengo cama, sólo una sábana eterna, sudario de mis ansias.
Fui una niña tierna ahora funcionaria, me arranqué de tajo la sonrisa; no funcionaba. No pago las rentas, me roban por la espalda. Ya nada me importa, debería ofrecerme en subasta.
Es triste la tristeza del que aparenta nada. Tengo únicamente hojas, fojas, fajas y condenas, criatura descarriada.
Mingitorio, Purgatorio, Arte Supremo de la Metáfora, Expiatorio. Perdí la razón, ya lo he declarado. No se preocupen, de cualquier forma estaba a un lado del camino, del sistema, de la gente que amo, de la Poesía bajo su manto dorado. Nadie se inquiete, hoy murió esta artesana. La ciudad me engullirá tarde o temprano.
Firma:
Chinaski

