Prosas poéticas…
Depredador insaciable
Infiltrarme en ti, permite borrar al tiempo, nadar en ventiscas de enero, materializar un sueño hilvanado en pétalos; me transporta a infinidad de abismos, de mundos, de locuras. Te abrazo y nos brotan alas que se extienden a lo largo de cantos de sirenas, en recovecos de manecillas olvidadas, en uno que otro suspiro extraviado.
Volamos…
Volamos…
Entrar en tu piel, me permite cobijarte en flores, aromarte con sándalos, me convierte en depredador insaciable.
Con juegos de mordiscos y rituales canibalescos, me gusta recorrer tu ciudad entre aullidos de luna llena.
No dejaré de volar en esta obscuridad,
hasta que tu piel
retome su color…
Séptimo cielo
Cuando no te respiro estoy como muerto; aferrándome a la vida, a la musicalidad de tu lengua, a la sensación de sentirme sin alas; frío, tieso. Pero vuelvo recordando surcos rojos dejados bajo mi cintura y como bebé sintiendo escozor en las encías, muerdo mis labios, sólo para comprobar mi reiniciar en el vuelo.
Me extasío atrayendo capullos a la memoria, noches de embriaguez, de vida loca; de bramidos desquiciados intentando bajar estrellas.
Pero, sigo como muerto…
Sé que estoy empezándome a entiesar de entre los muslos. Ven. Rescátame de esta muerte, antes de que las hadas del séptimo cielo, zapateen locas piruetas y devoren, lo mejor de mí.
Amapolas de luna
Disfruto la luna ilustrando el camino a casa, guiándome a las graderías de tus vinos. Amo encontrarte con el pelo húmedo, tu sonrisa de mesías y hambre de conquistar mis astillas.
Aunque a veces, veo en tus ojos desesperanzados a la muerte desmenuzando nuestro fuego. Y es que ardemos, ardemos y bañados en sudor no vemos el sol, y palidecemos. Sólo revivimos cuando los fluidos nos hacen brincar como chapulines en fuego lento.
Tal vez pareceremos huecos y nos pensamos locos y nos empapamos de fragilidad. Por eso, es preciso volver a donde el eco ha bebido nuestra sangre, porque ahí, ansío morderte los labios a pesar del desconsuelo. En este lugar el polvo de las amapolas nos cegó los ojos y nos ha permitido copular noche tras noche.
En medio de espinas trasnochadas, donde fluye el agua de nuestros deseos, observo tus tatuajes dormidos, pétalos masticando en tus caderas; sábanas acurrucadas entre tus muslos.
Duermo en el sofá, temo despertarte.

