Prosas poéticas…
Tibio desierto
Es tan dura tu corteza que se han perdido mis poemas a mitad de tu vientre, inventé lenguajes adornados con lirios, escenarios de agazapados misterios en medio de la luna. Inventé señales con caracoles en nocturnos otoños. Di mis pasos más allá de las plazuelas abandonadas, las que se llenaron de ortigas en tus resecos tejidos. Ya no fueron mis raíces de viajero ávido, las que dibujaron intimidades en tu rostro, se terminó mi harina de papiros azules, y con ella se fue el tibio desierto de mis manos desoladas.
Caminas descalza desafiando las nubes de espinas, los temblores incansables del limonero y su arsenal de suspiros.
Se desangra mi memoria con los aires de tu injuria, con las resacas disfrazadas de frutillas en ciegas espigas. Sola, ardes en las batallas de animales gentiles, única llama, que tanteando tus pasos abraza el infinito.
Corre, corre a tocar el interior del amargo, del signo diminuto que ante ti me hace invisible. Deseo callar en el fondo de la noche, barrer las grotescas riendas de los cuarzos que te deslumbran.
Iluminaste el pozo de notas ardientes, donde los veleros humildemente amortiguaron el líquido demencial de tus amores de sirena en celo. Piadoso, cerraré los trenes de la desgracia que se asoman en tu frente, sellaré las arterias diminutas donde avanzan los agónicos te amo, bañados en sal. Sin prisa caen tus hojas, redescubriendo la última tonada de los agotados nardos. Se vence el momento de chuparse los dedos, impregnados de aquel oloroso pastel, alojado como testigo del origen, que columpió en rítmico danzón, la ligereza de un clausurado amante, sin congruencia, tembloroso, amamantado en este momento por el vino de unos labios sin rostro.
Mírame respirando sal
Los sueños se arraigan en nuestra niñez, los imaginamos nuestra realidad, mientras la muerte ríe a carcajadas; nos invita a tomar sus alas para deambular en el abismo y tararear en esos aires de madrugada, meciéndonos en un pantano desfondado. El veneno atrapa a nuestras desahuciadas pesadillas, nuestro cuerpo sangra al ser mordido por demonios disfrazados de plegarias. Emigro por sendero de inmundicias, asustado por el polvo de lo imposible, sé que brotaré en el mes de los fantasmas, en el sobreviviente valle de imágenes desconocidas, salpicadas de tinieblas y ceniza. Recuerdo una canción sutil derramando infiernos a los viajeros, que bebían extrañas sombras en el lomo de los aguaceros, en las fronteras donde las almas se llenaron de cal y los peces se volvieron adictos a heridas enmohecidas de hogueras de papel; tarareo una tonadilla.
Mírame respirando sal de tus lágrimas, de tus silenciadas ramas al asomarse en las chimeneas; memorizo calendarios desangrado sobre jardines ensordecedores. Mira los golpes rugiendo bajo riendas de esculpidos puentes, en medio de la nada, del vacío, del vaho…
Suena la alerta, gritemos donde los desterrados pasos se volvieron invisibles y la corriente nos hundió en el imaginario de la desesperanza, caminemos descalzos sobre retoños de hogueras y recuerdos, veamos hacia la eternidad escarchada con el vaivén de la miseria; con la conciencia tiritando el exilio y los proyectos de revivir a los caídos en cicatrices. Ahora duermo en mi realidad extraña, vislumbrando hogueras esparciéndose en ríos subterráneos, donde se pierde la mirada, y el yo, que se encontraba despierto en un abismo. Hoy, sudoroso, inseguro, desterrado de tu aliento, envuelvo los regalos del adolecente que fui, cuando los años quemaban los instintos, en un lento cantar hacia la arena inventora de cuerpos descobijados, debatiendo frente a espejos, la necesidad de recordar que morir, es un lujo inventado, sólo para ser alimento de insectos.

