Empatía en la educación
A la empatía, sin embargo, no llegó de forma directa, sino a través del estudio de la conducta violenta. Fue entonces, estudiando el cerebro violento, cuando se observa la estrecha relación entre violencia y empatía. Las áreas cerebrales que regulan la empatía se solapan en parte con las de la violencia, de manera que la activación de esos circuitos cerebrales hacia un sentido, por ejemplo, hacia la empatía, podría actuar biológicamente como inhibidor del otro, es decir, de la violencia.
Violencia y empatía, por tanto, serían conceptos relacionados pero incompatibles, de forma que cuanto más empático es alguien, muchas menos posibilidades existirán de que utilice la violencia como forma de resolver los conflictos: Se trata, pues, de la otra cara de una misma moneda, pues la mejor estrategia para reducir la violencia es fomentar la empatía. La ecuación, entonces, estaría clara: educar a niñas y niños en empatía (en casa y en el aula) contribuiría a hacer del mundo un lugar mejor y menos violento. Empezando por la misma escuela. No en vano, se dice que la empatía como herramienta clave para luchar contra el acoso escolar.
El trabajo más importante pasa por la prevención del acoso escolar y en ese aspecto la educación en empatía es una pieza clave. Dar herramientas a los niños y a los adolescentes para afrontarlo es fundamental, pero proveerlos de habilidades empáticas es básico, porque así podrán ponerse siempre en el lugar del que sufre y actuarán para frenarlo.
Todos nacemos con una predisposición genética y variable a ser empáticos. Sin embargo, las experiencias vividas, el aprendizaje, el ambiente familiar y la educación van a influir considerablemente en el desarrollo de la empatía. En ese sentido, las primeras experiencias de vida son ya cruciales para el desarrollo de la empatía, por lo que para el experto es fundamental propiciar un ambiente empático a los menores desde el primer momento: por mucha predisposición biológica que se tenga hacia la empatía, la falta de esta por parte de los cuidadores en los primeros momentos de la vida puede mermar mucho su desarrollo.
En el ámbito educativo, por su parte, esa educación en empatía ha de producirse desde la escuela inicial, momento en el que pueden aparecer las primeras burlas o agresiones verbales hacia otros niños, pero señala que hay que estar especialmente atentos en la pubertad y durante el periodo que la antecede, ya que es cuando el riesgo aumenta de forma exponencial.

