ILLUMINATE, EL SECRETO

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En el noreste del Estado de México, donde los quejidos del inframundo se besan con los suspiros azules de la divinidad, el agua y la fertilidad. Ahí, donde los hombres se convierten en dioses, se izan las pirámides del Sol y la Luna, como dos poderosos gigantes que resguardan las huellas de la gran urbe Mesoamérica (la civilización teotihuacana), junto con sus misterios y los pasos de los visitantes con los aromas, colores y vestimentas del mundo actual.

En la noche, cuando la claridad calla su voz y las estrellas susurran su canto, algo insólito ocurre en las raíces de la diosa de la noche y de la interminable montaña de lumbre.

No es lo más impactante de ellos lo que se puede ver con la claridad del sol y el resplandor de la luna llena, sino lo que esconden en sus bien cimentadas raíces en la enorme caja del arcano que nadie puede ver.

En el subsuelo que las sostiene, una construcción enorme de piedra volcánica y una herrería indestructible unen sus dimensiones en una sola edificación; la más poderosa e impactante de lo que el ojo humano puede ver, y dentro de ella, los secretos de la ambición y el poder.

Llegada la medianoche, cuando el silencio es lo único que se escucha en lo visible y lo permisible, algo sucede en las entrañas de las oficinas subterráneas ocultas a la humanidad.

El grupo del Illuminate, liderado por el ambicioso y temible empresario William Johnson, trabaja de manera clandestina, buscando la forma de encontrar el secreto para controlar el mundo.

Había escuchado que, en el corazón de las pirámides del Sol y la Luna, latía el portal donde se encontraba oculto el misterio para manejar como marionetas a toda la humanidad.

William Johnson, además, había leído sobre los libros viejos que narran historias donde lo imposible se hace posible. Leyó en sus páginas amarillentas y desgastadas que hubo hombres que se sacrificaron para convertirse en dioses, y dioses que se sacrificaron para convertirse en el Sol y la Luna.

Los integrantes del Illuminati querían esos mismos poderes y los conseguirían a cualquier precio.

Era la una de la mañana, cuando los pájaros duermen y los lobos aúllan, que el grupo salió de la raíz de las pirámides para recorrer sus numerosos escalones. Retumbaban sus pasos sobre el empedrado de la pirámide del Sol, hasta llegar a la cima sin que nadie, además de ellos, pudiera verlos.

Después de mucho tiempo de recorrer las pirámides y hacer estudios minuciosos con su lupa analítica de alto poder. Una vez más, cuando por fin estaban en lo más alto de la montaña de piedra, se encontraron con un altar y dentro de él, un cofre cuidadosamente sellado con símbolos y jeroglíficos.

William, que era un experto en la materia, comenzó a descifrar y a leer lo que tenía frente a él; al instante sintió como la pirámide se convirtió en una gigantesca pirinola que daba vueltas apresuradamente, hasta que lo transportó a otra dimensión, donde vio la oportunidad de convertir sus sueños en realidad.

Cuando cruzó el portal del misterio, seguido por el resto del grupo, se encontró con un universo de destellantes luces y negras sombras, donde al parecer las leyes de la física no existían.

Estaba nervioso y a la vez emocionado observando con detalle todo lo que tenía frente a él, cuando una voz le preguntó:

¿Estarías dispuesto a dar tu vida a cambio del poder de controlar el mundo?

A lo que él respondió: Estaría dispuesto a dar la vida de todos mis colaboradores y de las personas que tú me pidieras, sin importar el número, a cambio de conservar mi vida y realizar mi sueño de controlar el mundo.

Su equipo quedó paralizado con su respuesta; ellos también querían ser parte del gran sueño, no el sacrificio por las ambiciones de su líder.

La voz le mostró el camino hasta encontrarse con una enorme hoguera de fuego que estaba en el interior de la pirámide del Sol. William la podía ver desde lo alto.

Sin que se diera cuenta para evitarlo, sucedió algo insólito: Sintió una fuerza descomunal sobre su espalda que lo lanzaba hacia el vacío donde se encontraba la hoguera más inmensa que nunca antes había visto.

Había algo que lo consolaba mientras su cuerpo tocaba el fuego: imaginar que sería el siguiente astro, más poderoso que el sol y la luna y más temido que cualquiera que haya existido en todas las épocas. Y que convertiría a los hombres en marionetas, al sonido de sus dedos y, por supuesto, él como el único soberano y señor de todo el universo.

Para los que aún creemos en la justicia divina y para consuelo de quienes están leyendo, puedo decirles que, en lo único que se convirtió William Johnson, fue en cenizas.

Al resto del equipo del Illuminati, el ser de la energía sobrenatural los hizo desaparecer en un instante, sin sufrimiento alguno.

Las pirámides de Teotihuacán siguen con su forma actual, como si nada hubiera pasado, con su secreto a salvo y resplandeciendo más que nunca.

Y tú, que me lees… ¿Darías tu vida a cambio de resurgir como un dios con todo su poder?

Inés, Sami.