EL PEÓN CORONADO

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Sobre el tablero de Ajedrez se miden personas y no figuras.

Emanuel Lasker

Aficionados o no. Muchos de nosotros, hemos sido seducidos por el milenario juego ciencia, atraídos, quizá, por ese laberinto de jugadas, celadas, egos, desafío, estrategia y serena pasión, que imita la vida y las relaciones humanas. El origen del Ajedrez, como sea, es más legendario que histórico.

Cuenta una leyenda que el príncipe hindú, Sheram, maravillado por el Shah-Mat, quiso recompensar al inventor, el astuto Sessa quien planteó un acertijo: Sessa debía recibir un grano de trigo por la primera casilla del tablero, dos por la segunda, cuatro por la tercera y así progresivamente, hasta la casilla 64. El resultado de esa operación S = 1 + 2 + 4 + 8… + 263 es ¡más de 18 trillones de granos!

¿Te imaginas? Eso supera, de lejos, la producción mundial de trigo en su período más próspero. Por supuesto, no existía trigo suficiente en el reino y Sheram no pudo cumplir con la petición. Como en la historia, el número de partidas que podríamos combinar sobre el tablero, nos ofrece un escenario infinito donde la lógica es la base y las emociones, son el eje.

En el Scacchia Ludus, precioso y antiguo poema de Marco Vita, el dios Mercurio vence a Apolo y corteja a la ninfa Scacchidededicándole su triunfo.  En otro poema, Ximena Vidal lo describe como una bella historia de amor entre tu mente y la mía. Válido, si consideramos al juego como el intercambio consciente de dos voluntades, uno que libera y a la vez, cautiva.

Del lado menos romántico, cuenta una anécdota que Carlomagno apostó a Garín: su reino ¡y a su propia esposa!, si lo vencía en el juego; lo que ocurrió felizmente para el soldado, pues había apostado la propia vida. Garín renunció a lo ganado.

Parafraseando a la ajedrecista Marina Rizzo, el ajedrez conecta nuestros tres cerebros: reptiliano (instinto), límbico (emoción) y neocórtex (juicio). Esta compleja conexión, es un logro importante. Cada turno nos entrena para actuar. En el ámbito personal, laboral y de relaciones, el éxito depende de una clara estrategia+escuchar a la intuición+ atrevernos a tomar riesgos y decisiones. Eso, señores: es ajedrez.

15 LECCIONES DE AJEDREZ PARA LA VIDA

  1. Lo material no determina el éxito. La desventaja de material o posición, se compensa con iniciativa, estrategia diferente o paciencia. Ganas puntos si aprendes a gestionar la ventaja del tiempo.
  2. El peón se convierte en gigante. El peón avanza paso a paso, apoya a otros y jamás retrocede. Confía en el éxito y su perseverancia le gana el derecho de ser coronado tras el octavo paso.

  1. Cada figura tiene un valor. Conocer a nuestro entorno propicia ganar juntos, muchas partidas. Los esquemas mentales son plásticos, se reorganizan. Eliminar prejuicios, abre posibilidades para todos.

  1. El rey expuesto necesita protección Alguien inteligente, se expone sólo cuando se sabe respaldado por conocimiento, estrategia o su círculo.

 

  1. La pieza y su circunstancia. El ajedrez es un juego de consecuencias. Antes de ejecutar, cabe anticipar posibles respuestas, analizar ventajas y riesgos para controlar los resultados.

 

  1. Beber un mate antes del jaque. Cerca de tu propia derrota, la ceguera de triunfo del otro jugador, facilitará revertir el lance. ¿Necesitas replantear la estrategia?

  1. ¿De los buenos o de los duros? No ganas partidas si abandonas. El ajedrez requiere control emocional. La oportunidad está en hacer la jugada.

 

  1. Cadena de peones sujeta campeones. El individuo florece en una comunidad rica en diversidad de talentos. En ella, aumenta su valor personal de forma exponencial y esa suma de fuerzas, decide la victoria.

  1. Si quiere reinar, cuide a su reina. La reina es la figura más valiosa y versátil. Equilibra y protege la integridad del rey. Suele ser una persona confiable y de múltiples recursos. Identificar, cuidar y mantener cerca a su reina, es la regla de oro.

  1. Aprender del error, mil veces mejor. Las jugadas brillantes no ganan partidas, en cambio, las malas sí las pierden. Cometido el error, urge aprender de él para no repetirlo.

  1. El rey nace y también se hace. El peón no puede ser promovido a rey. Aquí, no alcanza un empujón, hay que crecer, desde adentro. Ganarse el propio respeto para aspirar al de otros.

  1. Ampliar la visión. Para ganar, se requiere de una visión que trascienda al turno. Estudiar al oponente y mover la pieza acorde al panorama completo. Visualizar y formular objetivos alternos.
  2. Preparación constante. Un buen ajedrecista practica estrategia y jugadas candidatas en su tiempo libre. El líder se mantiene en aprendizaje constante.
  3. Alertar al espíritu y los sentidos. Antes del torneo, el guerrero necesita mente clara y un espíritu dispuesto. Prácticas saludables que mantengan agudos y funcionales el buen ánimo y los sentidos.

  1. Unirse a una Comunidad. Conversar con los colectivos que congregan nuestros intereses, la familia y la sociedad desarrolla nuestra habilidad de análisis, organización y enfoque en soluciones.

 

En Oriente se afirma que las blancas y las negras no son rivales sino opuestos-complementarios, las fuerzas del ying y el yang, necesarias como el frío al calor o la noche al día, para que la vida marche. ¿Jugamos?