PALABRAS DE PESO: VOLUNTAD

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Hay preguntas que hacen eco en la mente cuando son evocadas por el pensamiento, dichas preguntas suelen ser una rumia que nos hace cuestionarnos el porqué  de las cosas y entre ellas, suele aparecer el ¿Qué es lo que nos hace movernos, activarnos, crear o hasta destruir?

La voluntad viene a ser un concepto de muy amplio valor para la manera en la que concebimos la realidad, ya que alguien con mucha voluntad es capaz de hacer cosas de innumerable valor, o incluso es capaz de despertar la voluntad dormida en los demás hombres, aquellos cuya voluntad es mermada por falta de una determinación, o por el hecho de que al poder no le conviene tener un pueblo con voluntad propia, ya que la voluntad individual muchas veces rema contra corriente para con la voluntad colectiva.

¿Pero cómo entender a la voluntad?

Bien, desde tiempos antiguos, los griegos consideraban que la voluntad es la apetencia racional o conforme con la razón, en cuanto se distingue de la apetencia sensible, que es el deseo, Aristóteles definió la voluntad como la apetencia que obra de conformidad a lo racional.

Y como lo veremos de ahora en adelante, la voluntad estará ligada a la racionalidad del hombre para poder ser en cuanto a si misma, ya que la voluntad no podría ser sin una cuestión racional que la evoque, cuestión que se mantuvo casi intacta durante toda la edad media.

Más tarde el mismo Kant, que entiende por Voluntad a la razón práctica, o sea la facultad de obrar según la representación de reglas, y del mismo modo Fichte no entendió algo muy diferente al afirmar que la voluntad es la facultad para cumplir el paso de la indeterminación a la determinación con conciencia

Y por ejemplo, Hegel afirmó que la voluntad es universal en el sentido en que universal significa racionalidad.

Por lo tanto, es como considero a la voluntad como una necesidad casi intrínseca de la racionalidad misma, una obligación ontológica del ser, donde la voluntad tiene un apetito voraz por la razón.

Pues este es claramente un resultado que surge del hombre como un ser racional, ya que es imposible hacer uso de la razón sin que esta misma nos provoque un sentido determinista, ya que al tener conocimiento suficiente de algo esto nos provoca la voluntad de reaccionar, crear, lograr, combatir enfrentar y hasta de destruir todo aquello que no es racional.

En fin, en sentido más general, se entiende la voluntad  en las expresiones de vivir y de dominio, la voluntad de vivir que, según Schopenhauer es el noúmeno del mundo, nada tiene de racional: es un ciego, irresistible ímpetu, que vemos aparecer ya en la naturaleza inorgánica y vegetal, como también en la parte vegetativa de nuestra propia vida

Análogamente, la voluntad de dominio o de poder es, según Nietzsche, un impulso fundamental que nada tiene de racional: La vida, en cuanto caso particular, aspira al mayor sentimiento posible de dominio. Es sencillamente la aspiración a más dominio. Aspirar no es más que aspirar al dominio. Esta voluntad sigue siendo lo que de más íntimo y profundo existe: la mecánica es una simple semiótica de las consecuencias.

Así que aunque para estos dos filósofos, la voluntad estaba algo alejada de la razón, no podemos negar que ésta surge y nos impulsa a crear algo cuando tenemos el conocimiento para realizarlo, pues no podría existir la voluntad desde la ignorancia de un todo.